Hidalgo, México (SEMlac).- “FEM se propone señalar desde diferentes ángulos lo que puede y debe cambiar en la condición social de las mujeres; invita al análisis y la reflexión. No queremos disociar la investigación de la lucha y consideramos importante apoyarnos en datos verificados y racionales y en argumentos que no sean sólo emotivos.
“FEM pretende ir reconstruyendo una historia del feminismo, para muchos, desconocida, e informar sobre lo que en este campo sucede hoy en el mundo, y particularmente, sobre lo que pasa en México y en América Latina”.
Este fragmento del primer editorial de la revista FEM confirma el compromiso que tuvo esta revista feminista que apareció en octubre de 1976. Si bien desapareció en 2005, es hasta la fecha un referente obligado para comprender la lucha de las mujeres en México.
Por ello, hoy debemos celebrar que hace 50 años apareció el número uno, donde sus fundadoras se presentaron con gran entusiasmo y orgullo: Alaíde Foppa, Margarita García Flores, Elena Poniatowska, Lourdes Arizpe, Margarita Peña, Beth Miller, Elena Urrutia, Marta Lamas y Carmen Lugo.
Cada una de ellas tuvo la certeza de la importancia, la urgencia y la necesidad de tener un espacio para dar voz a las mexicanas, analizar la situación que vivían y denunciar la desigualdad latente entre hombres y mujeres, y así proponer el cambio que lograra la equidad entre los géneros. Durante los 29 años en que fue editada, la publicación vivió, desde mi perspectiva, cuatro etapas significativas.
La primera, de 1976 a 1980, donde se caracterizó por ser una revista muy académica, con ensayos y artículos analíticos, lenguaje formal, perspectiva teórica, dirigida a un público más especializado e interesado en el tema.
Escribieron sobre el aborto y otras temáticas que no se tratabas en ningún otro medio, entre ellas el trabajo doméstico, el sexismo, la violación, los estereotipos en el cine, se recomendaba bibliografía básica feminista, se daban a conocer trayectorias de feministas del país y del mundo.
En diciembre de 1980 la publicación recibió un duro golpe cuando Alaíde Foppa fue secuestrada y desaparecida en Guatemala. Su figura era significativa porque su carácter y carisma permitía la unidad del grupo, sin ella la revista quedó en total orfandad.
Pese a ello, decidieron hacer una dirección colectiva y que cada integrante del consejo editorial se hiciera cargo de un número. Fue así como se abordaron puntos como las mujeres en la ciencia, las escritoras, la historia, los hombres, la política, la música, entre otros.
En varias entrevistas se ha reconocido que la relación entre el consejo editorial no fue sencilla: surgieron divisiones y posturas diferentes que complicaban no solamente la relación entre ellas, sino también la edición de FEM. Fue así como decidieron que fuera una sola mujer quien se quedara como única directora.
De esta manera, en 1987 fue elegida Bertha Hiriart quien además de tener una reconocida trayectoria en el feminismo mexicano, contaba con la experiencia de haber editado la publicación del grupo La Revuelta.
La nueva directora, además de llegar con gran entusiasmo, decidió dar un giro de cien grados y volver FEM totalmente periodística. En cada medio donde la entrevistaron hacía un llamado a las jóvenes recién egresadas de periodismo y comunicación para que se sumaran a la publicación. Así llegaron cuatro chicas que por su compromiso fueron llamadas las cuatro fantásticas: Josefina Hernández, Maribel Inclán, Isabel Barranco y Elvira Carballido.
Las jóvenes se comprometieron totalmente y lo mismo hacían reportajes, entrevistas, crónicas o notas sobre el movimiento feminista nacional; daban voz a mujeres de la academia, del mundo cultural o de la vida cotidiana. La revista ya no solamente era leída en la academia, podía ser consultada por mujeres de colonias populares, por secretarias y hasta por amas de casa.
Sin embargo, para Hiriart resultó muy desgastante el lado administrativo de FEM y decidió solamente estar al frente durante un año. En 1988 llegó Esperanza Brito. Durante 18 años la nueva directora dio todo su conocimiento y compromiso para mantener a flote la revista.
Entraron nuevas colaboradoras como Guadalupe López, Elsa Lever, María Esther Espinosa, Rotmi Enciso y Ana María Fernández Poncela, que se sumaron a las cuatro fantásticas y a otras brillantes cómplices como Marcela Guijosa, cuya columna “Querido Diario” era una de las secciones más leídas.
Pese a todo, los números rojos, la dificultad para vender la revista en puestos de periódicos y las pocas suscripciones complicaron la vida de FEM. En junio de 2005 fue publicado el último número. En su editorial se despedían de la edición impresa y se prometían volverla virtual, promesa que duró poco tiempo ya que ese mismo año desapareció por completo.
Quienes deseen conocer la historia del feminismo en México, quienes deseen identificar a pioneras y luchas, problemáticas y compromisos feministas, desde 1976 hasta 2005, deben leer revista FEM. Gracias al Centro de Investigación y Estudios de Género (CIEG) y a la gran iniciativa de J. Félix Martínez Barrientos (1955-2018) –quien propuso el proyecto de recuperación–, ahora puede consultarse de manera digital: https://archivos-feministas.cieg.unam.mx/index.html
FEM circuló de 1976 a 2005, pero su herencia es eterna, todas las voces de mujeres mexicanas están en sus páginas y la historia del feminismo en México puede comprenderse, vivirse y valorarse gracias a cada ejempla que circuló en ese periodo. Por eso hoy, aunque la revista ya no exista, pero dejó inspiración y muchas cómplices, celebro que hace 50 años haya surgido.
FEM circuló de 1976 a 2005, pero su herencia es eterna: todas las voces de mujeres mexicanas están en sus páginas, y la historia del feminismo en México puede comprenderse, vivirse y valorarse gracias a cada ejemplar que circuló en ese periodo. Por eso hoy, aunque la revista ya no exista, dejó inspiración y muchas cómplices; celebro que hace 50 años haya surgido.
* La autora es periodista feminista, escritora y catedrática en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.



