En apenas quince días, el Instituto Nacional Electoral (INE) pasó del lila al gris; antes había dejado atrás el rosa que durante un cuarto de siglo distinguió a la autoridad electoral.
En Chiapas las mujeres ya demostramos que podemos votar, organizar, hacer campaña, ganar elecciones y gobernar. Lo que no tenemos que seguir demostrando es que merecemos estar en la política.
Florence Toussaint publicó recientemente el libro Adiós a Proceso donde comparte sus vivencias y el orgullo de haber escrito en esta revista tan significativa en la historia del periodismo mexicano.
En estos días estaré en Bangkok, Tailandia, participando en el Sexual Violence Research Initiative (SVRI) Forum 2026, que se realiza del 5 al 9 de octubre. No será solamente otro encuentro internacional en mi agenda.
En Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, cayó el eslabón más débil de la cadena, considerando que sobre el presidente municipal Miguel Sánchez Altamirano, alias Quetu, hay una serie de peces gordos que ocupan cargos políticos y públicos coludidos con células del crimen organizado para mantener sometida a la población.
Claudia Tacoronte Aguilera tenía 21 años. Había llegado de España para realizar una estancia académica en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. El 12 de septiembre fue asesinada en Cuautla.
Karla Margarita Pérez Jiménez tenía 22 años. Estudiaba Medicina. Había dejado Irapuato para venir a Jalisco a perseguir un sueño: convertirse en médica. Tenía proyectos, familia, amistades y toda una vida por delante.
Desde el inicio del actual gobierno, que generó mucha esperanza en algunos sectores, Bolivia lleva cerca de un año en una sala de espera en situación de crisis y no recibe atención.
Me gusta recordar que Laureana llegó a mi vida justo en el momento que más la necesitaba. Era una joven estudiante de la Licenciatura en Comunicación, inquieta e interesada en recuperar a las periodistas que nos abrieron camino en la prensa mexicana.
El silenciamiento y la condescendencia en el aula también son violencia machista. La vivencia como estudiante de doctorado visibiliza cómo la academia reduce la violencia machista a lo físico o sexual e impone una falsa “neutralidad”.