El primer editorial de la revista FEM confirma el compromiso que tuvo esta revista feminista que apareció en octubre de 1976. Si bien desapareció en 2005, es hasta la fecha un referente obligado para comprender la lucha de las mujeres en México.
Lo ocurrido el pasado 11 de octubre en Guadalajara, cuando miles de personas salieron a las calles para exigir algo tan elemental como agua limpia, constituye un episodio que no puede reducirse a un operativo policial que se salió de control.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió declarar inconstitucional las reformas realizadas por los congresos de Durango y San Luis Potosí, que establecían la alternancia de género en las candidaturas a sus gubernaturas.
Era el año de 1985 y yo esperaba a una amiga en un Samborns. Mientras ella llegaba, empecé a revisar los libros que se exhibían en la mesa de novedades. Uno de ellos llamó de inmediato mi atención porque el nombre de la autora me era conocido: Ángeles Mastretta.
En México hay un secreto a voces. El pueblo bueno sabe y comenta; los medios informativos lo han documentado y explicado. Incontables veces se ha dicho en investigaciones periodísticas convertidas en libros con relatos reales de miles de personas que lo han vivido en carne propia, se han convertido en víctimas de la delincuencia de una u otra forma.
¿Saben cuántos acuerdos secretariales he leído? Por eso me llamó la atención el Acuerdo 09/09/26 para regular el uso de dispositivos digitales en las escuelas. No por su largo nombre, sino por sus tres anexos: tres decálogos escritos en primera persona, como si hablaran las y los estudiantes.
Un gobernante electo se convierte en dictadorzuelo cuando “torea las leyes” de su país, incluso prevarica para tener todo el control, a la vez que, muy gustoso de conocerse, suele “enfaraonarse” en espectáculos públicos.
Esta semana escribo Mirada Violeta desde Bangkok, Tailandia. Llegar hasta aquí significó traer conmigo las voces, las luchas y los saberes de las mujeres de América Latina y el Caribe.
En apenas quince días, el Instituto Nacional Electoral (INE) pasó del lila al gris; antes había dejado atrás el rosa que durante un cuarto de siglo distinguió a la autoridad electoral.
En Chiapas las mujeres ya demostramos que podemos votar, organizar, hacer campaña, ganar elecciones y gobernar. Lo que no tenemos que seguir demostrando es que merecemos estar en la política.