Me gusta recordar que Laureana llegó a mi vida justo en el momento que más la necesitaba. Era una joven estudiante de la Licenciatura en Comunicación, inquieta e interesada en recuperar a las periodistas que nos abrieron camino en la prensa mexicana.
Hay problemas que necesitan de una voz cerca del oído para poder decirse. La violencia que no se nombra en la mesa familiar, el miedo que no cabe en un titular, la pregunta que nadie hace en la radio tradicional porque “no hay tiempo de aire para la incomodidad”. El podcast ha encontrado su lugar precisamente ahí: en ese espacio íntimo entre unos audífonos y una historia que necesitaba ser contada de otra forma.