Hay problemas que necesitan de una voz cerca del oído para poder decirse. La violencia que no se nombra en la mesa familiar, el miedo que no cabe en un titular, la pregunta que nadie hace en la radio tradicional porque “no hay tiempo de aire para la incomodidad”. El podcast ha encontrado su lugar precisamente ahí: en ese espacio íntimo entre unos audífonos y una historia que necesitaba ser contada de otra forma.