Hay problemas que necesitan de una voz cerca del oído para poder decirse. La violencia que no se nombra en la mesa familiar, el miedo que no cabe en un titular, la pregunta que nadie hace en la radio tradicional porque “no hay tiempo de aire para la incomodidad”. El podcast ha encontrado su lugar precisamente ahí: en ese espacio íntimo entre unos audífonos y una historia que necesitaba ser contada de otra forma.
No es casual que el periodismo feminista lo haya adoptado con tanta fuerza. El formato ofrece algo que la radio convencional y la televisión rara vez pueden dar: tiempo, silencio y la posibilidad de que quien escucha decida cuándo, cómo y cuántas veces quiere volver sobre una historia.
Desde los estudios de comunicación, el podcast se explica primero por su relación con la oralidad. Un análisis publicado en la revista Question/Cuestión, de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, describe el podcast como un modo de comunicar para los oídos que permite “recontextualizar los saberes elaborados” en lenguaje sonoro, enriquecido por elementos clásicos de la radiofonía.
Esa recuperación de la oralidad tiene un efecto concreto sobre la audiencia. Un estudio introductorio sobre el fenómeno en Bolivia señala que la “ductilidad” del formato favorece “la autonomía y el control del oyente en el acceso al contenido” y una experiencia de escucha marcada por la intimidad y la personalización.

Esa intimidad tiene nombre propio, además, dentro de la teoría de la comunicación: relación parasocial, un concepto que los sociólogos estadounidenses Donald Horton y Richard Wohl acuñaron en 1956 para describir el vínculo unilateral que una audiencia construye con una figura mediática, como recuerda un artículo de la revista científica española Icono 14, Revista de comunicación y tecnologías emergentes (editada por la Asociación científica ICONO 14, coeditada desde 2024 con la Universidad Rey Juan Carlos).
Aplicado al podcast, ese vínculo explica por qué escuchar una voz que conduce un episodio semana tras semana se siente distinto a leer una nota: hay un tono, una cadencia, una constancia que el cerebro procesa como cercanía real, aunque la conversación sea de una sola vía.
Un análisis de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIDI) sobre las narrativas feministas surgidas durante la pandemia de covid-19 va un paso más allá y ubica al podcast como un híbrido entre la literatura y el periodismo, capaz de cubrir con rigor hechos noticiosos sumando recursos artísticos. Su autora, la investigadora argentina Valeria Fernández Hasan, sostiene que en los podcasts “aparecen nuevas posibilidades narrativas de persuasión y de instalación de agenda que los feminismos han sabido aprovechar”.
Esa lectura se confirma en un estudio académico publicado en la revista chilena Persona y Sociedad (2023): María Belén Chilano, Celina Craviolatti y Yanina Frezzotti analizaron los podcasts argentinos etiquetados como feministas en Spotify y concluyeron que el formato democratizó la producción y difusión de contenidos, dando a las mujeres “la oportunidad de situar sus perspectivas en la agenda pública” a través de un espacio dirigido y producido, mayoritariamente, por ellas mismas.
Contar con perspectiva de género: no es solo el tema, es el cómo
Que un podcast aborde temas de mujeres no lo convierte automáticamente en uno con perspectiva de género, o feminista. Este enfoque —el de la perspectiva de género aplicada a la comunicación— tiene origen en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, donde se promovieron estrategias económicas, políticas y sociales para sacar a las mujeres de la subordinación y la discriminación.
La feminista mexicana Marcela Lagarde la definió como una forma de observar las relaciones jerárquicas y desiguales entre géneros, aunque advirtió que su aplicación debe ser intersectorial y no limitarse al vínculo entre hombres y mujeres.
Trasladada al periodismo sonoro, la perspectiva de género implica un reaprendizaje que va más allá de elegir un tema: exige revisar a quién se cita como fuente de autoridad, cuidar el lenguaje y evitar que la promoción del contenido reproduzca los estereotipos que el propio podcast busca desmontar.
La periodista e investigadora cubana Isabel Moya, en su libro El sexo de los ángeles (2010), planteó pautas que siguen siendo útiles para pensar un podcast con este enfoque: revisar críticamente las alternativas a la comunicación hegemónica, analizar cómo se construyen los mensajes sexistas desde el propio emisor y evitar tratar “lo femenino” y “lo masculino” como bloques homogéneos y sin contexto.
La libertad para contar historias y sumar voces
Esa libertad narrativa se traduce en proyectos concretos, tanto documentales como testimoniales. En Chile, la periodista Catalina May dirige Las Raras, un podcast documental que aborda migración, maternidad y derechos humanos con un trabajo narrativo tan envolvente que, según una reseña publicada por el medio argentino La tinta, mezcla testimonios y sonido ambiente para reconstruir vínculos e historias de supervivencia, como la de la escritora Tali Goldman con su abuela, sobreviviente del Holocausto.

En Argentina, la comunidad radial feminista Futurock produce Mostras del Rock, conducido por la cantante Barbi Recanati, y el podcast cultural Cineharta analiza cine y series desde una mirada feminista sin imponer conclusiones cerradas —ambos también reseñados por La tinta. En ese mismo circuito, un podcast que apuesta por desmontar tabúes desde otro ángulo es Acabar, producción original de Spotify creada por Melanie Tobal en 2018 y dedicada al orgasmo femenino y al placer.
Según describe el medio La Primera Piedra, sus episodios de entre 30 y 50 minutos reúnen a especialistas para abordar sin pudor temas como la menstruación, el embarazo o la medicación, siempre “para abrir las puertas a la charla sobre la sexualidad femenina”. El podcast llegó a ser, según Spotify Newsroom, la tercera producción original más escuchada de Argentina.
El primer Ni Una Menos —una masiva marcha argentina contra los femicidios ocurrida en 2015, que luego se replicó en varios países de la región— marcó lo que la investigadora Fernández Hasan identifica como el inicio de una “cuarta ola” feminista que, hacia 2018, amplió la agenda hacia el derecho al aborto, los escraches y el lenguaje inclusivo. De ese impulso nació La Campaña, el podcast en cuatro capítulos con el que la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito narró, a través de las voces de sus integrantes, la historia de esa lucha en Argentina.
También en Argentina, Agencia Presentes lanzó en 2025 su primer podcast, Tortilleras: una memoria lesbiana, producido por Luciana Leiras y Tati Español, con testimonios de cinco mujeres que reconstruyen la historia del movimiento lésbico en Buenos Aires desde 1980. Y La Nota Tucumán documenta Justas, conducido por la actriz y sobreviviente argentina Thelma Fardin junto a especialistas de Equality Now, centrado en las barreras que enfrentan las sobrevivientes de abuso sexual para acceder a la justicia.

En México, la periodista Sara Lovera López conduce desde 2023 El podcast de la Lovera, producido por la Organización Editorial Mexicana (OEM), también conocido en algunas plataformas y referencias como “Feminismo desde cero” o “Feminismo cotidiano”, y definido como un espacio de conversación con mujeres destacadas de la política, la educación y la cultura, entre otros espacios, asegura la propia descripción del programa, para hablar “desde una mirada feminista sin complicaciones”. Pero en realidad va más allá de la simple divulgación: Lovera pone al servicio de cada entrevista sus décadas de oficio periodístico y su memoria del feminismo mexicano, lo que le permite tender puentes entre mujeres de distintas generaciones y traer de vuelta luchas y conquistas que las audiencias más jóvenes suelen dar por sentadas. La suya no es una voz cualquiera: acumula más de cuatro décadas de periodismo feminista mexicano, durante las cuales fue socia fundadora del diario La Jornada, donde creó el suplemento Doble Jornada. Fue también cofundadora de la agencia CIMAC Noticias y actualmente dirige SEMlac.

Esa trayectoria convierte al podcast en un ejercicio de memoria generacional: como recoge SemMéxico, Lovera conversa con especialistas sobre distintas caras de la violencia contra las mujeres —el feminicidio, la violencia política, la violencia vicaria, las desapariciones—, sin dejar fuera otros debates urgentes como el aborto o los derechos laborales, buscando que las nuevas generaciones conozcan a las mujeres que sentaron las bases de los debates actuales.
Cuba: una conversación que crece episodio a episodio
Cuba llegó más tarde a este fenómeno, condicionada por el acceso tardío a internet: solo a partir de 2018, con la introducción de los datos móviles, comenzó a acentuarse la producción digital de contenidos en la nación caribeña. El primer podcast producido en el país fue El Trastero, de la revista independiente Cachivache Media, según documenta la periodista Alejandra García Mesa en el artículo “Para que se escuche morado: podcast y perspectiva de género en Cuba”, publicado por SEMlac Cuba en octubre de 2024.
Desde entonces, la producción sonora cubana se ha diversificado con proyectos como Mujeres al sur, un podcast cubano-argentino que desde 2021 narra la realidad de las mujeres latinoamericanas desde sus propios testimonios; Casa Violeta, descrita por EcuRed como la primera radio online feminista de Cuba, impulsada por la Editorial de la Mujer como respuesta a la escasez de papel que obligó a la institución a migrar buena parte de su trabajo al espacio digital; y los espacios de SEMlac La Nota y ¡Alcemos la voz!.
Este último, producido por la corresponsalía en Cuba del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe desde julio de 2023, es uno de los ejemplos más consolidados. A lo largo de sus 36 episodios, publicados los días 25 de cada mes, el equipo ha compartido testimonios, entrevistas, fragmentos de obras teatrales y series, además de las voces de especialistas de distintas disciplinas, para abordar las causas y manifestaciones de la violencia machista.
En un noticiero convencional es difícil sostener numerosos episodios sobre un mismo eje temático, pero encajan con naturalidad en la lógica episódica del podcast, donde cada entrega puede profundizar un ángulo distinto, sin agotar el tema ni competir por espacio con otras noticias del día.
Lo que une a estos ejemplos —documentales, testimoniales, periodísticos, cubanos y regionales— es que ninguno depende que un tema “venda” en términos de audiencia masiva inmediata. Pueden sostener 40 minutos de conversación sobre revictimización, las causas históricas de la violencia machista o el placer femenino, con la calma que ese tipo de reflexión exige.
Esa es, quizás, la ventaja más subversiva del formato desde el punto de vista comunicacional: no pide permiso para ser lento, para ser específico, para dedicarle tiempo a lo que los medios tradicionales suelen resolver en un párrafo. En un ecosistema mediático que premia la inmediatez, el podcast feminista apuesta, al contrario, por la permanencia de la voz y por la construcción paciente de una comunidad de oyentes que decide, cada semana, volver a escuchar.


