Cuidar a un hijo, una madre o un padre no aparece en ninguna nómina ni deja el mismo rastro laboral que un empleo formal, aunque ocupe una vida entera y, en la práctica, sea un trabajo.
Antes que amanezca, miles de mujeres en Cuba ya están calculando cuánto queda de aceite, si alcanzará la corriente para cocinar, qué alimento perecedero comprar, cómo cubrir lo que el salario no cubre.
Afrontar los efectos cruzados del racismo y el patriarcado, trabajar de manera coordinada entre los distintos grupos de activismo antirracista y antiheteropatriarcal del país, visibilizar los aportes de las mujeres afrodescendientes cubanas y sensibilizar sobre la necesidad de políticas públicas que erradiquen el racismo y la discriminación son propuestas de la Articulación Afrofeminista Cubana (AAfroC), presentes en la quinta jornada de la organización.
Aunque en Cuba hay señales de una mujer empoderada, falta mucho todavía para alcanzar ese escalón. Lo dice la doctora en Ciencias Psicológicas Patricia Arés Muzio desde la experiencia de su consulta, esa que escogió desde muy temprano en su vida y que, a sus 71 años, es una de las razones por las cuales se considera una cubana realizada.
Filóloga de profesión, la cubana Teresa de Jesús Fernández conoce el poder de las palabras. “Nombrar las cosas” es una máxima que defiende, pues “aquello de lo que no se habla, no existe”.
rque no sepan que lo que viven está mal, sino porque no encuentran a tiempo un lugar al cual ir, o porque ya contaron su historia una vez —ante la policía, un familiar, un vecino— y no recibieron la ayuda que necesitaban.
Envejecer, migrar, decidir cuándo tener hijos, cuidar o necesitar cuidados es parte de una misma realidad demográfica que Cuba enfrenta hoy, en medio de una profunda crisis económica.