Bellas y airosas: Primera novela Michelle Ortiz

Quizá te interesa

México (SEMlac).- “¿Qué es lo inevitable para ti, Bea?” —pregunta la narradora de esta historia—, y esta pregunta yo se la planteo también a nuestra querida autora: ¿qué es lo inevitable para ti, Michelle Ortiz? O me vuelvo más provocadora y le pregunto a cada persona que lee este texto: ¿qué es lo inevitable para ustedes? O me hago trampa a mí misma y me pregunto: ¿qué es lo inevitable para ti, Elvira?

Lo inevitable, cuando es visto con pesimismo, supone que al no poder impedir algo esto puede traer dolor y sufrimiento. Si lo atisbamos con buena fe, lo inevitable es algo que no se puede olvidar o dejar de hacer y que, por lo tanto, es placentero si lo utilizamos para recordar a las personas que amamos y aunque ya no estén con nosotros las sentimos cerquita; o si pensamos en esos días lluviosos donde, pese a todo, nos gusta caminar bajo la lluvia para envolvernos en una dulce melancolía y por eso no podemos evitar aguardar con gusto las tardes nubladas.

Lo inevitable se puede palpar como un destino seguro ¾para vivirlo sin prisa¾ o como un destino vulnerable ¾para vivirlo bien armada con lo mejor de nuestra fuerza¾, representa líneas en la palma de nuestra mano que no podemos borrar o estrías de nuestro futuro que ajustamos con un tatuaje esperanzador.

Sin embargo, la protagonista de esta obra titulada Lo inevitable de nosotros, de Michelle Ortiz (Penguin Random House, 2025) —su primera novela—, tendrá que pasar varias pruebas y momentos para que vaya comprendiendo el significado de una frase que se repetirá constantemente a lo largo de su vida: “Es inevitable el fin de tu historia de amor”.

Bea, cuyo nombre completo es Beatriz, tiene una familia maravillosa y una casa muy especial, donde pueden asustarla o consolarla, espiarla o cuidarla, pero siempre se sentirá protegida. Aunque Bea tiene la certeza de sufrir una maldición que le hace imposible amar por siempre, me gusta que nuestra escritora la represente de manera natural, como una chica con la que es fácil identificarse, con sueños e ilusiones, aunque con un sortilegio muy significativo porque, sin embrujos o hechizos, un pozo pondrá a prueba su capacidad de amar.

Lo bonito de esta novela es que su autora logra convertirla en un espejo, no importa si eres una señora de 64 años como yo o una niña que estudia en la preparatoria. Bea vive experiencias que no resultan ajenas ni extrañas, constantemente se pregunta si lo que siente por Pablo es amor y, créeme Michelle, que esa pregunta nunca nos la dejamos de hacer.

Es un alivio y una reconciliación con la vida que una jovencita escritora apueste por una novela de amor sin caer en lo cursi, ni en lo absurdamente romántico, ni en lo totalmente imposible por culpa de una maldición. Hoy que el feminismo pone en nuestro camino mil advertencias para no creer ni caer en la trampa de que la felicidad la da un hombre y sin él nada es posible, resulta muy sanador que un personaje femenino, pese a su dolor, no detenga su vida por un primer fracaso amoroso.

En la novela Bea estudia, trabaja, convive con los seres queridos y, pese a la herida abierta que le ha dejado el amor, lucha constantemente por sobrevivir. Cuando se reencuentra con el hombre amado no cae perdidamente en sus brazos, lo cuestiona, lo enfrenta, le reclama, lo comprende y logra una alianza amorosa donde nadie es dominado, ni controlado, ni subordinado; simplemente es amado.

Y creo que nuestra mirada se alía con la historia porque el personaje masculino no es un macho parido por el patriarcado, sino un joven que también teme y enfrenta lo inevitable. Claro, tiene sus destellos machines, pero es un hombre que como a todo ser humano le ilusiona enamorarse y pasa por todas esas etapas que vivimos cuando alguien nos interesa: el deseo de conocer a ese alguien que por alguna razón jamás explicable te atrae, el coqueteo, la incertidumbre sobre si esa persona siente lo mismo y va a corresponderte, el atrevimiento y la respuesta esperada, el enamoramiento, la querencia, la pasión, la entrega, las dudas, el amor y ese destello de luciérnaga que da vida a la esperanza de si eso será para siempre o quedará como una historia digna de recordar o de olvidar.

Cuánto miedo da el amor y cuánto miedo da el desamor, pero el sufrimiento y el sacrifico no son los ejes de esta historia. Bea no está esperando que una persona la complete ¾se sabe bien completita de los pies a la cabeza, de su alma a su rasgado corazón¾, jamás cree que el amor todo lo puede, pero sí apuesta por un buen amor que la acompañe en una tarde de lluvia o recorra con otra mirada los lugares más lindos de España y de la Ciudad de México.

Las feministas dicen que no apuestan por desaparecer el amor sino por deconstruirlo y de verdad creo que Bea es un ejemplo de ello, por eso, a veces podemos entenderla, otras te dan ganas de meterte a una página y sacudirla un poco para que reaccione y actúe ya, otras lloras con ella, unas más puedes envidiarla al vivir una relación tan apasionada y unas más detienes la lectura para suspirar ilusionada.

La frase que marca la novela: Es inevitable el fin de tu historia de amor” y el mismo título de la obra, Lo inevitable de nosotros, siempre los leí al ritmo de una canción de Shakira.  Antes de que nos invitara a facturar, esa balada titulada precisamente Inevitable siempre le dio sentido a la historia de amor entre Bea y Pablo. Y provocó mil gracias a la iniciativa de Michelle Ortiz porque, aunque el cielo se canse de ver llover, seguirá lloviendo; y aunque cada día que pase se parezca al de ayer, seguir amando es inevitable, como esa lluvia que cae y como esos días que pasan. Entonces, lo inevitable se transforma en un sortilegio esperanzador. Gracias, Michelle, por escribir esta linda y esperanzadora historia.

*La autora es periodista feminista, escritora y catedrática en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

More articles

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Lo más reciente