Cd. de México, julio (SEMlac).- El 21 de julio de 1917 nació en Pachuca, Hidalgo, una mujer de ojos azules que se confundían con el cielo cuando era de día y con el mar si era de noche. Carácter fuerte y personalidad carismática. Poeta por naturaleza, sus poemas estaban dirigidos al ser humano y abordaban los sentimientos más profundos que inspiran amar la vida. Se convirtió en periodista porque, al dejar la poesía, necesitaba seguir escribiendo lo que su corazón le dictaba; aceptó la invitación del periódico Excélsior y ahí publicó hasta el último día de su vida.
El 28 de noviembre de 1979 apareció en la página editorial su columna, que bautizó con el título de “¡Qué pasa ahí?”. Su primer artículo fue “Reinar después de Morir” y desde ese momento sus textos periodísticos se caracterizaron por cuatro puntos representativos: el uso puntual del discurso argumentativo, un tono fuerte y seguro, el dominio absoluto en el uso correcto del lenguaje y una personalidad combativa, culta y mordaz.
Fueron seis las temáticas las abordó de manera variada durante los 19 años que escribió en Excélsior: el escenario político en México, debates con otros periodistas sobre temas diversos, reseñas críticas de libros, problemáticas sociales, contenidos de la televisión mexicana y las mujeres.
Sinceramente, fue una grata sorpresa descubrir que ella desde su espacio periodístico abordara la situación femenina de finales del siglo XX.

Una primera manera de hacerlo fue mediante semblanzas de mujeres que destacaban en los escenarios políticos y culturales de México. Así, escribió sobre Sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral, Dolores del Río, Amparo Montes, Griselda Álvarez, Martha Chapa, Emma Godoy o María Izquierdo. Destacaba la obra de cada una y argumentaba que, pese a todos los prejuicios imperantes en una sociedad machista, ellas habían logrado abrirse espacio en escenarios donde antes no se les tenía permitido desarrollarse.
Por otro lado, también denunció cuestiones de violencia; su postura es comprensiva y solidaria con la mujer y el tono elegido fue crítico e irónico:
“Claro que para la mentalidad machista –primitiva y bestial- de algunas autoridades que intervienen en los casos de violación, “la mujer provocó el delito”, cosa que también están muy dispuestos a aceptar el marido, el padre o los hermanos de la víctima. Por lo demás, no sólo es violada desconocidos que la asaltan y la someten. También hay infinidad de mujeres que golpeadas previamente por el propio marido sufren por parte de éste una violación perfectamente configurada. De esos actos que casi nadie conoce y que nadie pugnaría, hacen muchos hijos indeseados y resultan muchas mujeres con traumas emocionales irreversibles y lesiones más o menos graves, que viven una vida insoportable de humillaciones de las cuales la máxima es la violación, el sometimiento forzado de su cuerpo y su alma. ¿Provocación? Si no tuviera la boca contraída por la indignación, sería cosa de echarse a reír. Pero así vivimos culpando a la víctima y protegiendo al violador. Las señoras diputadas del próximo Congreso deberían abocarse al estudio profundo de este delito atroz y a legislar para que se castigue”.

Y como si escribiera en esta época, señalaba de manera directa que los partidos políticos, concretamente el Partido Revolucionario Institucional, no tenían una convicción honesta ni clara de apoyar a las mujeres y su condición poco protegida en una sociedad patriarcal. Criticó con severidad a los diputados que no querían apoyar una legislación más justa y protectora contra los delitos sexuales.
De igual manera, hizo referencia a un tema que en este siglo XXI sigue causando debates: la participación política de las mujeres. Michelena denunciaba que los partidos políticos no apoyan a sus integrantes mujeres.
Si bien constantemente denunció con severidad los prejuicios y la falta de oportunidades que sufría la población femenina durante la década de los ochenta en México, también supo reconocer los avances con un optimismo argumentado y honesto:
“En este país, para ser mujer se necesita mucha sangre fría. Todo lo tenemos en contra si queremos luchar por un sitio bajo el sol. Todo. Hasta la desleal competencia de las que llegan a alguna parte más desde el colchón que desde el trabajo. Cuanto tuvo pues de desalentador el nombramiento de una secretaria de Estado –la primera designada en México- lo tuvo de estimulante la legítima elección de Griselda Álvarez como gobernadora constitucional de Colima para convertirse en un caso histórico: con esa elección de Griselda se reconocen los méritos de una mujer ejemplar en lo social, lo moral, lo intelectual y lo humano y, por ella, las mexicanas dimos un gran paso en la lucha por nuestra promoción general. Griselda Álvarez no ha olvidado ni un momento, en lo que casi cinco años de su magnífico desempeño como gobernadora de Colima, que nos representa a todas las mujeres del país, que tiene en sus manos nuestra dignidad y prestigio”.
Después de haber consultado todos los textos que escribió en el periódico Excélsior de 1979 a 1998, análisis que pueden examinar en mi libro Margarita Michelena: poeta y periodista (UAEH, 2018), coincido con su hija cuando afirmó que Margarita Michelena fue “feminista sin que lo reconociera. Tal vez porque en tiempos del feminismo recalcitrante de su época, la imagen de las mujeres que abanderaban el movimiento era muy criticada. Con su talento y su gracia, ‘la Michelena‘ nunca se vio discriminada en un mundo de hombres en el que se desenvolvía con la mayor naturalidad. Recuerdo que decía que la igualdad era imposible. ‘Somos diferentes y por lo q ue hay que pelear es por la equidad: que, a igual trabajo, igual remuneración, que, a igual talento, igual reconocimiento‘…”
Feliz cumpleaños, querida Margarita Michelena.


