Cd. d México, julio.- Casi la mitad de los 304 millones de migrantes internacionales son mujeres y una de cada cinco trabajadoras domésticas en el mundo es una migrante, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Ellas representan el 76 por ciento del sector, sostienen los sistemas de bienestar y las “cadenas globales de cuidado” en los países receptores, pero a menudo sufren de alta precariedad, informalidad y desprotección laboral.
En algunos países como Arabia Saudita, las condiciones llegan al extremo: es el caso de las trabajadoras kenianas y filipinas documentado por Amnistía Internacional (AI) en dos informes; uno de 2025 sobre mujeres kenianas y ahora otro, en julio 2026, el cual denuncia que las trabajadoras domésticas filipinas en Arabia Saudí están sometidas a jornadas laborales excesivas, explotación, trato denigrante y, en algunos casos, agresiones sexuales.
En el Informe “Una vez que entramos en sus casas, dejamos de ser humanas: Testimonios de trabajadoras domésticas filipinas en Arabia Saudí”, la organización de derechos humanos documentó las experiencias de 19 mujeres filipinas que regresaron del reino, en su mayoría entre 2023 y 2026.
“En muchos de los casos más graves, los abusos que sufren las trabajadoras domésticas constituyen trabajo forzoso y puede equivaler a trata de personas con fines de explotación laboral”, dijo en un comunicado la directora del Programa de Justicia Climática, Económica y Social y Rendición de Cuentas Empresarial de AI, Marta Schaaf.
Uno de los testimonios señala que durante más de dos años una trabajadora doméstica filipina trabajó dos años seguidos sin un día de descanso, la jornada de 20 horas al día era lo habitual y escasos 10 minutos para comer. O las frases del empleador: … “te traje de tu país, así que puedo hacer contigo lo que quiera”.
Otro de los testimonios narraba cómo un día el empleador estaba masturbándose y llamó a la trabajadora para acostarse a su lado. Ella tenía que esconderse en casa de la madre, porque tenía que trabajar en cinco casas: “la de la persona que la había contratado, la de su madre, la de sus sobrinos y las de otros familiares. Se desplazaba de una a otra los siete días de la semana.
Cleo* llegó a Arabia Saudí a finales de 2023. Tras meses impidiéndole salir de la casa, la persona que la empleaba empezó a restringirle la comida cerrando la nevera y la acusaba de robos. Cleo le pidió que la devolviera a la agencia de contratación para poder regresar a su país, un proceso que no resultó nada sencillo y supuso más tratos inhumanos y degradantes, incluido un invasivo registro para comprobar que no se había llevado nada de la casa.
En un país con más de cuatro millones de trabajadores domésticos, está claro que, para demasiados trabajadores, aceptar un empleo en Arabia Saudí implica exponerse a graves abusos e intimidación, según Schaaf.
En Arabia Saudí, los trabajadores migrantes siguen excluidos de la legislación laboral nacional y están regulados por el Reglamento para Trabajadores Domésticos de 2023, que, aunque supone una mejora respecto a normativas anteriores, sigue sin ofrecerles una protección equivalente a la del resto de trabajadores y está por debajo de las normas internacionales de derechos humanos y laborales, indica AI.
El sistema de patrocinio, denominado kafala, también continúa atando a las personas trabajadoras migrantes a su empleador, que actúa como su “patrocinador” oficial (kafeel) desde el mismo momento en que entran al país y durante todo el tiempo en que están empleadas allí. Aunque este sistema ha sido reformado, las trabajadoras domésticas no se han beneficiado de muchas de estas reformas, y para todas las personas trabajadoras migrantes siguen vigentes elementos clave de explotación.
La falta de libertad de movimiento, agravada por la confiscación generalizada de pasaportes, las restricciones legales para abandonar el país sin permiso y el desconocimiento del idioma y de los sistemas locales, hace que muchas de las trabajadoras dependan completamente de sus empleadores no solo para trabajar, sino también para poder regresar a su país, incluso cuando intentaban huir de los abusos.
Amnistía Internacional ha pedido al gobierno saudí que investigue inmediatamente todas las denuncias de abuso, incluidas las de abuso sexual, y ponga a sus responsables a disposición de la justicia, lleve a cabo inspecciones eficaces y desmantele completamente el sistema de patrocinio (kafala), eliminando cualquier requisito de que las trabajadoras y trabajadores obtengan el consentimiento de sus empleadores para cambiar de puesto de trabajo o irse del país. Deben poder salir del país cuando lo deseen. Filipinas y otros Estados que envían trabajadores y trabajadoras al extranjero también tienen la obligación de proteger a sus nacionales de abusos contra los derechos humanos.
Amnistía Internacional también pide que a las personas trabajadoras domésticas se les aplique la legislación laboral para garantizar la igualdad de derechos y que se hagan cumplir eficazmente las medidas de protección existentes, incluida la sanción a los empleadores que cometen abusos.
En respuesta a las conclusiones de Amnistía Internacional, el gobierno de Arabia Saudí afirmó que las trabajadoras domésticas están protegidas por la normativa vigente y que cualquier denuncia de abusos se toma en serio y se investiga. Destacó diversas medidas destinadas a reforzar la protección y la aplicación de la normativa, entre ellas contratos estandarizados, el sistema de protección salarial y los programas de seguros, mecanismos de presentación de quejas y vías para que las trabajadoras puedan cambiar de empleador en casos de abuso o de incumplimiento de la normativa.
Sin embargo, el gobierno saudí no respondió a la solicitud de datos ni proporcionó respuestas a las preguntas detalladas sobre la aplicación y el cumplimiento de sus reformas y de otras medidas destinadas a proteger a las trabajadoras domésticas. Además, las conclusiones de Amnistía Internacional expuestas en este documento informativo, en consonancia con investigaciones anteriores de la organización, sugieren que las salvaguardias existentes han sido en gran medida insuficientes para proteger a las trabajadoras domésticas frente a los abusos.
Promesas de salario digno y empleo estable para migrantes fuera de la realidad
De acuerdo con la organización internacional de Derechos Humnos Walk Free, famosa porque mide los índices de esclavitud en el mundo, la promesa de salarios dignos y empleo estable atrae a muchos migrantes de países de África y Asia a los Estados árabes. Sin embargo, la realidad suele ser muy distinta una vez en el país, bajo el sistema de kafala (patrocinio), un restrictivo sistema de permisos de trabajo que vincula a los trabajadores migrantes con su empleador.
Al poner el control sobre la entrada, la salida, el trabajo y la residencia en manos de los empleadores, el sistema deja a los trabajadores migrantes vulnerables a la explotación y la esclavitud moderna, particularmente en el trabajo doméstico, construcción, hospitalidad, y sectores donde el trabajo estacional es común. Existen variantes del sistema kafala en Jordania, Líbano y los países del CCG: Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
En conjunto, la región de los Estados Árabes alberga a más de 24 millones de trabajadores migrantes, comprenden más del 40 por ciento de la fuerza laboral, la proporción más alta de cualquier región.
La organización Walk Free está enfocada en la erradicación de la esclavitud moderna en todas sus formas (incluyendo el trabajo forzado, la explotación sexual, el matrimonio forzado y la trata de personas). Fue fundada en 2011 por Grace Forrest y forma parte de la Fundación Minderoo.
El Ïndice Global de Esclavitud (Global Slavery Index) clasifica a más de 160 países, evaluando la magnitud de la esclavitud moderna, la vulnerabilidad de la población y la respuesta de los gobiernos. Walk Free colabora con Naciones Unidas y otras entidades para impulsar cambios legislativos y políticas que pongan fin a la explotación humana.


