Bolivia: “No hacer nada” como arma

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La Paz, Bolivia (SEMlac).-Desde el inicio del actual gobierno, que generó mucha esperanza en algunos sectores, Bolivia lleva cerca de un año en una sala de espera en situación de crisis y no recibe atención.

Los conflictos sociales se disuelven por cansancio, las denuncias que en otros países podrían haber costado un gobierno suman y se diluyen, casos lacerantes como la violencia machista y feminicidios pasan inadvertidos ¿Es ineficiencia o ese “no hacer nada” es un arma política?

Son muchos los ejemplos de la percepción que genera el gobierno de que “no hace nada”, de que ha provocado un desencanto y de que se hable de un referéndum revocatorio. Veamos algunos: los 53 días de bloqueos en el país (entre mayo y junio pasados) por sectores sociales, en protesta por una serie de medidas, concluyeron con un conflicto diluido más por cansancio que por resolución.

Tampoco se resuelve el desabastecimiento de combustible, es el pan de cada día. También hubo una demora de nueve meses en nombrar embajadores, algo que resulta incomprensible para mucha gente, aunque calla, ya que han comenzado a designar representantes.

Lo reciente de esa no atención es el caso del consultor político argentino Fernando Cerimedo, muy cercano al presidente Rodrigo Paz y a su familia, involucrado en un atentado a la vida de su ex pareja, Nadia Beller.

Al sobrevivir, ella destapó hechos que llevaron a este sujeto a la cárcel de Chonchocoro, con varios procesos penales por tentativa de feminicidio, violencia familiar, delitos económicos y corrupción que afectan al Estado, con vínculos con el narcotráfico y encubrimiento, entre otros.

A Cerimedo se le acusa por delitos; sin embargo, no se dice ni se hace nada al respecto de esas influencias y relaciones de poder que por lo visto gozó y le fueron permitidas, según las denuncias de Beller: dar órdenes a ministros de estado, tener manejo de la policía, controlar puestos de trabajo estatales, coordinar y facilitar vuelos de avionetas para el tráfico de cocaína y también hacer lavado de dinero mediante billeteras virtuales.

De esa relación con el poder hay un silencio gubernamental, que puede ser lógico; aunque no que se lo permita la sociedad.

Se podría haber sumado a Beller en la lista de feminicidios. La prensa informa que en Bolivia se han registrado 63 en lo que va del año. El último en la población cochabambina de Cliza, donde la víctima había pedido protección ante la violencia de su marido, quien luego se suicidó.

Es otro ejemplo de situaciones en las que poco se hace, no hay información de si se investigará la razón de que no se protegiera a la mujer, ni mención a la violencia machista y sus causas. Sólo es algo que ocurre, como cuando llueve; entonces se pasa a decir que el departamento de La Paz tiene las cifras más altas con 21 casos.

¿Por qué hay asuntos importantes que se ignoran desde el gobierno y autoridades? El sociólogo Javier Auyero habla de “Pacientes del Estado”, donde el hacer esperar, además en situación sufriente, se constituye en un elemento de poder. Es decir, no se trata de ineficiencia, sino de premeditación, de utilizar el tiempo como una herramienta para la domesticación y el control social.

En teoría política, también se conoce como “no decisión” (concepto introducido por Peter Bachrach y Morton Baratz, 1970) al hecho de asfixiar demandas antes de ser expresadas, evitando que ciertos conflictos lleguen siquiera a discutirse. Esa podría ser la razón de que algunas situaciones difíciles, como los feminicidios, por ejemplo, hayan dejado de estar en la agenda gubernamental y, por ello, también en la mediática.

La antropóloga Rita Segato recuerda que ciertos poderes que ejercen violencia (narco, militarización, violencia sexual sistemática) funcionan como pedagogías hacia la sociedad, enseñando a despreciar la vida y los derechos, a perder la empatía y la sensibilidad. Así, el “no hacer nada”, tanto de las autoridades como de la sociedad, se vuelve parte constitutiva del propio sistema de violencia. Es decir que no es un fallo, sino que viene incorporado al sistema.

¿El gobierno utiliza conscientemente el “no hacer nada”, “la ineficiencia” o la eterna “sala de espera” como arma para hacer frente a crisis y conflictos? No se sabe, pero lo utiliza constantemente y, seguramente, ve que le da resultado, en el sentido de que gana tiempo. Sin embargo, nada está quieto y la paciencia puede convertirse en desespero y reacción, más cuando hay situaciones insostenibles, lo que puede tener más que un gran costo político.

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