Cuidar a un hijo, una madre o un padre no aparece en ninguna nómina ni deja el mismo rastro laboral que un empleo formal, aunque ocupe una vida entera y, en la práctica, sea un trabajo.
Antes que amanezca, miles de mujeres en Cuba ya están calculando cuánto queda de aceite, si alcanzará la corriente para cocinar, qué alimento perecedero comprar, cómo cubrir lo que el salario no cubre.
Las de Isabel Salas y Maritza Bonachea son apenas dos historias de las muchas mujeres que hoy en Cuba han abandonado sus empleos o parte de sus vidas para cuidar a otras personas, en medio de una dura crisis económica y social que genera muchas carencias cotidianas y ha intensificado la sobrecarga en los hogares.