En México hay un secreto a voces. El pueblo bueno sabe y comenta; los medios informativos lo han documentado y explicado. Incontables veces se ha dicho en investigaciones periodísticas convertidas en libros con relatos reales de miles de personas que lo han vivido en carne propia, se han convertido en víctimas de la delincuencia de una u otra forma.
En Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, cayó el eslabón más débil de la cadena, considerando que sobre el presidente municipal Miguel Sánchez Altamirano, alias Quetu, hay una serie de peces gordos que ocupan cargos políticos y públicos coludidos con células del crimen organizado para mantener sometida a la población.
Cuando la paridad se hizo ley en 2014, fue el llamado a la igualdad numérica en los congresos estatales y el federal; la paridad en todo de 2019 buscaba el mismo efecto en los cargos de elección popular en los tres niveles de gobierno, sin embargo, la política patriarcal sigue buscando los recovecos para no cumplir con la ley.
Un cartel con el rostro de una persona no conocida, su nombre tampoco me suena, a pesar de ello algo me punza en el cuerpo, aunque solo miro y sigo, la pared es un continuo de rostros de personas de todas las edades, sigo mi camino, en pocos minutos viene el olvido.
El 30 de agosto se cumplen ocho años desde que la desaparecida Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres decretara la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en 40 municipios de los 570 que conforman Oaxaca.
Así lo asegura la antropóloga feminista mexicana Marcela Lagarde. Las violencias contra las mujeres se dan de manera sistemática; la ley para combatirlas debe centrarse en la prevención.