América Latina: Caída de natalidad, una oportunidad para la educación

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Cd. de México. (SEMlac).- América Latina  se enfrenta a una rápida transformación demográfica, al bajar la tasa de fecundidad regional a un promedio de 1,8 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo de 2,1. De acuerdo con datos recientes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Unesco, esta baja reducirá la población en edad escolar en 38 millones de personas hacia el año 2050.

La reducción de la población escolar se verá primero en los niveles que atienden a las niñas y los niños más pequeños, y se desplazará posteriormente hacia la educación primaria y secundaria. Para la Unesco, al disminuir la matrícula podría ser una oportunidad de mejorar la calidad de los servicios educativos de estos países que, en 2050, podrían disminuir hasta en 40 por ciento, de acuerdo con una simulación realizada, en la que se tomó Argentina, Costa Rica y Uruguay para dimensionar la velocidad del proceso.

En el estudio “La caída de la natalidad en América Latina: relevancia para los sistemas educativos”, elaborado por Simone Cecchini, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), de la división de población de la Cepal, destaca que entre 2013 y 2023 el descenso de los nacimientos se aceleró a 1.3 millones por año, y en 2020 se alcanzó una reducción de 3.3 por ciento.

Respecto a la oportunidad de mejorar la calidad de la educación, señala que hay que planificar la inversión educativa y recordó las brechas educativas existentes en la región. “Solo 72 por ciento de la población en edad de asistir a la educación preprimaria está escolarizada y alrededor del 41 por ciento no concluye la secundaria”.

En la investigación se estima que podrían liberarse alrededor del 30 por ciento de los recursos financieros utilizados actualmente en cada nivel educativo, asumiendo que el gasto por estudiante se mantenga constante, aunque será necesario incrementar la inversión pública para alcanzar las metas educativas.

La recomendación del organismo es integrar datos de nacimientos, matrícula, migración y localización geográfica para reorganizar la oferta educativa o redistribuir recursos en los lugares donde será necesario.

La caída en la tasa de fecundidad  

En Latinoamérica, al menos 13 países están por debajo de la tasa de remplazo de 2.1 hijos por mujer, mientras el nivel global de fecundidad es de 1.8 hijos por mujer. Chile, Costa Rica y Uruguay registran las tasas de fecundidad más bajas de la región, con promedios cercanos o inferiores a 1,3 hijos por mujer.

Cuba y México enfrentan reducciones drásticas en el número de nacimientos anuales que superan el promedio de la media regional.

Menos niños implica que habrá menos demanda en las aulas, lo que obligará a replantear la infraestructura escolar, la cantidad de docentes y la distribución de recursos. Además, con el envejecimiento poblacional habrá menor fuerza de trabajo activa en el futuro y mayor presión sobre los sistemas de salud y de pensiones.

Entre los jóvenes, la caída de la natalidad contempla factores como falta de acceso a la vivienda, dificultad de inserción en el mercado laboral, crecientes exigencias económicas para el cuidado de los menores y la dificultad –principalmente de ellas– para conciliar crianza y trabajo remunerado; así como la normalización de una vida con pocos hijos o sin ellos, ya que se priorizan otros proyectos vitales.

En el último Observatorio Demográfico de la Cepal, dedicado a la baja fecundidad, la región ya promedia 1,8 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo (2,1) necesario para sostener una población estable, si no se considera la migración. El cambio no solo es grande, también es rápido.

En los años 50, cada mujer latinoamericana tenía en promedio 5,8 hijos; esta cifra se redujo a la mitad en 1995 (2,9); alcanzó el nivel de reemplazo en 2014 (2,1) y, en la actualidad, la cifra ya se ubica en 1,8.

Para 2050, se estima que en la región se tenga una caída de 1.6 millones de nacimientos, es decir, se prevén únicamente 7.6 millones, frente a los 11.4 millones reportados en 2000, es decir, se tendrá un descenso de 18 por ciento.

México está entre las naciones que resultarán más afectadas, pues se ubicará por arriba de la media, con una caída de 19.3 por ciento; mientras el país más impactado será Cuba, con 30 por ciento menos nacimientos que los reportados al principio del siglo; le siguen El Salvador, con 27.8 por ciento; Brasil, 23.4 y Colombia, 22.7.

 América Latina sigue siendo una región con mayor embarazo adolescente

Atravesada por la desigualdad, América Latina tiene su dinámica particular. Si la lógica en el resto de los lugares del mundo es una baja en los embarazos adolescentes y el retraso de la edad en la que las mujeres tienen hijos, en la región se observan algunos patrones que se diferencian de los países europeos y del este de Asia.

Un informe de Naciones Unidas que estudia los desafíos de la baja fecundidad en América Latina y el Caribe, publicado en 2018, señala que las tasas altas de fecundidad adolescente persisten debido a una combinación de una iniciación sexual temprana, el acceso deficiente a métodos anticonceptivos y una limitación a la interrupción legal del embarazo. Además, “las personas de los estratos socioeconómicos bajos suelen presentar una fecundidad más alta y más temprana que las de los estratos altos, así como una mayor proporción de embarazos no deseados”, según el mismo informe.

Explica Simone Cecchini que la caída de la natalidad no se expresa igual en todos los sectores. Estudios dan cuenta de que las mujeres de menores ingresos terminan teniendo más hijos de los que desearían y las de mayores, lo contrario, menos de los que quisieran. “La participación laboral de la mujer, la desigualdad de género y el tema de fecundidad son un nudo muy complejo”.

La educación aparece como una variable decisiva. A lo largo de las últimas décadas, a mayor nivel educativo de las mujeres, menor cantidad de hijos. Los datos de Our World in Data muestran que, en América Latina, el aumento sostenido de los años de estudio femenino fue acompañado por una fuerte reducción de la fecundidad. En México, por ejemplo, en 1990 las mujeres tenían en promedio 3,4 hijos y 6,4 años de escolaridad; en 2020, la fecundidad cayó a 1,9 hijos mientras los años de estudio superaron los 10. Tendencias similares se observan en Colombia, Brasil, entre otros países del globo.

En América Latina, además, las tareas de cuidado se siguen privatizando y recargando a las mujeres. Si no hay jardines accesibles, licencias bien diseñadas y políticas de cuidado, la maternidad se vuelve un riesgo laboral. La desigualdad, entonces, no solo determina cuántos hijos se tiene, sino cuánta libertad real existe para decidirlo.

Simone Cecchini menciona el caso de Brasil, donde políticas de acceso al cuidado infantil mejoraron la inserción laboral formal de mujeres con menor nivel educativo. Para él, ahí aparece un punto clave: aún si esas políticas no logran “revertir” el descenso de la fecundidad de forma drástica, sí ayudan a que quienes quieren tener hijos puedan hacerlo sin pagar costos desproporcionados.

 Estándares más altos y exigentes en el cuidado y la crianza

Por otra parte, en la actualidad los estándares de educación son más altos y los padres jóvenes privilegian la calidad de la educación por la cantidad de hijos, según explican especialistas en entrevista con CNN.

La socióloga, profesora asistente e investigadora en género de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Mortina Yopo Díaz, denomina como “parentalidad intensiva” que los estándares de cuidado y crianza se han vuelto más altos y exigentes, demandan más energía, cariño y tiempo respecto a como fueron para nuestros abuelos, nuestros padres, nosotros y cómo estamos criando hoy a nuestros hijos.

Sostiene que, en Chile, el segundo país con la tasa más baja de fecundidad de América Latina (1,82) –precedido por Brasil (1.78) y sucedido por Colombia (1,93)–, las mujeres muchas veces ven la maternidad como un impedimento para la movilidad social.

“Contrario a otras épocas, crecen en sus años de adolescencia y de adultez temprana con el mandato de no embarazarse. No pueden ser madres porque eso va a poner en riesgo su capacidad de trabajar y de tener autonomía económica, algo muy importante, por ejemplo, para no sufrir violencia de género”, explica Yopo Díaz.

“Las mujeres hoy están siendo socializadas con el mandato de que la maternidad es, de alguna manera, algo puede dañar su otro proyecto de vida”, agrega la socióloga.

El demógrafo Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos de Cataluña y quien estudia temas de fecundidad y hogares, precisa que “en las sociedades modernas, por cuestiones económicas, pero también por los cambios en los roles de género, las mujeres se han incorporado casi en su totalidad al mercado de trabajo. “Entonces, los dos quieren maximizar su rendimiento y apuestan por la educación”.

Dice que conforme las sociedades se enriquecen, sustituyen la cantidad de hijos por la calidad de su educación. Pero también dice que las parejas esperan reunir todos los requisitos que antes pesaban más sobre el hombre, “porque era el principal proveedor económico”, y la mujer, relegada a quedarse en casa, era potencialmente madre cerca de sus 20 años.

(Con información de Cepal)

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