Violencia vicaria hacia madres lesbianas. ¿De eso no hablamos?

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Como problema social, la violencia afecta la salud mental; cuando se ejerce por motivos de género, ocurre por parte de un victimario hacia una mujer, niña o anciana. Constituye en la actualidad una de las formas más importantes de vulnerabilidades de los derechos.

La sociedad patriarcal fundamenta las relaciones de poder heteronormativas para ejercer el control social de las niñas y mujeres, así como de personas LGBTIQ+, con discapacidades o en situaciones de vulnerabilidad. Dichas relaciones se distinguen por controlar la maternidad, la paternidad, el embarazo y las decisiones fundamentales para la crianza de hijos e hijas. Todo ello ocurre desde un enfoque donde las normas, estereotipos, mitos y prejuicios van acompañados de una narrativa del “deber ser” como pareja, madres, padres, asociados con la heteronormatividad.

Estos elementos evidencian la importancia de volver a un asunto poco visible, o subsumido en el gran abanico de la violencia basada en género (VbG): la violencia vicaria.

Para este análisis, dada la importancia de su mirada crítica y en aras de establecer un esquema conceptual, referencial y operativo (ECRO) común, me adscribo a la definición de violencia que plantea el “Protocolo integral de atención a la violencia de género”, parte de la Campaña de concientización y movilización institucional y pública “Mirar para otro lado, también es violencia”, del sector de la salud, que cuenta con la anuencia de todas las instituciones del Estado, en coherencia con la estrategia nacional cubana.

Se trata de una campaña de comunicación que, en alianza con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), implementa el centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y se enfoca en la responsabilidad colectiva de toda la sociedad, de cada institución y de los principales actores sociales.

Desde esta perspectiva, la violencia de género se concibe como “la forma extrema de la discriminación por motivos de género y representa una problemática compleja y estructural, cuya existencia se funda en la desigualdad jerárquica que existe entre hombres y mujeres. Se dirige principalmente a las mujeres y contra cualquier persona que pretenda confrontar el sistema de género heteronormativo, con el fin de encauzarla, someterla a este, como a las personas por razón de su orientación sexual e identidad de género”.

En particular, la concepción de violencia que se maneja desde esta ruta coloca en sintonía la importancia de distinguir la violencia vicaria que padecen las mujeres lesbianas, madres o no, en tanto estas rompen con ese sistema patriarcal y generan disonancia en los reflejos sociales del “ser madre”, acto conformado por la educación judeocristiana y heteronormativa, donde la “madre es virgen, pura y santa”.

Las mujeres lesbianas que padecen discriminaciones múltiples e interseccionales no son reconocidas desde el espectro social de la maternidad, ya que infringen el proyecto de que “madre es una sola” y de que esta tiene que estar asociada a un padre y/o separada de este… pero nunca incluye la crianza de los hijos con otra mujer, ni el reconocimiento a la planificación familiar –si se desea–, ni la parentalidad compartida.

Sin embargo, retomar este tema de las madres lesbianas y la violencia vicaria demanda revisitar una de las formas de violencia de género que se suscitan en el ámbito familiar. La violencia vicaria es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros, por interpósita persona. Por tanto, la violencia vicaria ocurre cuando hijas e hijos son instrumentalizados para maltratar y generar dolor a las madres, con el objetivo de infligirle el máximo daño psicológico. Significa, en un círculo de daño, la afectación del ejercicio de los derechos humanos de sus víctimas.

En recientes encuentros con mujeres lesbianas, a partir de un taller realizado a nivel nacional (junio de 2026) con la Red Nacional de Mujeres Lesbianas y Bisexuales, coordinado por el Cenesex, se identificaban varios problemas y malestares asociados con la violencia vicaria y otras de sus expresiones:

Entre las emociones asociadas con la violencia vicaria:

  1. a) Tristeza por la mala reputación que los exesposos, familiares o suegras generan sobre hijas, hijos, nietos y nietas.
  2. b) Angustia por no saber qué actitud tomar o a quién acudir.
  3. c) Dolor por recibir ofensas de hijos e hijas que han sido manipulados con comentarios negativos.
  4. d) Incomodidad por las presiones económicas a las que son sometidos hijos e hijas por su decisión de ser lesbiana; entre otras.

Estas mujeres también expresan las siguientes situaciones, asociadas a los criterios de la maternidad como forma de expresión de la violencia vicaria y otras formas de violencias:

  1. a) La vergüenza que expresan hijos e hijas de las mujeres lesbianas, infundada por los padres u otros familiares, al decirles que van contra “lo normal” de la familia, o aluden a ellas con palabras ofensivas como “tuercas”, “tortilleras” y “machonas”, entre otras.
  2. b) La represión a estas mujeres en la crianza de hijos e hijas, por temor a que repliquen la orientación sexual en ellos, lo que conlleva una alta exigencia en estas mujeres/madres del “deber ser mamá”.
  3. c) Dos mujeres lesbianas no tienen “mano dura” en la crianza y la educación con límites.
  4. d) Bullying a hijos e hijas, tanto en el contexto familiar como escolar.

Estos referentes conducen a una mirada crítica acerca de la perspectiva con que se miran los elementos de la vulnerabilidad de los derechos de las mujeres/madres lesbianas, que impactan también en hijos e hijas de una u otra mujer.

Mirar para otro lado también es violencia, cuando en los protocolos integrales de atención a la violencia basada en género no siempre se concibe la orientación, la atención educativa ni la educación sexual a las familias, las parejas y sus hijos e hijas para garantizar espacios seguros desde un enfoque de prevención proactiva, lo cual asegura una mirada integral.

También es menester fomentar una cultura del bienestar, del placer, de la reconciliación personal, mediante la gestión de emociones tanto en las madres lesbianas como en sus hijos e hijas.

Como cierre, ofrecemos palabras sanadoras de estas mujeres para reconstituir las nuevas relaciones con la familia, lo que promueve una verdadera relación de respeto. Entre las principales ideas, expresan: amor, paz, sanación, fuerza del útero, perdón, ternura, respeto al cuerpo, conexión con el cuerpo, vientre materno y el propio, lucha y resistencia.

La violencia vicaria y otras formas de expresión de la VbG constituyen un problema de salud y de vulneración de los derechos. Invisibilizar sus consecuencias y resultados es una forma también de violencia institucional. Crear espacios seguros para hablar de estas problemáticas, tanto a las mujeres/madres lesbianas como a sus familiares, pondera el respeto, la comprensión y la garantía de los derechos humanos, sexuales y reproductivos. “Mirar para otro lado, también es violencia”.

 

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