En una ocasión, Celia del Palacio me confió que, si pudiera regresar a 1978, cuando decidió estudiar Letras Hispanoamericanas en la Universidad de Guadalajara, y la Celia de hoy se pudiera encontrar con la jovencita que fue, está segura que se compartirían una sonrisa cómplice y, admirada, musitaría: “¿Esa señora, soy yo ahora?”.