Mirada Violeta: “¡Viva Antonia Nava!”

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Guadalajara, México (SEMlac).- Cada septiembre México vuelve a contar su historia. Repite los nombres de Hidalgo, Morelos, Allende, Guerrero. Las plazas se llenan de banderas, las campanas vuelven a sonar y la Independencia se representa, una vez más, como una gesta protagonizada fundamentalmente por hombres.

Pero la historia cambia cuando la miramos con lentes violetas.

La Independencia de México también fue obra de mujeres. Mujeres que conspiraron, financiaron la insurgencia, transportaron armas y mensajes, ocultaron combatientes, alimentaron tropas, realizaron labores de espionaje y, en no pocos casos, tomaron las armas. Mujeres que fueron perseguidas, encarceladas, interrogadas, despojadas de sus bienes y algunas, incluso, ejecutadas por desafiar al poder colonial.

No es un hecho aislado. Un año antes, durante su primer Grito de Independencia como presidenta de México, Claudia Sheinbaum había incorporado a Manuela Molina, “La Capitana”, mujer indígena que participó en el ejército insurgente de José María Morelos y alcanzó el grado de capitana.

En 2025, La Capitana.

En 2026, La Generala.

Hay una poderosa dimensión simbólica en esa secuencia. No porque la historia de las mujeres comience cuando el poder las nombra. Manuela Molina y Antonia Nava no necesitaron que nadie les concediera un lugar en la Independencia: ellas estuvieron allí, lucharon, organizaron, resistieron y arriesgaron la vida. Lo que cambia cuando sus nombres llegan a la ceremonia cívica más importante del país es nuestra manera de recordar.

Y la memoria también es territorio de disputa.

Durante demasiado tiempo, la patria fue narrada en masculino. Nos enseñaron a reconocer a los padres de la patria, a los héroes, a los generales y a los insurgentes. Mucho menos aprendimos sobre las insurgentas, las capitanas, las generalas, las conspiradoras, las mensajeras, las combatientes y todas aquellas mujeres que sostuvieron materialmente la rebelión.

Por eso importa nombrar.

Pero también importa algo más: investigar, enseñar y colocar a esas mujeres en los libros de texto, en las aulas, en los museos, en las calles y en nuestra memoria colectiva. Porque recuperar a las mujeres de la Independencia no puede limitarse a incorporarlas una noche al Grito. El desafío es devolverles permanentemente el lugar que les corresponde en la historia nacional.

Que las niñas que hoy escuchen el nombre de Antonia Nava puedan preguntar quién fue y encuentren una historia en la que también puedan reconocerse.

Que sepan que hubo mujeres que cabalgaron, conspiraron, alimentaron ejércitos, curaron heridas, transportaron mensajes, tomaron las armas y enfrentaron al poder colonial.

Que comprendan que México no fue construido solamente por los padres de la patria.

También tuvimos madres de la patria, insurgentas, capitanas y generalas.

La Independencia también tuvo rostro de mujer. Se llamó Josefa. Se llamó Leona. Se llamó Gertrudis. Se llamó Manuela. Se llamó Antonia.

De La Capitana a La Generala, cada nombre recuperado abre una grieta en dos siglos de memoria escrita predominantemente en masculino. Y desde esa grieta aparecen muchas más. Las que conocemos, las que apenas estamos recuperando y las que todavía esperan que pronunciemos sus nombres.

Porque ellas también hicieron la patria.

¡Viva Manuela Molina, La Capitana!

¡Viva Antonia Nava, La Generala!

¡Vivan las mujeres insurgentas!

La historia de las mujeres no comienza cuando el poder las nombra; ellas siempre estuvieron allí. Lo que cambia es nuestra manera de recordar.

Ellas también nos dieron patria.

Y quizá una verdadera independencia comienza justamente ahí: cuando ninguna mujer que hizo historia vuelve a quedar fuera de la historia.

*La utora es Doctora en Ciencias. Coordinadora Regional del Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem). Profesora Investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

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