Hay un mandato que se repite, con variaciones, en numerosas culturas: un hombre no llora, no pide ayuda, no expresa lo que siente, resuelve en solitario aquello que le preocupa o le duele.
Este artículo nace del vídeo viral que muestra a un grupo de hombres, supuestamente de una fraternidad, compartiendo a una mujer (se entiende que prostituta) colocada sobre una mesa como bufet o primer plato o postre de un también supuesto “jueves de frater”, en que disfrutarían, no podría ser más específico, de carne a la parrilla.
Hay un clima de decepción en Bolivia y, como consecuencia, una especie de apatía. En unos casos es algo asumido y en otros es un choque reciente y que se repite cada vez que se ven o leen las noticias y, entonces, falta asimilarlo.