Ciudad de México. (SEMLac), .- Hablar de una economía feminista implica más que sumar a las mujeres como una variable; propone cuestionar: ¿de qué sirve el crecimiento económico si la mitad de la población sigue siendo excluida y mal pagada?, ¿cómo se explican las brechas de género que limitan el desarrollo personal de las mujeres?.
No se trata de una lucha entre hombres y mujeres, sino de abordar de forma diferenciada las cuestiones económicas para proponer políticas públicas realistas no homogéneas. Así lo plantean 16 economistas en el libro “La Economía en morado: Los retos del desarrollo en México desde miradas de mujeres economistas”.
Una “economía en morado” implica más que sumar a las mujeres como una variable adicional: el concepto propone cuestionar, desde una perspectiva feminista, qué estudiamos, qué medimos y qué dejamos fuera al analizar la economía. Las autoras del texto proponen fortalecer las políticas públicas de bienestar y justicia social; diversificar la estructura productiva del país y replantear los modelos de desarrollo económico centrados en las personas.
La obra colectiva, coordinada por la rectora de la Universidad de Guanajuato, doctora Claudia Susana Gómez López y las académicas María Isabel Osorio Caballero y Lorena Rodríguez León, especialistas con importantes trayectorias en el área, reúne a 16 economistas de las Universidades Autónomas de San Luis Potosí, Nuevo León y Zacatecas para analizar la economía del país desde una perspectiva de género. La obra es publicada por la Universidad Autónoma de Guanajuato y la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).
Claudia Susana Gómez López explicó que hablar de una economía feminista coloca en el centro la reproducción social, los cuidados, el trabajo doméstico y las redes de colaboración, invisibles en los análisis convencionales. Señaló que las brechas de género no se explican por decisiones individuales, sino por barreras estructurales y violencia.
La rectora precisó que el libro propone nuevas rutas para fortalecer las políticas públicas y construir un modelo más justo, inclusivo y centrado en el bienestar. Detalló que en las conclusiones se habla de las desigualdades entre hombres y mujeres en el mundo académico, en las profesiones y en las actividades laborales.
“Las mujeres ganamos 84 pesos (4.90 dólares) por cada 100 pesos (5.88 dólares) que ganan los hombres. Y las mujeres destinan más de 23 horas adicionales, en comparación con los hombres, a las actividades del hogar”, por lo que impulsan medidas que favorezcan la flexibilidad y que en los lugares de trabajo haya espacios que permitan más desarrollo armónico y completo para las mujeres pensando en la lactancia.
A manera de resumen, la doctora Gómez López enfatizó cinco políticas públicas propuestas: el establecimiento de un sistema nacional de cuidados, presupuestos con enfoque de género, una banca de desarrollo sólida y mixta, políticas de inclusión digital y una reforma laboral que reduzca la informalidad y la penalización de la maternidad. Igualmente, señaló la necesidad de fortalecer la seguridad y la autoestima de las mujeres mediante redes de formación sorora.
“La economía en morado no pide sustituir un enfoque por otro, sino que ampliemos el horizonte. Este libro no es solamente para mujeres ni para economistas, es para todas las personas sensibles ante las desigualdades”.
La obra analiza la relación entre salario, horas laborales y flexibilidad, así como la preferencia de muchas mujeres por empleo con horarios flexibles, que les permitan atender las labores de crianza y cuidado de personas adultas mayores. Analiza también las crisis económicas, el desempleo, la precariedad, la migración y cómo afectan de manera diferenciada a las mujeres.
Para la doctora Isabel Osorio Caballero existen múltiples factores que limitan el bienestar, por lo que considera que el desarrollo debe entenderse como un fenómeno multidimensional. Gobierno, paridad, igualdad social y regional, brechas salariales, pobreza persistente, informalidad laboral, rezagos productivos y una creciente vulnerabilidad ambiental.
Eva Arceo Gómez, directora de la División de Economía del Centro de Investigación y Docencia Económicas (Cide), abordó la representación de las mujeres en la propia disciplina económica: su participación disminuye conforme se avanza hacia los niveles más altos de reconocimiento académico, lo que plantea la interrogante de quiénes producen conocimiento e inciden en las decisiones públicas.
Marcela Amaro Rosales, directora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Unam, manifestó que el desarrollo tiene que comprenderse desde una perspectiva multidimensional, que considere las desigualdades laborales, salariales, digitales, territoriales y tecnológicas, además de las vinculadas con la maternidad y los cuidados. Diagnosticar las brechas no basta: hay que transformar las instituciones e incentivos que las reproducen.
A su vez, Monika Meireles, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas, subrayó la necesidad de recuperar las aportaciones de economistas latinoamericanas como María de la Concepción Tavares e Ifigenia Martínez, y de repensar el financiamiento en desarrollo hacia un crecimiento inclusivo y sustentable.
Desde la historia económica, Iliana M. Quintanar Zárate, del Cide, se refirió a la importancia de reconocer a las mujeres como agentes de los procesos económicos y financieros, históricamente invisibilizadas.
El libro colectivo se presentó recientemente en la Facultad de Economía de la Unam, en el marco de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios, FILUNI 2026.



