{"id":98811,"date":"2025-09-19T18:50:09","date_gmt":"2025-09-20T00:50:09","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=98811"},"modified":"2025-09-19T18:50:11","modified_gmt":"2025-09-20T00:50:11","slug":"el-dia-que-marco-a-mexico-asi-fue-vivir-el-sismo-del-19-de-septiembre-de-1985","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/el-dia-que-marco-a-mexico-asi-fue-vivir-el-sismo-del-19-de-septiembre-de-1985\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que marc\u00f3 a M\u00e9xico: as\u00ed fue vivir el sismo del 19 de septiembre de 1985"},"content":{"rendered":"\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Caos, miedo, incertidumbre, y la implacable realidad de una ciudad destruida por el sismo que marc\u00f3 a M\u00e9xico<\/li>\n\n\n\n<li>As\u00ed fue vivir el 19 de septiembre de 1985<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alejandro Jim\u00e9nez<br>SemM\u00e9xico\/El Sol de M\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 19 de septiembre, 2025.- <a href=\"https:\/\/www.oem.com.mx\/elsoldemexico\/gossip\/serie-cada-minuto-cuenta-estren-segunda-temporada-previo-al-40-aniversario-del-terremoto-de-1985-25444365\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Siete de la ma\u00f1ana<\/a>. En la cocina desayuno antes de irme a la universidad.&nbsp;<strong>Mi pap\u00e1 y mi hermano siguen dormidos<\/strong>. Preparo mentalmente mi ruta habitual:&nbsp;<strong>de la colonia Industrial<\/strong>, en el norte de la Ciudad de M\u00e9xico,&nbsp;<strong>a la UAM Xochimilco<\/strong>, pasando antes por mi entonces novia para llevarla al&nbsp;<strong>colegio Princess<\/strong>, en el Eje 7 Sur, Zapata.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pronto&nbsp;<strong>todo se estremece<\/strong>. Trato de llegar a los cuartos y encuentro a&nbsp;<strong>mi hermano y a mi pap\u00e1 asustados<\/strong>. No pensamos en salir de casa, sino en&nbsp;<strong>aguantar<\/strong>. Pero no pasa. Sigue.&nbsp;<strong>Oscilatorio<\/strong>&nbsp;primero,&nbsp;<strong>trepidatorio<\/strong>&nbsp;despu\u00e9s. Muy largo.&nbsp;<strong>Caen objetos<\/strong>&nbsp;del librero y del juguetero, piezas de porcelana que eran de mi mam\u00e1.&nbsp;<strong>Gran susto<\/strong>. Se va la luz. Al abrir la puerta, nadie en la calle:&nbsp;<strong>todos en sus casas<\/strong>. Ya pas\u00f3\u2026 \u201c<strong>Estuvo fuerte\u2026<\/strong>\u201d, \u201c<strong>el peor<\/strong>&nbsp;que he sentido&nbsp;<strong>en mi vida<\/strong>\u201d, dice mi pap\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y&nbsp;<strong>seguimos<\/strong>. Sin saber qu\u00e9 hab\u00eda ocurrido en la ciudad, salgo y me subo al&nbsp;<strong>Malib\u00fa setentero<\/strong>, de segundo o tercer uso, que ten\u00eda para&nbsp;<strong>ir a la universida<\/strong>d. Empiezo a ver&nbsp;<strong>vecinos en la calle<\/strong>, conversando, compartiendo su experiencia. Mi mantra en ese momento es: \u201c<strong>ya pas\u00f3\u2026\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Recojo a mi novia<\/strong>, que viv\u00eda a tres cuadras, y tomo la&nbsp;<strong>calzada Misterios<\/strong>&nbsp;hacia el centro. Al llegar al&nbsp;<strong>Eje 2, Manuel Gonz\u00e1lez<\/strong>, nos desv\u00edan:&nbsp;<strong>no hay paso por Tlatelolco<\/strong>. \u201cAlgo\u201d impide seguir. Veo los&nbsp;<strong>primeros signos de alarma<\/strong>&nbsp;y gente corriendo. No se alcanza a distinguir qu\u00e9 ocurre m\u00e1s adelante.&nbsp;<strong>Rodeamos<\/strong>&nbsp;por el eje de Guerrero. Muchos autos.&nbsp;<strong>Avanzamos<\/strong>&nbsp;dentro de la&nbsp;<strong>colonia Guerrero<\/strong>. Comienzo a sentir la crispaci\u00f3n.&nbsp;<strong>Tr\u00e1fico detenido<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegar a la&nbsp;<strong>colonia Tabacalera<\/strong>&nbsp;es comenzar a&nbsp;<strong>dimensionar lo sucedido<\/strong>.&nbsp;<strong>Lo primero<\/strong>&nbsp;<strong>que veo<\/strong>&nbsp;se mantiene v\u00edvido en mi memoria hasta hoy: un&nbsp;<strong>edificio inclinado<\/strong>, sin pared, con cortinas y sillas de oficina en el borde sin caer, papeles volando.&nbsp;<strong>Olor a gas<\/strong>. Personas cruzando como zombies las calles. \u201c\u00a1Mira, ese lleva sangre en la cabeza!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pongo el radio y me sumo al caos: \u201c<strong>Que se cay\u00f3 Televisa<\/strong>. Que se vino abajo el&nbsp;<strong>edificio Nuevo Le\u00f3n en Tlatelolco<\/strong>&nbsp;\u2014por eso no pas\u00e1bamos\u2014. Que&nbsp;<strong>en la Condesa hay gente atrapada<\/strong>. Que&nbsp;<strong>en la Roma<\/strong>&nbsp;cayeron, de menos,&nbsp;<strong>cuatro edificios<\/strong>&nbsp;en una sola cuadra\u201d.&nbsp;<strong>Locutores<\/strong>&nbsp;asustados, sin informaci\u00f3n confirmada,&nbsp;<strong>repiten rumores&nbsp;<\/strong>que alguien les cont\u00f3 antes de llegar a la estaci\u00f3n.&nbsp;<strong>Pocas l\u00edneas telef\u00f3nicas funcionan<\/strong>. \u201cFue como si hubiera ca\u00eddo una bomba\u201d, dice uno, en evidente&nbsp;<strong>estado de shock<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Avanzamos lentamente hasta la entonces&nbsp;<strong>glorieta del Caballito<\/strong>, donde confluyen Reforma, Ju\u00e1rez y Bucareli. El&nbsp;<strong>caos vehicular<\/strong>&nbsp;es total. Quedamos detenidos. \u201c\u00a1<strong>All\u00e1 se cay\u00f3<\/strong>&nbsp;un edificio (<strong>el hotel Regis<\/strong>)!\u201d. Lo vemos humear.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo vamos a poder pasar\u2026 no hay forma\u2026\u201d. Pero s\u00ed logramos&nbsp;<strong>avanzar hacia Bucareli<\/strong>, rumbo al eje de Cuauht\u00e9moc. Vemos&nbsp;<strong>tres edificios derrumbados<\/strong>&nbsp;antes de llegar al&nbsp;<strong>caf\u00e9 La Habana<\/strong>. \u201cOjal\u00e1 no hubiera gente a esa hora\u2026\u201d, decimos, sabiendo que era casi imposible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siento en la llanta las piedras de los edificios.&nbsp;<strong>Vamos lentos<\/strong>. Se nos acaban las palabras para describir lo que vemos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegar al cruce con&nbsp;<strong>avenida Chapultepec<\/strong>&nbsp;es entrar a otra dimensi\u00f3n. Del lado derecho,&nbsp;<strong>en ruinas<\/strong>, uno de los&nbsp;<strong>edificios de Radio F\u00f3rmula<\/strong>, donde meses antes hab\u00eda entrevistado al jefe de informaci\u00f3n para un trabajo escolar. \u201c<strong>Seguro hab\u00eda gente<\/strong>. Ah\u00ed est\u00e1n las cabinas,&nbsp;<strong>al menos los operadores<\/strong>\u201d, pienso. M\u00e1s tarde supimos del&nbsp;<strong>fallecimiento de los conductores<\/strong>&nbsp;del programa&nbsp;<em>Batas, Pijamas y Pantuflas<\/em>&nbsp;y de&nbsp;<strong>otros<\/strong>&nbsp;que,&nbsp;<strong>atrapados<\/strong>&nbsp;durante d\u00edas,&nbsp;<strong>lograron sobrevivir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Trato de regresar al norte de la ciudad, pero no hay forma.&nbsp;<strong>Caos vehicular<\/strong>. Autos en sentido contrario.&nbsp;<strong>Edificios derrumbados<\/strong>&nbsp;bloquean calles. Sigo hacia el sur a vuelta de rueda. La constante:&nbsp;<strong>gente corriendo<\/strong>. Algunos,&nbsp;<strong>cubiertos de polvo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pronto, a la izquierda, aparece el edificio de&nbsp;<strong>la Secretar\u00eda de Comercio derrumbado<\/strong>&nbsp;como pastel. Sigo sintiendo piedras bajo el auto. Los coches&nbsp;<strong>rodeamos<\/strong>&nbsp;grandes&nbsp;<strong>montones de cascajo<\/strong>&nbsp;que obstruyen la avenida. Un&nbsp;<strong>muro ca\u00eddo<\/strong>, el suelo levantado.&nbsp;<strong>Escuchamos lamentos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Avanzamos en fila india<\/strong>. De la nada surge una&nbsp;<strong>enfermera<\/strong>&nbsp;vestida de blanco, en estado de histeria. Me ruega: \u201c<strong>\u00a1Ll\u00e9venme al Centro M\u00e9dico!<\/strong>&nbsp;\u00a1Los beb\u00e9s de mi cunero est\u00e1n ah\u00ed!\u201d. Sin preguntar m\u00e1s se sube al auto. Vamos callados. M\u00e1s adelante grita: \u201c<strong>\u00a1No lo veo!<\/strong>&nbsp;\u00a1No veo el Centro M\u00e9dico!&nbsp;<strong>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la torre\u2026?<\/strong>\u201d. Se baja a correr entre autos detenidos hacia un lugar que pronto supimos&nbsp;<strong>ya no exist\u00eda<\/strong>. S\u00f3lo humo y polvo por todos lados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tr\u00e1fico se despeja&nbsp;<strong>pasando el Viaducto<\/strong>, al que tampoco se puede ingresar. Intento entrar a la lateral para regresar, pero&nbsp;<strong>un edificio entero yace en el suelo<\/strong>. Un cubo surrealista, arrancado de ra\u00edz.&nbsp;<strong>Gente<\/strong>&nbsp;rode\u00e1ndolo&nbsp;<strong>sin saber qu\u00e9 hacer<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me regreso en sentido contrario&nbsp;<strong>hacia Cuauht\u00e9moc<\/strong>, pasando por el&nbsp;<strong>estadio de b\u00e9isbol<\/strong>&nbsp;(hoy&nbsp;<strong>Plaza Parque Delta<\/strong>), que d\u00edas despu\u00e9s ser\u00eda&nbsp;<strong>la gran morgue<\/strong>&nbsp;para los cad\u00e1veres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s adelante se siente menos caos. Una zona de la ciudad menos golpeada. Sin sem\u00e1foros ni luz. Seguimos hasta el&nbsp;<strong>Eje 7 Zapata<\/strong>. Llegamos al&nbsp;<strong>colegio Princess<\/strong>&nbsp;cerca de&nbsp;<strong>las onc<\/strong>e. S\u00f3lo est\u00e1 un conserje consternado.&nbsp;<strong>Varias maestras no aparecen<\/strong>. En el recuento posterior,&nbsp;<strong>una<\/strong>&nbsp;de ellas&nbsp;<strong>hab\u00eda muerto al colapsar su edificio.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegar a la UAM ya no ten\u00eda sentido. En el&nbsp;<strong>Toks de Divisi\u00f3n del Norte<\/strong>, junto al&nbsp;<strong>Parque de los Venados<\/strong>, logro usar un tel\u00e9fono p\u00fablico y hablar a casa. Le cuento todo a&nbsp;<strong>mi pap\u00e1&nbsp;<\/strong>y no me cree.&nbsp;<strong>No sabe nada<\/strong>&nbsp;porque no hab\u00eda luz, ni televisi\u00f3n ni radio.&nbsp;<strong>No dimensiona<\/strong>. \u201cEs que eres muy impresionable\u2026\u201d, me dice.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El dilema es por d\u00f3nde regresar.&nbsp;<strong>El Centro no es opci\u00f3n<\/strong>. Quiz\u00e1 el&nbsp;<strong>Circuito Interior<\/strong>&nbsp;hacia el norte: \u201c\u00bfY si los puentes se cayeron?, \u00bfy si est\u00e1 saturado?\u201d. Todo es posible. Lo tomo con reservas. Va&nbsp;<strong>extra\u00f1amente vac\u00edo<\/strong>. Desde lo alto de los puentes&nbsp;<strong>se ven columnas de humo<\/strong>&nbsp;por todos lados. Unas grises, otras negras. Me rebasa un auto rojo a gran velocidad con las luces encendidas. Yo sigo lento y, para nuestra sorpresa,&nbsp;<strong>llegamos hasta Insurgentes Norte<\/strong>&nbsp;y de ah\u00ed a la&nbsp;<strong>colonia Industrial<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en casa. S\u00f3lo hasta la tarde&nbsp;<strong>conseguimos un radio de pilas<\/strong>. Ah\u00ed&nbsp;<strong>escuchamos la magnitud de la devastaci\u00f3n<\/strong>. No s\u00e9 qui\u00e9n conduce el noticiero, pero describe c\u00f3mo&nbsp;<strong>gente sin casa<\/strong>, o con miedo de quedarse en la suya,&nbsp;<strong>va al Z\u00f3calo<\/strong>, como&nbsp;<strong>para refugiarse o pedir ayuda<\/strong>&nbsp;a un gobierno ausente. Cae ligera lluvia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Surgen&nbsp;<strong>peticiones de ayuda y solidaridad<\/strong>: mantas, agua, comida.&nbsp;<strong>Centros de acopio<\/strong>&nbsp;ciudadano&nbsp;<strong>espont\u00e1neos<\/strong>&nbsp;se instalan en la ciudad. Noche de nervios.&nbsp;<strong>Nadie duerme tranquilo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente, la&nbsp;<strong>par\u00e1lisis<\/strong>. Ya hay luz y se confirman varias cosas: en efecto,&nbsp;<strong>Televisa se cay\u00f3<\/strong>; transmite desde un&nbsp;<strong>estudio improvisado<\/strong>. Mi pap\u00e1 y mi hermano dimensionan lo ocurrido.&nbsp;<strong>Comenzamos a buscar familiares<\/strong>. M\u00e1s tel\u00e9fonos funcionan. Todos bien.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por la&nbsp;<strong>tarde-noche<\/strong>, mi hermano y yo visitamos a nuestro vecino y amigo de infancia Gabriel, en la&nbsp;<strong>calle Victoria<\/strong>. Conversamos con su mam\u00e1 cuando, de repente,&nbsp;<strong>la r\u00e9plica<\/strong>. Implacable.&nbsp;<strong>La casa se inclina<\/strong>&nbsp;de lado a lado. Estoy seguro de que caer\u00e1. No cae, pero&nbsp;<strong>queda da\u00f1ada<\/strong>. Corremos a nuestra casa, en&nbsp;<strong>Huasteca<\/strong>. Se va la luz otra vez.&nbsp;<strong>Autos<\/strong>&nbsp;circulan&nbsp;<strong>a toda velocidad<\/strong>&nbsp;con luces encendidas, cruzando calles sin precauci\u00f3n. \u201cVan a atropellar a alguien\u2026\u201d, temo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Nuevo susto<\/strong>. Nueva noche en penumbras.&nbsp;<strong>Miedo de que se repita<\/strong>&nbsp;y nos&nbsp;<strong>caiga todo encima<\/strong>. Despu\u00e9s de lo visto, ya&nbsp;<strong>todo es posible<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente,&nbsp;<strong>intento salir de la par\u00e1lisis<\/strong>. Me reporto al&nbsp;<strong>Instituto Mexicano de la Radio<\/strong>, donde hac\u00eda mi servicio social. Nadie responde. Busco en su casa a mi jefe,&nbsp;<strong>Eduardo Peltier<\/strong>. Lo encuentro de casualidad. \u201c<strong>Nuestro edificio<\/strong>&nbsp;en la calle de C\u00f3rdoba, en la Roma,&nbsp;<strong>se cay\u00f3<\/strong>. Tuvimos suerte; si hubi\u00e9ramos estado ah\u00ed a la hora del temblor, ah\u00ed nos quedamos\u2026 Vente al&nbsp;<strong>edificio central<\/strong>, en Margaritas,&nbsp;<strong>colonia Florida<\/strong>. Necesitamos apoyo, voluntarios\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuelgo y noto el temblor, pero ahora en mi mano, imaginando el&nbsp;<strong>edificio de C\u00f3rdoba ca\u00eddo<\/strong>. Ah\u00ed&nbsp;<strong>se perdieron once grabaciones<\/strong>&nbsp;con m\u00fasicos de la&nbsp;<strong>\u00c9poca de Oro del cine nacional<\/strong>&nbsp;a quienes hab\u00eda entrevistado para&nbsp;<strong>una serie radiof\u00f3nica<\/strong>. Perd\u00ed las grabaciones, pero no la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Llego al IMER<\/strong>&nbsp;y la primera orden es ir al&nbsp;<strong>Foro 2 de Televisa San \u00c1ngel a contestar tel\u00e9fonos<\/strong>. Todo el espacio estaba acondicionado para&nbsp;<strong>recibir llamadas de auxilio o b\u00fasqueda<\/strong>&nbsp;de personas en hospitales. Los&nbsp;<strong>tel\u00e9fonos no dejan de sonar<\/strong>. Reportan&nbsp;<strong>fugas de gas<\/strong>, familiares&nbsp;<strong>desaparecidos<\/strong>, falta de servicios funerarios, ofrecimientos de voluntariado.&nbsp;<strong>Desesperaci\u00f3n<\/strong>. Drama. Tras cada llamada, queda la sensaci\u00f3n de no estar ayudando lo suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunas llamadas me marcan.&nbsp;<strong>Una mujer<\/strong>&nbsp;me cuenta que&nbsp;<strong>su hijo y ella<\/strong>&nbsp;pasaron el&nbsp;<strong>primer temblor en casa<\/strong>.&nbsp;<strong>Al d\u00eda siguiente<\/strong>,&nbsp;<strong>\u00e9l<\/strong>, de 19 a\u00f1os,&nbsp;<strong>se uni\u00f3 a una brigada<\/strong>&nbsp;vecinal para llevar comida y ayuda. Ah\u00ed lo tom\u00f3 la r\u00e9plica.&nbsp;<strong>Desde entonces no sabe nada<\/strong>. Llevaba 36 horas de angustia. Me da su nombre. Lo busco en las listas de heridos. No aparece. Llora desconsolada, sin rumbo.&nbsp;<strong>Nunca supe qu\u00e9 pas\u00f3 con \u00e9l.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otra llamada es de&nbsp;<strong>un hombre<\/strong>&nbsp;que&nbsp;<strong>me narra su vida<\/strong>, desde Papantla, Veracruz, hasta la&nbsp;<strong>Ciudad de M\u00e9xico<\/strong>, donde es&nbsp;<strong>comerciante<\/strong>. Lo dice todo en tono neutro. Le pregunto si busca a alguien, si su casa est\u00e1 bien, si necesita ayuda. No. Despu\u00e9s de 40 minutos&nbsp;<strong>me da las gracias por escucharlo y cuelga<\/strong>. As\u00ed, nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>As\u00ed pasaron cinco d\u00edas<\/strong>&nbsp;hasta que nos dijeron que regres\u00e1ramos a casa a descansar, que&nbsp;<strong>la emergencia disminu\u00eda<\/strong>&nbsp;y que&nbsp;<strong>las autoridades<\/strong>&nbsp;<strong>comenzaban<\/strong>, una semana despu\u00e9s,&nbsp;<strong>a involucrarse<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de irnos, una&nbsp;<strong>brigada de psic\u00f3logos de la UNAM<\/strong>&nbsp;nos&nbsp;<strong>entrevista individualmente sobre lo vivido<\/strong>, nuestras familias, d\u00f3nde nos tom\u00f3 el temblor y la r\u00e9plica,&nbsp;<strong>c\u00f3mo nos sentimos atendiendo llamadas<\/strong>&nbsp;de personas en situaciones l\u00edmite.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me atiende&nbsp;<strong>una muchacha de mi edad<\/strong>. Le cuento todo, con calma. Ella&nbsp;<strong>pregunta mucho y yo respondo todo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00bfHas sentido miedo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>\u2013S\u00ed, mucho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>\u2013\u00bfHas llorado?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>\u2013No.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Me diagnostica estr\u00e9s postraum\u00e1tico<\/strong>. Que&nbsp;<strong>debo sacar mis sentimientos<\/strong>. Me parece exagerado. Tengo hambre, ya quiero irme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c<strong>Llego a casa y<\/strong>&nbsp;te prometo que&nbsp;<strong>lo cuento todo<\/strong>\u201d, le dije.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me&nbsp;<strong>tard\u00e9 40 a\u00f1os<\/strong>, pero ya&nbsp;<strong>estoy cumpliendo<\/strong>&nbsp;al contarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SEM-El Sol de M\u00e9xico\/aj<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto2.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" data-id=\"98814\" src=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto2.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-98814\" srcset=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto2.webp 1024w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto2-300x169.webp 300w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto2-768x432.webp 768w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto2-150x84.webp 150w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto2-696x392.webp 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto-3.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"575\" data-id=\"98813\" src=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto-3.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-98813\" srcset=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto-3.webp 1024w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto-3-300x168.webp 300w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto-3-768x431.webp 768w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto-3-150x84.webp 150w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/terremoto-3-696x391.webp 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Jim\u00e9nezSemM\u00e9xico\/El Sol de M\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 19 de septiembre, 2025.- Siete de la ma\u00f1ana. 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