{"id":98047,"date":"2025-08-25T13:00:21","date_gmt":"2025-08-25T19:00:21","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=98047"},"modified":"2025-08-25T13:00:22","modified_gmt":"2025-08-25T19:00:22","slug":"juego-de-ojos-cuando-mexico-midio-el-cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/juego-de-ojos-cuando-mexico-midio-el-cielo\/","title":{"rendered":"Juego de Ojos| Cuando M\u00e9xico midi\u00f3 el cielo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miguel \u00c1ngel<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico, Cd. de M\u00e9xico, 25 de agosto, 2025.- Final del formulario<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acomp\u00e1\u00f1eme el lector a un viaje al pasado. Es el amanecer h\u00famedo del domingo 23 de agosto de 1874 en el puerto de Veracruz y el aire est\u00e1 cargado de olor a brea y salitre. En el muelle, un grupo de hombres vigila que sus grandes ba\u00fales sean embarcados con cuidado a las bodegas del buque que aguarda con las amarras tensas. Visten de levita como es la costumbre y sus rostros lucen barba y bigotes cuidadosamente recortados. Son astr\u00f3nomos mexicanos que comienzan la aventura m\u00e1s improbable del siglo: ir al Jap\u00f3n a medir el tr\u00e1nsito de Venus frente al Sol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay episodios que parecen fantas\u00eda, pero son historia. M\u00e9xico, un pa\u00eds que a fines del siglo XIX viv\u00eda al borde de la desintegraci\u00f3n, mand\u00f3 una expedici\u00f3n cient\u00edfica al otro lado del planeta. \u00a1Al Jap\u00f3n! Y no para abrir mercados o negociar tratados, sino para medir el tr\u00e1nsito de Venus frente al Sol, la llave que permitir\u00eda calcular la distancia entre la Tierra y nuestra estrella. Una haza\u00f1a que en ese momento era s\u00f3lo propia de las potencias de entonces, aquellas poseedoras de un historial cient\u00edfico s\u00f3lido y tesorer\u00edas profundas. Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Rusia, Italia, Alemania y Austria-Hungr\u00eda enviaron equipos con sus m\u00e1s renombrados astr\u00f3nomos. Personajes como Jules Janssen, pionero en espectroscop\u00eda solar, que ide\u00f3 un \u201crev\u00f3lver fotogr\u00e1fico\u201d para captar el fen\u00f3meno, o los m\u00e1s reputados sabios de la&nbsp;<em>Royal Astronomical Society<\/em>, navegaban al Oriente para el m\u00e1s importante fen\u00f3meno astron\u00f3mico del siglo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero tambi\u00e9n \u00edbamos los mexicanos, representados por hombres que habr\u00edan sido gigantes en cualquier \u00e9poca. Imagine el lector: el gobierno de Miguel Lerdo de Tejada apenas sobreviv\u00eda entre guerras fratricidas y asaltos al erario. El pa\u00eds estaba exhausto, dividido, pobre. Y sin embargo, poniendo o\u00eddos sordos a la \u201cl\u00f3gica pol\u00edtica\u201d, el presidente supo que era necesario que M\u00e9xico asistiera a la gran cita cient\u00edfica del siglo. No se trataba de una frivolidad. Lerdo, abogado severo y hombre poco dado a entusiasmos f\u00e1ciles, entendi\u00f3 que hab\u00eda ocasiones en que una naci\u00f3n debe levantar la cabeza y mirar m\u00e1s all\u00e1 de sus miserias inmediatas. Apost\u00f3 por la ciencia como carta de presentaci\u00f3n en el concierto de los pueblos civilizados.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/mgsa01.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"179\" height=\"282\" src=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/mgsa01.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-98048\" srcset=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/mgsa01.jpg 179w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/mgsa01-150x236.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 179px) 100vw, 179px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El jefe de la misi\u00f3n era Francisco D\u00edaz Covarrubias, ingeniero, astr\u00f3nomo y esp\u00edritu renacentista. Le acompa\u00f1aban Agust\u00edn Barroso, Manuel Fern\u00e1ndez Leal y Francisco Jim\u00e9nez. Ten\u00edan claro que la expedici\u00f3n se enfrentar\u00eda a formidables obst\u00e1culos y podr\u00eda no concretarse. Un tif\u00f3n o una epidemia a bordo pod\u00edan borrarla del mapa antes de poner pie en Asia \u2026 o antes de arribar a Cuba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El itinerario parec\u00eda de novela de Julio Verne. De Veracruz a La Habana, mil 500 kil\u00f3metros, un salto breve por el Caribe. De ah\u00ed a Nueva York, mil 700 kil\u00f3metros. La siguiente etapa era monumental, desde Nueva York a San Francisco, cuatro mil 700 kil\u00f3metros por un territorio a\u00fan oloroso a la p\u00f3lvora de la guerra de Secesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hab\u00eda tren directo a San Francisco, as\u00ed que nuestra expedici\u00f3n altern\u00f3 vagones con carretones y diligencias. Imag\u00ednese el lector a los sabios mexicanos, con sus levitas oscuras y sus bigotes solemnes, code\u00e1ndose en tabernas polvorientas de Kansas con los seguidores de&nbsp;<em>Buffalo Bill&nbsp;<\/em>o los compa\u00f1eros del gran jefe&nbsp;<em>Red Cloud<\/em>, esperando diligencias en medio de praderas infinitas, con la amenaza de bisontes indomables y apaches invisibles mientras no perd\u00edan de vista los ba\u00fales con sus instrumentos. Nadie ha documentado que fueran atacados, pero \u00bfqui\u00e9n puede negar que la sola expectativa de atravesar aquellas tierras hostiles era ya en s\u00ed una aventura?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En San Francisco abordaron otro vapor, el que los transportar\u00eda ocho mil kil\u00f3metros por un desierto l\u00edquido hasta Yokohama, traves\u00eda que era desafiante incluso para los m\u00e1s experimentados marinos. Padecieron tormentas y marejadas, adem\u00e1s de raciones de comida que pronto se volv\u00edan rancias. Pasaban el tiempo revisando sus instrumentos, ajustando engranajes, ensayando cronometrajes. Alguno, cuentan, escrib\u00eda versos mal rimados sobre la nostalgia de M\u00e9xico; otro llevaba un diario minucioso de cada detalle del viaje, desde las gaviotas que segu\u00edan la estela del barco hasta los ronquidos de los marineros chinos en cubierta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y al fin, tras meses de peregrinaje, la costa se dibuj\u00f3 en el horizonte. Era Yokohama, el gran puerto abierto al mundo, donde japoneses con quimonos de seda y comerciantes brit\u00e1nicos con sombrero de copa se mezclaban en un bullicio cosmopolita. All\u00ed, despu\u00e9s de casi 16,000 kil\u00f3metros recorridos desde Veracruz, los mexicanos plantaron su bandera cient\u00edfica. Fueron recibidos por representantes del Mikado que no estaban muy seguros de en qu\u00e9 parte del Universo se localizaba ese lugar de nombre con timbre oriental del que dec\u00edan provenir, M\u00e9xico. Pero se les extendieron todas las cortes\u00edas y el 9 de diciembre de 1874, en la terraza de un observatorio improvisado, lleg\u00f3 la hora esperada \u2026 pero el cielo estaba encapotado. Nubes densas cubr\u00edan el sol, como si todo el viaje -meses de mares y desiertos- hubiera sido en vano. El primer contacto de Venus se perdi\u00f3 tras la cortina gris. Quiz\u00e1 Eh\u00e9catl haya acudido en auxilio de sus paisanos, pues poco a poco el viento movi\u00f3 las nubes y la claridad se abri\u00f3 paso. Los mexicanos alcanzaron a registrar lo esencial. Pudieron medir, calcular, dibujar. Cumplieron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella nube inicial qued\u00f3 como un recordatorio de la buena fortuna que siempre acompa\u00f1a a los decididos. Al rev\u00e9s de lo que dice el refr\u00e1n marino -que no hay viento favorable para quien no sabe a d\u00f3nde va-, la Comisi\u00f3n Astron\u00f3mica Mexicana al Jap\u00f3n, que tal fue su nombre oficial, demostr\u00f3 lo contrario: siempre hay vientos favorables para quienes tienen claro su destino, limpio el coraz\u00f3n y acerado el \u00e1nimo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e9xico, que en casa parec\u00eda a punto de desmoronarse entre guerras y hambres, hab\u00eda logrado decir \u201c\u00a1presente\u201d! en la gran empresa cient\u00edfica del siglo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al regresar fueron recibidos con discursos y aplausos. Y aunque la pol\u00edtica pronto apag\u00f3 la memoria, la traves\u00eda qued\u00f3 inscrita en la historia como un acto de audacia colectiva. Un pa\u00eds pobre y dividido hab\u00eda tenido la osad\u00eda de cruzar mares, atravesar continentes y reclamar un lugar en el cielo. El cobre de los mexicanos puede ser m\u00e1s valioso que el oro. Y en el centro de esta gesta, Francisco D\u00edaz Covarrubias, aquel joven que en su adolescencia sub\u00eda a las azoteas de Toluca a medir estrellas con instrumentos caseros, y que ahora, en Jap\u00f3n, hab\u00eda cumplido su sue\u00f1o: poner a M\u00e9xico, aunque fuera por un instante, a la altura del universo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo extraordinario de aquella aventura no termin\u00f3 en Yokohama ni con el regreso a Veracruz. Aunque las memorias oficiales pronto se sepultaron bajo monta\u00f1as de decretos y cambios de gobierno, la semilla hab\u00eda sido sembrada. La expedici\u00f3n de 1874 prob\u00f3 que M\u00e9xico pod\u00eda formar parte de las grandes redes internacionales de la ciencia. Ese impulso, aunque intermitente y fr\u00e1gil, germin\u00f3 d\u00e9cadas m\u00e1s tarde en generaciones de astr\u00f3nomos que retomaron la tarea de conquistar el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el siglo XX, nombres como Guillermo Haro y Arcadio Poveda -o, un poco antes, Joaqu\u00edn Gallo y Luis Enrique Erro- dieron cuerpo a esa vocaci\u00f3n. Haro, el joven rebelde que descubri\u00f3 nebulosas y objetos estelares que hoy llevan su apellido, hered\u00f3 en parte ese esp\u00edritu: la idea de que M\u00e9xico pod\u00eda mirar de t\u00fa a t\u00fa al firmamento. Y no estuvo solo. Mi querido y llorado amigo Emmanuel M\u00e9ndez Palma, en el campo de la astrof\u00edsica te\u00f3rica y observacional, consolid\u00f3 junto a Haro la presencia mexicana en foros internacionales, publicando investigaciones que ya no eran meras contribuciones espor\u00e1dicas, sino parte de una tradici\u00f3n cient\u00edfica reconocida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e9ndez Palma, disc\u00edpulo de Haro, fue el primer mexicano en doctorarse en Astrof\u00edsica en el&nbsp;<em>California Institute of Technology<\/em>. A su regreso, se incorpor\u00f3 al Instituto de Astronom\u00eda de la UNAM y m\u00e1s tarde al INAOE, donde form\u00f3 generaciones de astr\u00f3nomos y gestion\u00f3 proyectos que culminar\u00edan en el Gran Telescopio Milim\u00e9trico. Entre 1965 y 1971 fue pr\u00e1cticamente el \u00fanico usuario del espectr\u00f3grafo&nbsp;<em>Boller and Chivens<\/em>&nbsp;en Tonantzintla, salvando para la posteridad un instrumento que hoy es pieza hist\u00f3rica. Despu\u00e9s en el Conacyt verdadero, el fundado por Eugenio M\u00e9ndez Docurro y continuado por Gerardo Bueno Ziri\u00f3n, puso las bases para que generaciones de j\u00f3venes se formaran en las mejores universidades del mundo. Sus colegas lo recuerdan como generoso y obstinado, un hombre convencido de que un pa\u00eds pod\u00eda hacerse grande a fuerza de ciencia. Tuve el honor de conocerlo desde joven y compartir con \u00e9l tareas profesionales que me formaron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, los telescopios de Tonantzintla y San Pedro M\u00e1rtir pueden leerse como bisnietos de aquella misi\u00f3n decimon\u00f3nica. All\u00ed donde Covarrubias y sus colegas vieron apenas una mancha negra sobre el sol entre nubes japonesas, los astr\u00f3nomos modernos de M\u00e9xico encontraron galaxias, c\u00famulos estelares, estructuras del universo profundo. La ciencia mexicana dej\u00f3 de ser un gesto aislado y se convirti\u00f3 en instituci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al compartirme esta memoria de una haza\u00f1a mexicana que en estas fechas cumple 151 a\u00f1os, \u00c1ngel de la O la equipara a un telescopio olvidado en una vitrina polvorienta, una p\u00e1gina de memorias que nadie lee. Y sin embargo, ah\u00ed est\u00e1 el gesto esplendente: M\u00e9xico, en plena adolescencia pol\u00edtica, participando en la medici\u00f3n del universo. Y lo hizo con la certeza de que la ciencia tambi\u00e9n es una forma de patria. Ojal\u00e1 tomaran nota de esto nuestras generaciones pol\u00edticas contempor\u00e1neas.<\/p>\n\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel SemM\u00e9xico, Cd. de M\u00e9xico, 25 de agosto, 2025.- Final del formulario Acomp\u00e1\u00f1eme el lector a un viaje al pasado. 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