{"id":87909,"date":"2024-10-08T11:28:11","date_gmt":"2024-10-08T17:28:11","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=87909"},"modified":"2024-10-08T11:28:12","modified_gmt":"2024-10-08T17:28:12","slug":"el-arte-de-escribir-cartas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/el-arte-de-escribir-cartas\/","title":{"rendered":"El arte de escribir cartas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hortensia Moreno<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 8 de octubre, 2024.- Hubo un arte de escribir cartas. No sabemos desde cu\u00e1ndo se cultiva esta forma de comunicaci\u00f3n destinada, en una de sus principales modalidades, a la lectura individual, \u00edntima, incluso secreta. Pero el siglo pasado culmin\u00f3 la tradici\u00f3n con la entrega r\u00e1pida, el correo a\u00e9reo, indicado en los sobres con ribete coloreado en blanco, rojo y azul, en verde, blanco y rojo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b En el siglo XX, se logr\u00f3 articular la red m\u00e1s completa de postas a lo largo y ancho del planeta mediante esfuerzos estatales en la elaboraci\u00f3n de un servicio p\u00fablico de costo compartido entre la inmensa multitud que intercambiaba correspondencia. Las cartas se envolv\u00edan en sobres con una pesta\u00f1a engomada que se lam\u00eda para humedecerla, cerrarla y activar su capacidad de guardar el mensaje confiado al azar irreductible de las decenas de intermediarios que hab\u00eda entre el buz\u00f3n del vecindario y el destinatario final, en alg\u00fan lugar remoto del mundo, quiz\u00e1 nunca visitado por quien escrib\u00eda la carta. Las ep\u00edstolas pasaban por oficinas, transportes de tierra, mar o aire; eran recibidas en otros despachos y, finalmente, se encargaban de repartirlas los carteros, esos profesionales de la caminata y el desciframiento de direcciones en cada uno de los poblados del orbe; esos uniformados de la paz, personajes de poemas, canciones, novelas, reportajes y pel\u00edculas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b La escritura de una carta requer\u00eda de entrenamiento formal. Te lo ense\u00f1aban a hacer en la escuela. Te explicaban con ejercicios la tipolog\u00eda de las ep\u00edstolas: desde las m\u00e1s escuetas del g\u00e9nero comercial hasta las m\u00e1s floridas del g\u00e9nero amoroso, todas obedec\u00edan a reglas m\u00e1s o menos rigurosas. Una misiva empieza con el lugar donde est\u00e1 quien escribe, seguido por la fecha completa: M\u00e9xico, D. F., a 14 de junio de 1953. En seguida, se pone el nombre de la persona a quien va dirigida la carta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Louis Fleckenstein, Mujer sosteniendo una carta, ca. 1907-1943. The J. Paul Getty Museum, dominio p\u00fablico.\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXdVjWInIbteAZfF-e4l0j36p8_LYOqRqJkqobTuraA8kmecI3a4M3TWLEYjzn0jaTw0JzSDaHohwBEkTWQxjWHArxY7O55FGaUX3NYguU5w5DE9_tQOh0y2WFovr0npbLIh557VVwDvKgt4gfW6FI50zmKRVxuG0G8JaJEDxW3rnlDq5yTWSQ?key=nzYPm1qEyBQmpNIcH9dZxQ\" width=\"311\" height=\"476\">Louis Fleckenstein, <em>Mujer sosteniendo una carta<\/em>, ca. 1907-1943. The J. Paul Getty Museum, dominio p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de ep\u00edstolas establec\u00edan una relaci\u00f3n afectiva, formaban un v\u00ednculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho m\u00e1s llenas de f\u00f3rmulas, pero van al grano. Econ\u00f3micas y directas, aunque tambi\u00e9n siguen la f\u00f3rmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer rengl\u00f3n se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida Mar\u00eda, Estimado se\u00f1or P\u00e9rez, Muy se\u00f1or m\u00edo. Luego viene un p\u00e1rrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compa\u00f1\u00eda de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b Una vez desarrollado el n\u00facleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acu\u00f1a frases de incre\u00edble ret\u00f3rica: Sin m\u00e1s por el momento, le reitero las seguridades de mi m\u00e1s distinguida consideraci\u00f3n. Mientras que las cartas personales contienen la expresi\u00f3n del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por \u00faltimo el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablar\u00e1 el esp\u00edritu o atentamente: firma. Despu\u00e9s hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa peque\u00f1\u00edsima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efem\u00e9rides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas m\u00e1s o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buz\u00f3n o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buz\u00f3n de correo, el fr\u00e1gil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situaci\u00f3n geopol\u00edtica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera in\u00fatilmente. La carta se perdi\u00f3 en alguno de los puntos. El timbre no pag\u00f3 la tarifa necesaria. La direcci\u00f3n estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambi\u00f3 de casa y no dej\u00f3 sus se\u00f1as. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevaci\u00f3n. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora est\u00e1 en v\u00edas de extinci\u00f3n al sustituirlo por el correo electr\u00f3nico, por el WhatsApp, por el tel\u00e9fono, transportaba prodigios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Hab\u00eda manuales que inclu\u00edan modelos para toda ocasi\u00f3n. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o s\u00f3lo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficci\u00f3n de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relaci\u00f3n de la manera m\u00e1s pac\u00edfica posible. El mensaje se escrib\u00eda mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conoc\u00edan a la perfecci\u00f3n. En la Ciudad de M\u00e9xico, la gente que no sab\u00eda leer y escribir recurr\u00eda a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las ep\u00edstolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carb\u00f3n de las misivas que envi\u00f3 a Espa\u00f1a de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No s\u00e9 qu\u00e9 ocurri\u00f3 con esas cartas. La mayor\u00eda se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un inter\u00e9s individual, particular, temporal y relativo. Adem\u00e1s, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b La gente no tan com\u00fan ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, art\u00edstica, pol\u00edtica, hist\u00f3rica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisi\u00f3n indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la b\u00fasqueda y organizaci\u00f3n de sus archivos. De esa manera, nos enteramos <em>a posteriori<\/em> de cosas que quiz\u00e1 nadie quer\u00eda que supi\u00e9ramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Peque\u00f1as tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son m\u00e1s bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que s\u00f3lo adquieren inter\u00e9s cuando sus personajes se vuelven famosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales acad\u00e9micas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y est\u00e1n al alcance de todo p\u00fablico tienen inter\u00e9s en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente est\u00e1n deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que est\u00e1n conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas m\u00e1s o menos enigm\u00e1ticas en biograf\u00edas m\u00e1s o menos autorizadas (como la imprescindible <em>La reina de espadas<\/em> de Jazmina Barrera sobre Elena Garro).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Autor sin identificar, *A Versalles, a Versalles*, 1789. Biblioteca Nacional de Francia, dominio p\u00fablico.\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXe0FFGj-iqWW6jml-sH9d0LPL6FN8VbM9MGEfkVu93-qg3G5QP97AvRTVQr3Twkk2I59fmAOPBRnJfeRjGw4Xbx7-MpYtdlwqategv4qNwGdEk-sEvOCZAIvPqXiZyMVzAwawjqoylTYt_msAyHQVOz4f77FVyCF3twxBB1FqavLxjDyVTWIsY?key=nzYPm1qEyBQmpNIcH9dZxQ\" width=\"635\" height=\"467\">Autor sin identificar, <em>A Versalles, a Versalles<\/em> [Detalle de estampa que representa la Marcha de las mujeres sobre Versalles, 5 y 6 de octubre de 1789], 1789. Biblioteca Nacional de Francia, dominio p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b Sabemos de la vida de ciertos personajes hist\u00f3ricos porque mantuvieron una correspondencia; en ella relataron el d\u00eda a d\u00eda de sus existencias, seguramente sin imaginar que sus cartas se mover\u00edan no s\u00f3lo en el espacio, sino tambi\u00e9n en el tiempo. Uno de esos personajes es Mary Wollstonecraft. Desde muy joven, Mary intercambi\u00f3 una nutrida comunicaci\u00f3n escrita con sus amigas y amigos, su familia, sus amores. Ah\u00ed, narra tanto los detalles de su acontecer cotidiano como algunas de las reflexiones que en otros momentos plasm\u00f3 en textos destinados a la imprenta. La recuperaci\u00f3n de esos documentos se la debemos a Janet Todd, quien, a finales del siglo pasado, escudri\u00f1\u00f3 en los archivos y se ley\u00f3 todo el correo conservado de la autora, para escribir <em>Mary Wollstonecraft: A Revolutionary Life<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b Lo que vuelve importante a Wollstonecraft para nosotras es que ha sido considerada una de las madres del feminismo. Entre sus obras, destaca la <em>Vindicaci\u00f3n de los derechos de la mujer<\/em> (1792), publicado por la editorial Debate en la colecci\u00f3n \u201cSiete libros que hay que leer para entender el siglo XX\u201d; su <em>Vindicaci\u00f3n<\/em> es el \u00fanico libro escrito por una persona del siglo XVIII que est\u00e1 en esa lista; tambi\u00e9n es el \u00fanico escrito por una mujer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b Adem\u00e1s de ser autora de esa obra y varias m\u00e1s, la vida de Wollstonecraft es interesante porque rompi\u00f3 con varias convenciones sociales de su tiempo. Naci\u00f3 en Inglaterra en 1759. A los diecinueve a\u00f1os se fue de casa y obtuvo un empleo como dama de compa\u00f1\u00eda. M\u00e1s adelante, a los veinticuatro, fund\u00f3 una escuela. A los veintisiete, escribi\u00f3 su primer libro y conoci\u00f3 a Joseph Johnson, quien se convertir\u00eda en su editor y benefactor. Tambi\u00e9n trabaj\u00f3 como institutriz. En 1787, redact\u00f3 su primera novela. A los veintiocho la despidi\u00f3 su empleadora y se qued\u00f3 en la calle. Tuvo entonces que ganarse la vida con su pluma. A partir de ese momento, form\u00f3 parte del grupo de intelectuales alrededor de la revista <em>Analytical Review<\/em>. En la \u00e9poca de la aparici\u00f3n de la <em>Vindicaci\u00f3n de los derechos de la mujer<\/em> \u2014dos a\u00f1os y medio despu\u00e9s de la toma de la Bastilla\u2014, Wollstonecraft ya era una escritora reconocida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b En agosto de 1792, Johnson le propuso que fuera a Francia y atestiguara el proceso revolucionario de primera mano. Lleg\u00f3 a Par\u00eds a mediados de diciembre y ah\u00ed se enamor\u00f3 de Gilbert Imlay, un aventurero capit\u00e1n estadounidense con quien vivi\u00f3 en uni\u00f3n libre y tuvo una hija.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b Un ejemplo estremecedor de la escritura de Wollstonecraft se encuentra en una carta dirigida a su editor, en diciembre de 1792. Luis XVI, el monarca depuesto, estaba detenido en un templo, cerca de la casa donde ella se alojaba. Desde all\u00ed, presenci\u00f3 el paso del rey camino a su juicio:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cerca de las nueve de esta ma\u00f1ana, el rey pas\u00f3 bajo mi ventana, movi\u00e9ndose silenciosamente solo (excepto por los redobles del tambor que volv\u00edan la quietud todav\u00eda m\u00e1s tenebrosa) a trav\u00e9s de las calles vac\u00edas, rodeado de guardias nacionales que, alrededor del carruaje, parec\u00edan merecer su nombre. La gente se asomaba por las ventanas, pero los postigos estaban cerrados, no se o\u00eda una voz ni vi ninguna cosa parecida a un gesto insultante. Por primera vez desde que llegu\u00e9 a Francia, salud\u00e9 la majestad de la gente y respet\u00e9 la propiedad de una conducta tan perfectamente al un\u00edsono con mis propios sentimientos. Escasamente puedo decirle por qu\u00e9, pero una asociaci\u00f3n de ideas me hizo derramar l\u00e1grimas insensiblemente cuando vi a Luis sentado, con m\u00e1s dignidad de la que yo esperaba de su car\u00e1cter, en un coche de alquiler al encuentro de la muerte, donde tantos de su estirpe hab\u00edan triunfado. Fantase\u00e9 instant\u00e1neamente a Luis XVI ante m\u00ed, entrando a la capital con toda su pompa, despu\u00e9s de una de las victorias que m\u00e1s halagaron su orgullo, s\u00f3lo para ver el brillo de la prosperidad ensombrecido por el resplandor sublime de la miseria. He estado sola desde entonces; y, aunque mi mente est\u00e1 en calma, no puedo deshacerme de las v\u00edvidas im\u00e1genes que han llenado mi imaginaci\u00f3n todo el d\u00eda. No, no sonr\u00eda, tenga l\u00e1stima de m\u00ed; una o dos veces, al quitar los ojos del papel, he visto brillar unos ojos a trav\u00e9s de la puerta de vidrio que est\u00e1 enfrente de mi silla, y unas manos sangrientas sacudirse ante m\u00ed. No puedo o\u00edr ni el distante sonido de un paso. Mi apartamento est\u00e1 lejos del de los sirvientes, las \u00fanicas personas que duermen conmigo en un inmenso edificio, del otro lado de una puerta que se cierra detr\u00e1s de otra. \u00a1Ojal\u00e1 me hubiera quedado con el gato! Quiero ver algo vivo; la muerte en tantas aterradoras formas se ha apoderado de mi fantas\u00eda. Me voy a la cama y, por una vez en la vida, no voy a apagar la vela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b De regreso en Inglaterra, despu\u00e9s de romper con Imlay, hacia el invierno de 1795, y tras un viaje por la regi\u00f3n n\u00f3rdica, Wollstonecraft escribi\u00f3 su mejor libro, <em>Cartas desde Suecia<\/em>. Johnson lo public\u00f3 al inicio de 1796. Dentro de su c\u00edrculo de amigos en Londres, el fil\u00f3sofo William Godwin qued\u00f3 fascinado: \u201cSi alguna vez hubo un libro calculado para hacer que un hombre se enamorara de su autora, a m\u00ed me parece que \u00e9ste es el libro\u201d. As\u00ed fue como Wollstonecraft y Godwin entraron en una relaci\u00f3n amorosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Autor sin identificar, carta, principios del siglo XIX. The Metropolitan Museum of Art, dominio p\u00fablico.\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXcNjGIgvUfDidW1RuEDbfEOf15ImX4r-PS5WcEJR0ZOta1zldfLHeDWwxCmcAQvKD1W1oVXOGHWMgDjhsbiS6XYITZlw26mn6HalyQTNERFhhlDg4wPD0QZ0_9qhPECtKbDZxYaroQ9Eap0rEOkBQ6yy5e2sVTOJhoq83Uy1TNHIeyjstOZwhc?key=nzYPm1qEyBQmpNIcH9dZxQ\" width=\"538\" height=\"692\">Autor sin identificar, carta, principios del siglo XIX. The Metropolitan Museum of Art, dominio p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b En el siglo XXI, el advenimiento de las computadoras y de la web han modificado de manera sustantiva la pr\u00e1ctica epistolar. Quiz\u00e1s en tiempos futuros siga habiendo investigaciones para reconstruir las vidas de la gente importante. \u00bfA qu\u00e9 se van a enfrentar quienes se inmiscuyan en nuestras actuales correspondencias? A la tarea tit\u00e1nica de descifrar demasiados mensajes preservados en la nube. Al caos de las redes sociales. A los nuevos documentos, tan claramente descendientes de la tradici\u00f3n y tan distintos de aquellas cartas que tuvieron su auge en el siglo pasado. (Creo que en las computadoras no hacemos nada nuevo, s\u00f3lo repetimos lo que ya se hizo. Pero el medio es el mensaje, ya lo dijo Marshall McLuhan.) Las cartas por correo electr\u00f3nico del siglo XXI traen consigo los datos laboriosos sin que tengamos que ponerlos: el lugar desde donde se emiten, la fecha y la hora en minutos, el destinatario y el firmante. Adem\u00e1s le agregamos otros: el asunto, los mensajes precedentes, la copia m\u00faltiple, la copia ciega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b La gente sigue escribiendo cartas. Quiz\u00e1 ya no con la conciencia de que escribirlas sea un arte. Pero s\u00ed con la misma necesidad. De pronto esperamos en vano la respuesta a un correo electr\u00f3nico \u2014comercial, administrativo, personal, acad\u00e9mico\u2014 y nos preguntamos cu\u00e1l es el infortunio que se le atraves\u00f3 en el camino: \u00bfdigit\u00e9 bien la direcci\u00f3n o ser\u00e1 que cambi\u00f3 de correo o se le fue a la bandeja de <em>spam<\/em> o simplemente no me va a contestar porque ya no me quiere? Y luego est\u00e1 el WhatsApp, al que ni siquiera me atrevo a incluir en la categor\u00eda. El arte perdido, el arte agonizante. El no arte. El mensaje instant\u00e1neo, las palomitas azules que me dejan en visto, la proliferaci\u00f3n infame de cursiler\u00eda infinita. Los <em>emojis<\/em>. Los <em>stickers<\/em>. Los avatares. Los memes. Los <em>links<\/em>. Los mensajes reenviados muchas veces. Los chats de grupos selectos y los de grupos indiscriminados. Los de trabajo, los de familia, los comerciales, los personales, los amorosos, los del chisme, los de la conspiraci\u00f3n. Los mensajes de voz. Ese marem\u00e1gnum de bits que inunda todos los d\u00edas mi tel\u00e9fono cuando en realidad yo \u00fanicamente quisiera eficacia comunicativa: nos vemos a tal hora en tal lugar, \u00bfa d\u00f3nde te deposito?, hay un embotellamiento de proporciones b\u00edblicas, ya le\u00ed tu rollo, \u00bfllevo tortillas?, por favor cierra mis ventanas porque est\u00e1 diluviando. En lugar de la reiteraci\u00f3n conmovedora, sin duda, pero in\u00fatil de ese mensaje que al final de cuentas s\u00f3lo quiere asegurar que sigo aqu\u00ed, que estoy viva: feliz ombligo de semana, buenas noches, buenos d\u00edas, ya es viernes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hortensia Moreno SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 8 de octubre, 2024.- Hubo un arte de escribir cartas. No sabemos desde cu\u00e1ndo se cultiva esta forma de comunicaci\u00f3n destinada, en una de sus principales modalidades, a la lectura individual, \u00edntima, incluso secreta. 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