{"id":81117,"date":"2024-05-07T12:43:37","date_gmt":"2024-05-07T18:43:37","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=81117"},"modified":"2024-05-07T15:50:21","modified_gmt":"2024-05-07T21:50:21","slug":"escribir-con-el-presente-archivos-fronteras-y-cuerpos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/escribir-con-el-presente-archivos-fronteras-y-cuerpos\/","title":{"rendered":"Escribir con el presente: archivos, fronteras y  cuerpos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>*Reproducimos el Discurso de Cristina Rivera Garza del 26 de agosto de 2023, cuando ingres\u00f3 a El Colegio Nacional\u00a0<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CRISTINA RIVERA GARZA*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 8 de mayo, 2024.-Un poco despu\u00e9s de 1901, una pareja de campesinos sin tierra emprendi\u00f3 la caminata desde el altiplano potosino hasta el norte de Coahuila, donde esperaban encontrar empleo en las minas de carb\u00f3n entre Barroter\u00e1n y Nueva Rosita, cerca de la frontera con Estados Unidos. Se dejaron guiar por las v\u00edas del tren, que desde 1888 pasaban ya junto a Venado, y por los rumores que se abalanzaban desde los caminos de tierra y se met\u00edan con el viento hasta sus casas: all\u00e1 s\u00ed hay para comer, siempre hay trabajo, la paga es buena. All\u00e1 no es como aqu\u00ed. Tal vez se echaron a andar una tarde de primavera, cuando se dieron cuenta de que ni el ma\u00edz ni el frijol se dar\u00edan esta vez. Quiz\u00e1 arrancaron su larga caminata una ma\u00f1ana de verano, d\u00edas despu\u00e9s de otra cosecha \u00ednfima, calculando que entonces las peripecias del clima no se sumar\u00edan a las amenazas propias de la traves\u00eda. Tal vez se siguieron por Real de Catorce para llegar, luego, a Estaci\u00f3n Vanegas. O tal vez tomaron rumbo a Matehuala, por el Cedral. De cualquier manera, tendr\u00edan que atravesar la Gran Guachichila, esa extensi\u00f3n territorial de Aridoam\u00e9rica por la que alguna vez hab\u00edan cabalgado, libres y n\u00f3madas, las cabezas rojas de los guachichiles, y que ahora se abr\u00eda en caminos que conduc\u00edan hacia pueblos como Matehapil, San Juan del Retiro, San Juan De las Ra\u00edces, Huachichil, Saltillo. Una vez ah\u00ed, acaso avanzaron poco a poco, exhaustos y a tientas, durmiendo en cuevas y ofreciendo sus brazos en haciendas o estancias, antes de llegar a los minerales donde se asentar\u00edan por unos a\u00f1os.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las sequ\u00edas constantes de fines de siglo XIX, especialmente la m\u00e1s terrible de 1896, los hab\u00edan expulsado lenta pero inexorablemente de las regiones agr\u00edcolas que rodeaban a Venado para lanzarlos por temporadas completas hacia las minas de plata por Charcas y Real de Catorce. Sab\u00edan lo que era el hambre, la oscuridad de los tajos, el peligro del derrumbe. La inminencia de la asfixia. Hab\u00edan visto morir a muchos y alejarse, para siempre, a tantos m\u00e1s. Tal vez habr\u00edan continuado as\u00ed, pero se hab\u00edan casado en el verano de 1898 y, un a\u00f1o m\u00e1s tarde, en el oto\u00f1o de 1899, vieron nacer a su primer hijo. Apenas un mes despu\u00e9s, entre v\u00f3mitos y deshidrataci\u00f3n, lo vieron morir tambi\u00e9n. Se lo hab\u00eda llevado la disenter\u00eda, una enfermedad curable que, sin embargo, era una condena a muerte en la comunidad ind\u00edgena a la que pertenec\u00edan.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los nombres de esa pareja de migrantes, que ahora podr\u00edamos denominar como refugiados clim\u00e1ticos, eran Jos\u00e9 Mar\u00eda Rivera Do\u00f1ez y Mar\u00eda Asunci\u00f3n V\u00e1sques, mis abuelos paternos. Y Florentino era el nombre de su primer hijo, similar al del gobernador guachichil Felipe Florentino del barrio de San Jer\u00f3nimo de Agua Hedionda quien, despu\u00e9s de participar en el gran tumulto de 1767 contra la corona, fue condenado a la pena capital junto con doce rebeldes m\u00e1s. Ahorcado primero y decapitado despu\u00e9s, la cabeza de Felipe Florentino fue colgada de una picota, la cual instalaron frente a su casa luego de derribarla y de salar la tierra donde se asentaba. Tanto su mujer como sus hijos fueron expulsados de su pueblo, y sus descendientes condenados a no regresar jam\u00e1s.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Habr\u00e1n notado la gran cantidad de incertidumbre, materializada en la repetici\u00f3n de los \u201ctal vez\u201d, \u201cquiz\u00e1\u201d, \u201cacaso\u201d, que se desprende de los p\u00e1rrafos anteriores. Todos estos a\u00f1os despu\u00e9s de haber llevado a cabo la investigaci\u00f3n que result\u00f3 en la escritura y eventual publicaci\u00f3n <em>Autobiograf\u00eda del algod\u00f3n<\/em>, el libro en el que primero explor\u00e9 estos sucesos, todav\u00eda dudo, todav\u00eda tengo que hacer una pausa y poner todo en cuesti\u00f3n. \u00bfPero realmente fue as\u00ed? \u00bfEstoy haciendo honor a la verdad u honor a la ficci\u00f3n, o deshonro a ambas, cuando produzco una escena de la que no fui parte y que reconstruyo a cuentagotas, laboriosamente, muy cerca del trabajo meticuloso de investigadores y archivistas, gracias a la existencia documentos a\u00f1ejos? \u00bfHago bien en sugerir, a trav\u00e9s de la repetici\u00f3n de un nombre propio, una conexi\u00f3n a trav\u00e9s del tiempo y del espacio, bien anclada en la memoria colectiva, entre el destierro de la familia y descendientes de un guachichil tumultuario de finales del siglo XVIII y la destituci\u00f3n de mis antepasados a inicios del XX? Y, m\u00e1s al punto, \u00bfes posible, desde el siglo XXI, dar cuenta cabal de esa realidad que incluye el drama del territorio y el drama de la migraci\u00f3n? \u00bfEs posible del todo organizar los vocablos, las oraciones, los signos de puntuaci\u00f3n, los p\u00e1rrafos o los versos para que quepan ah\u00ed los cuerpos de los hombres y las mujeres pobres que, un buen d\u00eda, emprenden un viaje sin retorno, y del territorio \u00e1rido, siempre expansivo, sobre el que afincan sus pies, y los cultivos y minerales con los que entran en una relaci\u00f3n carnal y asim\u00e9trica, y tantas veces cruel, que, sin embargo, les asegura un lugar sobre el planeta?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas preguntas me han atareado y me han puesto simult\u00e1neamente en alerta por a\u00f1os enteros. A todas ellas, de una u otra manera, he respondido con un sonoro s\u00ed en <em>Hab\u00eda mucha neblina o humo o no s\u00e9 qu\u00e9<\/em>, <em>Autobiograf\u00eda del algod\u00f3n<\/em>, y <em>El invencible verano de Liliana<\/em>\u2014libros que he publicado en lo que llevamos del siglo XXI, y que oscilan entre la ficci\u00f3n y la no ficci\u00f3n, vali\u00e9ndose de la investigaci\u00f3n de campo e investigaci\u00f3n de archivo, de la entrevista y la rescritura, para aproximarse lo m\u00e1s cerca posible a experiencias de acumulaci\u00f3n y de justicia que, que m\u00e1s que estar a punto de difuminarse, han quedado sedimentadas, materialmente, en las capas de tierra y en las capas de la atm\u00f3sfera que me alientan a manifestarlas como preguntas en primer lugar.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dicen f\u00e1cil todos estos conceptos, pero cada uno de ellos\u2014la ficci\u00f3n y no ficci\u00f3n, investigaci\u00f3n y escritura, sedimento y acumulaci\u00f3n, tierra y atm\u00f3sfera, y archivo y materialidad\u2014llevan dentro de s\u00ed discusiones largas. Vayamos por partes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">LOS ARCHIVOS INCOMPLETOS&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jos\u00e9 Revueltas ten\u00eda apenas 19 a\u00f1os cuando lleg\u00f3, a caballo, hasta Estaci\u00f3n Camar\u00f3n, un poblado que quedaba a unos 15 kil\u00f3metros de la frontera con Estados Unidos donde hab\u00eda estallado una huelga que amenazaba la producci\u00f3n algodonera de toda la regi\u00f3n. Era la primavera de 1934 y Revueltas, que era un militante comunista y todav\u00eda no el escritor que llegar\u00eda a ser, se emocionaba ante la posibilidad de una transformaci\u00f3n radical de su entorno. Pronto, en las cartas que escribi\u00f3 a su familia, comparti\u00f3 sus andanzas en bailes y comidas, as\u00ed como su febril entusiasmo por una movilizaci\u00f3n de trabajadores agr\u00edcolas que pon\u00eda en jaque al Sistema de Riego N\u00famero 4 y los bancos ejidales que \u201crefaccionaban\u201d a los agricultores, abriendo la posibilidad de un cambio radical. Aunque su funci\u00f3n oficial era \u201corganizar a las masas\u201d, Revueltas se dedic\u00f3 a hacer preguntas y a tomar copiosas notas sobre el curioso experimento estatal que consist\u00eda en extender los l\u00edmites del desierto a trav\u00e9s de la instauraci\u00f3n de la agricultura, especialmente la producci\u00f3n de algod\u00f3n, para lo cual distintos gobiernos postrevolucionarios hab\u00edan invertido en infraestructura pesada, como la construcci\u00f3n de presas\u2014especialmente en este caso la Presa Don Mart\u00edn, inaugurada en 1927\u2014as\u00ed como en la reforma agraria, por medio de la dotaci\u00f3n de tierra ejidal y de peque\u00f1a propiedad privada para migrantes del sur de M\u00e9xico y deportados provenientes de los Estados Unidos. Con base en esas notas, y los recuerdos de la persecuci\u00f3n de la que tanto \u00e9l y sus amigos comunistas fueron objeto\u2014una persecuci\u00f3n que lo llev\u00f3 por c\u00e1rceles de Tamaulipas y Nuevo Le\u00f3n, hasta terminar en el penal de las islas Mar\u00edas\u2014Revueltas escribi\u00f3 <em>Los muros de agua<\/em>, su primera novela, en 1941, as\u00ed como <em>El luto humano<\/em>, publicada dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1943.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los an\u00e1lisis sobre <em>El luto humano<\/em> no son pocos en la historia literaria de M\u00e9xico. Algunos estudiosos se han centrado, y con justa raz\u00f3n, en el car\u00e1cter eminentemente pol\u00edtico de la obra de Revueltas, mientras que otros le han puesto atenci\u00f3n a la dimensi\u00f3n filos\u00f3fica de su pensamiento acerca de la muerte, que lo empa\u00f1a todo desde las escenas inaugurales de esta novela: ah\u00ed est\u00e1, blanca, sobre la silla, lista para entrar bajo el mosquitero e introducirse en, Revueltas usa el verbo confundirse con, el cuerpo infantil de Chonita, quien respira trabajosamente bajo la mirada aturdida, \u201cinteligente de pesar\u201d, de Cecilia, su madre. No se ha hecho suficiente hincapi\u00e9, sin embargo, en la experiencia personal de Revueltas en los campos algodoneros de la frontera norte de M\u00e9xico aquella primavera de 1934, en lo que algunos denominar\u00edan ahora, desde distintas disciplinas, como su acci\u00f3n participativa o investigaci\u00f3n de campo o, incluso, su pr\u00e1ctica etnogr\u00e1fica. Los telegramas en los que qued\u00f3 asentada la comunicaci\u00f3n entre autoridades locales y estatales mientras se organizaban para responder a lo que consideraban como \u201camenaza comunista\u201d no solo constituyen una prueba fehaciente de la presencia de Revueltas en el \u00e1rea sino tambi\u00e9n de la existencia misma de una huelga que, aunque seg\u00fan los activistas conmin\u00f3 a unos 5,000 trabajadores agr\u00edcolas, no aparece en los registros oficiales ahora albergados en distintos archivos de la regi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Contrario al reconocimiento que ha generado a lo largo de los a\u00f1os, los primeros comentarios sobre <em>El luto humano<\/em> fueron circunspectos, sino es que francamente recelosos. Tanto Octavio Paz como Jos\u00e9 Luis Mart\u00ednez y Juan Jos\u00e9 Arreola desconfiaban, entre otras cosas, de la pluralidad de g\u00e9neros discursivos empleados en la narrativa. Algunos notaron la incorporaci\u00f3n de largo p\u00e1rrafos explicativos, especialmente en lo referente a la estructuraci\u00f3n del Sistema de Riego o al proceso de siembra y cosecha del algod\u00f3n, como defectos asociados al talante pol\u00edtico del autor, dispuesto a romper con el discurso propiamente literario con fragmentos m\u00e1s bien sociol\u00f3gicos, en lugar de apreciar, como lo hace desde el presente el investigador Antonio Cajero, \u201cel car\u00e1cter innovador\u2026 a caballo entre la poes\u00eda, el ensayo y la novela\u2026 [y la combinaci\u00f3n de] discursos b\u00edblicos, panfletarios, hist\u00f3ricos\u201d presentes en <em>El luto humano<\/em>. Me detengo aqu\u00ed precisamente porque en esa colindancia cr\u00edtica, a contracorriente de tradiciones y modas de su momento, se tocan e increpan la ficci\u00f3n y la no ficci\u00f3n creativa en modos que nos hablan directamente a nuestros d\u00edas. Traigo a colaci\u00f3n <em>El luto humano<\/em> aqu\u00ed, pues, no s\u00f3lo porque en este texto se registra la presencia de Revueltas en los campos de algod\u00f3n donde, quiero creerlo as\u00ed, se encontr\u00f3 con mis abuelos paternos y maternos que se asentaron ah\u00ed hasta 1937, sino tambi\u00e9n y sobre todo porque su participaci\u00f3n personal en la huelga Ferrara incit\u00f3, \u00bfdeber\u00eda decir provoc\u00f3?, un experimento literario que resulta especialmente significativo para las lecturas de hoy.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El t\u00edtulo original de <em>El luto humano<\/em> fue <em>Las huellas habitadas<\/em>, una frase contradictoria y fat\u00eddica al mismo tiempo porque, si las huellas por definici\u00f3n son se\u00f1a de lo que no est\u00e1, \u00bfen qu\u00e9 se convierten cuando vuelven a ofrecerse en habitaci\u00f3n a otros? \u00bfUn territorio zombie? \u00bfUna llamada a la resurrecci\u00f3n? Tal vez \u201cEl escritor y la tierra\u201d, un texto de apenas un par de p\u00e1ginas que Revueltas ley\u00f3 en una comida organizada por el PEN el 3 marzo de 1943, y que luego public\u00f3 en <em>El Popular<\/em> al d\u00eda siguiente, y tambi\u00e9n a\u00f1os despu\u00e9s, el 2 de febrero de 1947, en el suplemento cultural de <em>El Nacional<\/em>, nos pueda dar visos de la relaci\u00f3n entre cuerpo, territorio y escritura en la obra revueltiana. Todo lo que tiene cuerpo tiene una ubicaci\u00f3n sobre la tierra, nos recordaba Revueltas en este ensayo: la piedra, el pez, los \u00e1rboles, nosotros mismos. Esa ubicaci\u00f3n delata nuestra pertenencia a una tierra radical y estructuralmente compartida. No hay tabula rasa. Nuestros pies se acoplan, sabi\u00e9ndolo o no, a las huellas producidas por otros: humanos y no humanos por igual. Siempre hubo alguien o algo antes aqu\u00ed. La huella como resto, como se\u00f1a de una presencia ahora ausente, genera de manera ineludible la pregunta sobre la pertenencia, volvi\u00e9ndola una \u201ccuesti\u00f3n ardiente\u201d, es decir, pol\u00edtica. Desentra\u00f1ar esa pertenencia, lanzarle interrogantes a esa pertenencia, es la misi\u00f3n de la escritora en tanto ser con cuerpo. Y aqu\u00ed se mezcla la materialidad de la experiencia con la materialidad del lenguaje con el componente siempre explosivo de la imaginaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la serie de ensayos sobre raza y escritura que la poeta norteamericana Claudia Rankine congreg\u00f3 en <em>The Racial Imaginary <\/em>argumenta que \u201cnuestra imaginaci\u00f3n es una criatura tan limitada como nosotros mismos. La imaginaci\u00f3n no es un reino especial y sin filtros que trasciende las toscas realidades de nuestras vidas y mentes\u201d. De hecho, pensar que \u201cla imaginaci\u00f3n no es parte de \u00b4m\u00ed\u00b4, que no es creada por la misma red y matriz de historia y cultura que me hizo a \u00b4m\u00ed\u00b4\u201d equivale a decir que la imaginaci\u00f3n es ahist\u00f3rica e inmaterial, una utop\u00eda post-ideol\u00f3gica donde no cabe la refriega de los cuerpos en toda su compleja materialidad. La imaginaci\u00f3n, quiero argumentar, no es un atributo de la ficci\u00f3n sino el rasgo intr\u00ednseco a toda pr\u00e1ctica de escritura, es m\u00e1s: a toda pr\u00e1ctica de lectura. Ni los relatos orales ni los documentos escritos saltan por s\u00ed solos de su soporte material, ingresando, inc\u00f3lumes, en el sistema de percepci\u00f3n humano, donde ser\u00edan consumidos. Muy por el contrario, la imaginaci\u00f3n juega un papel fundamental tanto en el contexto en el que ese contacto (escritura: lectura) se produce como en la memoria colectiva y personal que su presencia activa. En ese sentido toda escritura es escritura de la imaginaci\u00f3n. Se trata, por supuesto, de una imaginaci\u00f3n acuerpada que nace, se complica o desfallece gracias a, o en contra de, los mismos vectores de poder que estructuran nuestras vidas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada vez tiene menos sentido hablar de una separaci\u00f3n estricta entre ficci\u00f3n y no ficci\u00f3n. Ya Josefina Ludmer, la cr\u00edtica argentina, denomin\u00f3 como literaturas post-aut\u00f3nomas a aquellas que, partiendo de y acuerpando la realidadficci\u00f3n que nos constituye, se inscriben de manera ambivalente tanto dentro como fuera de lo literario. Menos preocupadas por asentir a las \u201cleyes internas del campo\u201d o a interrelacionarse con otras esferas, como lo econ\u00f3mico y lo pol\u00edtico, por ejemplo, como si se trataran de unidades discretas, son escrituras a las que poco les ha importado adquirir el ep\u00edteto de literarias y de las que no se puede decir con precisi\u00f3n si son ficci\u00f3n o recuento de los hechos. La funci\u00f3n de esas escrituras era, y es, en cambio, producir presente. En muchos sentidos, estas literaturas pos-aut\u00f3nomas comparten el esp\u00edritu irreverente y combativo de los relatos que eligen \u201cquedarse con el problema\u201d, como lo enuncia la pensadora Donna Haraway al referirse al reto de construir una vida y una simpoiesis en cercana colaboraci\u00f3n con entes humanos y no humanos con los que compartimos un planeta da\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le\u00edda como una operaci\u00f3n literaria en la que la ficci\u00f3n y la no ficci\u00f3n cumplen funciones igualmente cruciales, y en la que la ubicaci\u00f3n, es decir, la pertenencia humana y no-humana a una tierra radicalmente compartida constituye una \u201ccuesti\u00f3n ardiente\u201d, <em>El luto humano<\/em> es menos pol\u00edtica debido a la ideolog\u00eda de su autor en tanto militante comunista, y m\u00e1s por la red de relaciones materiales que expone y problematiza en grados de absoluta concreci\u00f3n. Como lo he discutido antes, tanto las alianzas como el encono entre los complejos personajes que atestiguan los estertores \u00faltimos de un pueblo otrora productivo corren el riesgo de volverse simples parapetos esencialistas o psicologizantes si no se toma en cuenta su relaci\u00f3n org\u00e1nica con el drama material del desierto norte\u00f1o a inicios del siglo XX: la lucha entre la tierra \u00e1rida y la imposici\u00f3n de la agricultura, en tanto un proyecto de estado posrevolucionario; la lucha entre los trabajadores agr\u00edcolas y las nuevas formas de desigualdad generadas por el proceso de colonizaci\u00f3n; la lucha entre los que insist\u00edan en reproducir jerarqu\u00edas del pasado y aquellos que avizoraban una sociedad m\u00e1s justa a trav\u00e9s de la organizaci\u00f3n colectiva de la huelga. Esta exploraci\u00f3n profunda de la ubicaci\u00f3n como pertenencia, o de la pol\u00edtica de la huella, tiene, por otra parte, la virtud de introducir a la novela en marco de la hist\u00f3rica de la literatura norte\u00f1a, a\u00fan m\u00e1s: fronteriza, dentro del canon mexicano. Tal vez solo un testigo presencial, un observador puntual de las relaciones humanas, pudo distinguir con tanta sagacidad el sedimento ind\u00edgena en los rostros y manos de los campesinos sin tierra y los deportados que coincidieron en uno de los proyectos econ\u00f3micos m\u00e1s fruct\u00edferos, y de consecuencias ecol\u00f3gicas m\u00e1s devastadoras, de inicios del siglo XX en M\u00e9xico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la novela as\u00ed entendida no solo se detiene ah\u00ed, problematizando las condiciones de la pertenencia desde el punto de vista humano. Porque Revueltas le reconoce una ubicaci\u00f3n concreta y precisa tambi\u00e9n a lo inerte y lo menudo, como la piedra, y a la estructura planetaria que sostiene la oscilaci\u00f3n de la tierra misma, <em>El Luto humano<\/em> no pocas veces es visto y ve desde el \u00e1ngulo de Urano o desde ese tiempo, que Revueltas define como tiempo denso, que se pervive antes y despu\u00e9s de la muerte en cuanto tal. No ser\u00eda descabellado incluir entonces a <em>El luto humano<\/em> como un ejemplo de las textualidades que, al decir del cr\u00edtico catal\u00e1n Jordi Carri\u00f3n, ha ido generando el inter\u00e9s por y el contacto con la astrogeolog\u00eda, una disciplina que, por cierto, no le era extra\u00f1a a ese joven Jos\u00e9 Revueltas que albergaba la ilusi\u00f3n brutal de escribir una historia material del mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">LOS ARCHIVOS DE LA TIERRA DEL EN-MEDIO&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al comienzo de <em>Borderlands\/La frontera. The New Mestiza<\/em>, el libro que transform\u00f3 la manera en que investig\u00e1bamos, e incluso conceb\u00edamos, a la frontera entre M\u00e9xico y Estados Unidos, la autora chicana Gloria Anzald\u00faa cuenta como, al igual que les aconteci\u00f3 a mis abuelos paternos, una sequ\u00eda afect\u00f3 radicalmente la historia migratoria de su n\u00facleo familiar a inicios del siglo XX. Viuda y con 8 hijos, la abuela de Anzald\u00faa fue presa f\u00e1cil de depredadores inmobiliarios quienes, aduciendo falta de pago de impuestos, confiscaron su tierra. La desposesi\u00f3n, narra Anzald\u00faa, fue social y no solo personal, aconteciendo de manera paralela a la creciente violencia, que inclu\u00eda tanto persecuciones como los linchamientos contra m\u00e9xico-americanos y chicanos que se sucedieron consuetudinariamente de California a Texas desde 1848, despu\u00e9s del Tratado de Guadalupe, hasta inicios del siglo XX. Pronto, el sur de Texas pas\u00f3 de ser una agricultura de temporal a una de riego, regida por grandes corporaciones que, adem\u00e1s, contrataron como trabajadores asalariados o como <em>sharecroppers<\/em> a los agricultores ya sin tierra. Como la vida de tantas familias fronterizas, la historia de los Anzald\u00faa estuvo \u00edntimamente ligada a los vaivenes del algod\u00f3n, y fue ah\u00ed precisamente, en un campo de algod\u00f3n, mientras ella \u201cwas chopping cotton\u201d, que la joven Gloria Anzald\u00faa tuvo su primer encuentro con la mordida de la serpiente de la que, en su propia genealog\u00eda espiritual, provino su fuerza, su sentido de pertenencia y, en conjunto, su cambiante identidad f\u00edsica y cultural.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Publicado en 1987, 45 a\u00f1os despu\u00e9s de su nacimiento en 1942, <em>Borderlands<\/em> se convirti\u00f3 poco a poco en un hito intelectual. Escrito en ingl\u00e9s y en espa\u00f1ol, y tocado tambi\u00e9n por algunas de las lenguas ind\u00f3ciles practicados en la frontera, a saber, ingl\u00e9s o espa\u00f1ol est\u00e1ndar, ingl\u00e9s en slang, espa\u00f1ol mexicano, espa\u00f1ol norte\u00f1o, chicano, tex-mex y pachuco o cal\u00f3, <em>Borderlands<\/em> maniobr\u00f3 as\u00ed, por principio de cuentas, contra el terrorismo ling\u00fc\u00edstico que engendr\u00f3 una tradici\u00f3n monoling\u00fce de silenciamiento a la que Anzald\u00faa aborrec\u00eda. El libro tambi\u00e9n intercalaba p\u00e1rrafos y versos libremente, citas de la alta teor\u00eda y pedazos de corridos o dichos, ofreciendo una serie de recuentos hist\u00f3ricos, ensayos acad\u00e9micos, textos autobiogr\u00e1ficos, as\u00ed como reflexiones ling\u00fc\u00edsticas y apartados terap\u00e9uticos que, yuxtapuestos unos contra otros, en constante y ardua interacci\u00f3n, no se limitaban a explorar el tema de la frontera, sino que la encarnaban propiamente en el lenguaje mismo. Como lo ha propuesto la experimentalista Gertrude Stein, la escritura aqu\u00ed era menos acerca de algo y m\u00e1s una manera de encarnar materialmente ese algo. Lo que hac\u00eda la diferencia tanto entonces como ahora era la composici\u00f3n y el sentido del tiempo, a\u00fan m\u00e1s, de su propio tiempo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el inicio, pues, <em>Borderlands<\/em> fue menos un texto sobre la frontera y m\u00e1s un libro fronterizo en toda la extensi\u00f3n de la palabra. Se trata, sin duda, de un claro ejemplo que lo que he venido llamando escrituras colindantes: aquellas que utilizan estrategias asociadas a un g\u00e9nero literario para interrogar, o de plano hacer explotar, los confines de otro. No son textos h\u00edbridos porque su af\u00e1n \u00faltimo no es producir una mezcla arm\u00f3nica ni tampoco son textos inclasificables porque, con tantos a cuestas, ya constituyen en s\u00ed mismos una clasificaci\u00f3n, pero siguen siendo escrituras inc\u00f3modas que ponen en juego las narrativas establecidas para lanzar desde ah\u00ed las preguntas sobre la acumulaci\u00f3n y la justicia. Se trata, incluso y tambi\u00e9n, de un ejemplo de lass escrituras que he denominado como geol\u00f3gicas debido al esfuerzo cr\u00edtico y eminentemente material por identificar y examinar las capas de experiencia que se han superpuesto una sobre otra bajo nuestros pies o una sobre otra en el aire que respiramos hasta dar la apariencia de ser el orden natural de las cosas. Me queda claro que, tal como lo argumentaba la cr\u00edtica Kathryn Yusoff, es necesario \u201cponer al descubierto la vida social de la geolog\u00eda\u201d \u2014en tanto lenguaje y en tanto pr\u00e1ctica de acumulaci\u00f3n y racializaci\u00f3n\u2014 \u201cy sus gram\u00e1ticas de violencia\u201d. Es necesario, a\u00f1ad\u00eda, producir una \u201ceconom\u00eda distinta de la descripci\u00f3n\u201d y comprometerse con otro modo de escribir capaz de llegar \u201cm\u00e1s all\u00e1 de la objetividad de la materialidad geol\u00f3gica, para tocar sus dimensiones inhumanas y anti-humanas en tanto praxis material y condici\u00f3n subjetiva.\u201d Para cuestionar al pasado en tanto pasado, para identificar lo que de pasado hay en el presente, e incluso en el futuro, utilizo, como Yusoff misma, el t\u00e9rmino desedimentaci\u00f3n en tanto operaci\u00f3n cr\u00edtica. Por eso argumento que la escritura geol\u00f3gica de Gloria Anzald\u00faa en <em>Borderlands<\/em>, es, por principio de cuentas, una pr\u00e1ctica desedimentativa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Tal vez por eso no es tan extra\u00f1o que la academia norteamericana le haya otorgado un doctorado a Anzald\u00faa s\u00f3lo hasta despu\u00e9s de su muerte, y que la cr\u00edtica tanto local como mundial se comportara con algo de reticencia y otro tanto de suspicacia ante sus m\u00faltiples retos est\u00e9ticos y pol\u00edticos. Acaso tambi\u00e9n a eso se debe que la versi\u00f3n en espa\u00f1ol tardara tanto en llegar (la traducci\u00f3n de Carmen del Valle, publicada en la colecci\u00f3n de ensayo de la editorial Capital Swing no apareci\u00f3 sino hasta en 2016, por ejemplo). Pero <em>Borderlands<\/em> se hizo de un p\u00fablico propio y leal entre feministas y migrantes, tr\u00e1nsfugas y activistas y dem\u00e1s lectores atentos, y a la larga se coloc\u00f3 en las inmediaciones de una tradici\u00f3n de creatividad biling\u00fce (o multiling\u00fce) que, hasta el d\u00eda de hoy, sigue generando \u201cliteratura latinoamericana\u201d desde los Estados Unidos, a veces con textos escritos en espa\u00f1ol y, a veces tambi\u00e9n, en ingl\u00e9s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la manera de Revueltas, <em>Borderlands<\/em> inicia descifrando la relevancia hist\u00f3rica y pol\u00edtica, siempre mutante pero estructural, de una ubicaci\u00f3n\u2014que es a la vez material y espiritual\u2014muy precisa. Esa ubicaci\u00f3n, que constitu\u00eda en sentido estricto su pertenencia, no era una tabula rasa sino un territorio radicalmente compartido con otros. Porque creci\u00f3 entre dos culturas, a Anzald\u00faa le interesaba el contacto, la colindancia, lo que queda en-medio, de ah\u00ed su reconfiguraci\u00f3n de la frontera como una nueva Nepantla, un t\u00e9rmino que ella tom\u00f3 del n\u00e1huatl y se llev\u00f3 directamente a la l\u00ednea que divide el suroeste de Estados Unidos, sobre todo el sur de Texas, y el norte de M\u00e9xico, espec\u00edficamente Tamaulipas, dando cuenta de la conexi\u00f3n material y cultural entre sociedad ind\u00edgenas mesoamericanas, especialmente los aztecas, y nativos norteamericanos.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Invocar al poder\u00edo azteca desde ah\u00ed, desde el territorio hostil donde Anzald\u00faa enfrentaba, en tanto persona y en tanto comunidad, los distintos terrorismos de la colonialidad, trastocaba inevitablemente lo invocado. Aunque pod\u00edan parecer id\u00e9nticos, ni su Coatlicue ni su Coaxihuitl, ni su tlapalli eran los mismos que el estado mexicano ha apropiado al contarse a s\u00ed mismo como la culminaci\u00f3n de una continuidad surgida a partir de la fundaci\u00f3n de Tenochtitl\u00e1n. La apropiaci\u00f3n estatal de la sociedad Mexica, su centralidad en conceptos de naci\u00f3n y jerarquizaciones se\u00f1eras de raza, clase y g\u00e9nero, ha dejado poco espacio para el trastocamiento que, desde la perspectiva de Anzald\u00faa, es concomitante al espacio fronterizo. La continuidad que acecha e invoca en <em>Borderlands<\/em> para datar, y as\u00ed legitimar, la presencia de las comunidades chicanas en territorio norteamericano no deja der ser tambi\u00e9n un esfuerzo por testerear, algunos dir\u00edan queerizar, los bordes de los g\u00e9neros, en las definiciones que les corresponde tanto a los textos como a los cuerpos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Preocupaciones similares por la huella y el presente de las comunidades ind\u00edgenas en el suroeste de los Estados Unidos han conducido, en tiempos m\u00e1s recientes, a una revisi\u00f3n de la aparente necesidad de esa liga que conecta, o conectar\u00eda, el sur de Texas de modo directo con el centro de M\u00e9xico, resaltando en cambio la presencia de una pl\u00e9tora de pueblos ind\u00edgenas en ambos lados del r\u00edo Bravo desde tiempos anteriores a la conquista. En <em>Ind\u00edgenas del Delta del R\u00edo Bravo<\/em>, el historiador Mart\u00edn Salinas Rivera ha recalcado ya, por ejemplo, la presencia de aproximadamente 40 pueblos ind\u00edgenas en la regi\u00f3n, los mismos que Jos\u00e9 de Escand\u00f3n document\u00f3 en los reportes que le envi\u00f3 a la Corona Espa\u00f1ola entre 1747 y 1757. Seg\u00fan los c\u00e1lculos que hizo desde su campamento base, que se encontraba cerca de lo que hoy es Matamoros, en el \u00e1rea exist\u00edan unas 2,500 familias, es decir, unas 15,000 personas distribuidas en rancher\u00edas m\u00e1s o menos temporales en las riberas del r\u00edo Bravo. Viv\u00edan, casi todos, de la caza, la pesca y la recolecci\u00f3n, y habitaban en chozas de carrizo abiertas a los elementos. En las listas de pobladores ind\u00edgenas elaboradas por Salinas Rivera, en lolo que hoy es el norte de Tamaulipas y Nuevo Le\u00f3n vivieron comunidades que respondieron a los nombres: Como se llama. O los Anda en camino. O Los que viajan solos. Uno m\u00e1s, tal vez el m\u00e1s el pueblo m\u00e1s numeroso: los Comecrudo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este tipo de argumentaciones y hallazgos han informado, a su vez, el trabajo cr\u00edtico y creativo que se genera acerca de y en estos territorios fronterizos. Con base en materiales de archivo, artefactos arqueol\u00f3gicos y recreaciones actorales, la artista visual colombiana Carolina Caycedo elabor\u00f3 en 2020 <em>Las ense\u00f1anzas de las manos<\/em>, un documental en el que la presencia y las palabras de Juan Mancias, el jefe de los Carrizo\/Comecrudo de hoy, resulta central para entender los or\u00edgenes de la violencia ecol\u00f3gica de la zona, poniendo especial atenci\u00f3n al&nbsp; conocimiento y la larga tradici\u00f3n de luchas ind\u00edgenas contra distintas formas de colonizaci\u00f3n actuales. As\u00ed, aunque a los empresarios del noreste mexicano todav\u00eda les guste so\u00f1ar con un pasado libre de pueblos ind\u00edgenas, o uno en que todos ellos fueron arrasados por enfermedades y violencia en los a\u00f1os inmediatos a la conquista, el trabajo tanto hist\u00f3rico como art\u00edstico sugiere una habitaci\u00f3n en pugna continua hasta el d\u00eda de hoy.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque caracterizada por la contradicci\u00f3n, la explotaci\u00f3n e incluso el odio, la frontera de Anzald\u00faa tambi\u00e9n se dice, y eso desde el pr\u00f3logo mismo, con una red de verbos que le a\u00f1aden sutileza y complejidad. Vaiv\u00e9n. Las fronteras son lugares cambiantes, en los que, por ejemplo, los distintos no tanto se confrontan, sino que \u201cthey edge each other\u201d. El espacio que resulta de tal interacci\u00f3n, que ella encapsula con el verbo \u201cto touch\u201d, \u201cshrinks with intimacy\u201d. Donde hay diferencia hay frontera; donde hay frontera, hay intimidad. Y es desde esa intimidad f\u00edsica de los cuerpos que Anzald\u00faa revisa con fiero ojo cr\u00edtico las desigualdades de g\u00e9nero que limitaban el quehacer de las mujeres en particular, y de los cuerpos no normativos en general, y que la cercaban a ella, de manera personal, en tanto mujer y lesbiana, activista e intelectual. La lista de sus quejas contra un r\u00e9gimen machista, anclado en el silenciamiento y la abnegaci\u00f3n forzada, resultaba casi tan larga como su inventario de las resistencias y alianzas que posibilitar\u00edan la existencia de un mundo apto para lo que ella denomin\u00f3 como la nueva mestiza, una forma de lo que ahora se conocer\u00eda como feminismo interseccional y queer. Que Anzald\u00faa haya cuestionado las jerarqu\u00edas que cercan a los cuerpos en una secci\u00f3n que titula \u201cTerrorismo \u00edntimo: la vida en la frontera\u201d no deja de mostrar el agudo filo de su visi\u00f3n. Las palabras, aseguraba Anzald\u00faa, \u201cson hojas de hierba que crecen en la p\u00e1gina. El esp\u00edritu de las palabras que transita por el cuerpo es tan concreto como la carne, y tan palpable tambi\u00e9n\u201d. Tal vez ese entendimiento de la escritura como un acto a la vez sensual y sensorial, y su manera de interrogar al cuerpo y territorio como una dial\u00e9ctica en conjunto, yuxtaponiendo siempre lo personal a lo social, y viceversa, la llevaron directamente a un t\u00e9rmino que, en el mundo contempor\u00e1neo, liga a la violencia de g\u00e9nero con formas sistem\u00e1ticas de coerci\u00f3n y de control al emplear el concepto de terrorismo, a su vez definido como actos de violencia ejecutados para crear terror e inseguridad entre los adversarios y en la poblaci\u00f3n en su conjunto. As\u00ed como Revueltas concaten\u00f3 de manera org\u00e1nica la vida emocional de sus personajes con el sustrato material de su pertenencia en <em>El luto humano<\/em>, Gloria Anzald\u00faa entrelaza aqu\u00ed la dimensi\u00f3n \u00edntima de la violencia territorial con las f\u00e9rreas jerarqu\u00edas de g\u00e9nero que simult\u00e1neamente generan y ocultan, normaliz\u00e1ndola, la violencia contra el cuerpo, especialmente los cuerpos de las mujeres.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EL ARCHIVO DE LOS AFECTOS<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp; El 16 de julio de 1990, Liliana Rivera Garza, mi hermana menor, fue v\u00edctima de feminicidio cuando ella ten\u00eda apenas 20 a\u00f1os y era estudiante de arquitectura en la UAM Azcapotzalco. Unos meses despu\u00e9s del crimen, una jueza de la Ciudad de M\u00e9xico encontr\u00f3 que ten\u00eda en su haber suficientes evidencias para levantar una orden de arresto contra \u00c1ngel Gonz\u00e1lez Ramos, su exnovio, quien de inmediato se dio a la fuga y quien, desde entonces, ha permanecido fuera del alcance de la ley. <em>El invencible verano de Liliana<\/em>, creci\u00f3 de los muchos a\u00f1os de silencio forzado y duelo solitario que siguieron a los hechos, a\u00f1os de ahogo compartido en que aquellos que amamos a Liliana nos quedamos a menudo sin palabras y sin aire.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por desgracia, tanto la impunidad como la historia en s\u00ed son numerosas en pa\u00edses como M\u00e9xico y Honduras, donde las fuentes oficiales revelan que 11 mujeres son asesinadas diariamente por cuestiones de g\u00e9nero (as\u00ed lo enuncia el crimen de feminicidio, incorporado al C\u00f3digo Penal en el 2012), aunque tambi\u00e9n son comunes en pa\u00edses como Estados Unidos, donde s\u00f3lo en el 2018, 3 mujeres fueron asesinadas por sus parejas \u00edntimas cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A fines de siglo XX, aunque tambi\u00e9n incluso ahora, muchas de estas historias se expresaron, cuando lograban escapar de la tradici\u00f3n de silenciamiento a la que hac\u00eda alusi\u00f3n Anzald\u00faa, a trav\u00e9s de la narrativa del crimen pasional, una figura legal y cultural que intr\u00ednsecamente ha culpado a la v\u00edctima y exonerado al perpetrador. De acuerdo con las investigaciones de las historiadoras Lisette Griselda Rivera Reynaldos y Saydi Nu\u00f1ez Medina, nociones compartidas del honor masculino, as\u00ed como la creencia de que los hombres sobrepasados por emociones violentas no son responsables de sus actos, han influido en las decisiones de los jueces, quienes hist\u00f3ricamente, al menos desde el siglo XIX, han dictado sentencias muy indulgentes, si es que lo han hecho del todo, contra los perpetradores de estos cr\u00edmenes. Por otra parte, la narrativa de la chica muerta (the dead girl\u00b4s story), un g\u00e9nero en s\u00ed mismo en Estados Unidos y otros pa\u00edses de habla inglesa, ha logrado aumentar la tolerancia ante la violencia contra las mujeres con narrativas que agrandan y glamourizan el papel de feminicida, present\u00e1ndolo como un monstruo de psicolog\u00eda oscura cuyos actos escapan a explicaci\u00f3n l\u00f3gica alguna.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque la palabra femincidio se utiliz\u00f3 de vez en cuando desde el siglo XIX para indicar el asesinato de una mujer por ser mujer, los or\u00edgenes del t\u00e9rmino contempor\u00e1neo datan de la d\u00e9cada de 1970, cuando la autora feminista Diana Russell lo enunci\u00f3 por primera vez en el foro p\u00fablico del Tribunal de Cr\u00edmenes Contra las Mujeres, celebrado en Bruselas en 1976. La antrop\u00f3loga Marcela Lagarde introdujo su uso en M\u00e9xico m\u00e1s o menos durante las mismas fechas.&nbsp; A diferencia del crimen pasional o la <em>dead girl\u00b4s story<\/em>, el concepto de feminicidio nos alerta ante la naturaleza estructural de la violencia que se ejerce contra las mujeres por razones de g\u00e9nero, enfatizando la responsabilidad tanto del sistema patriarcal como de sus hijos obedientes. El t\u00e9rmino feminicidio ha dejado en claro, pues, que la violencia que a veces pudiera parecer extraordinaria, producto de irrupciones emocionales incontrolables o de oscuras maquinaciones de mentes da\u00f1adas o monstruosas, es en realidad concomitante a desigualdades que se originan en el proceso mismo de producci\u00f3n social, a trav\u00e9s de la divisi\u00f3n sexual del trabajo, y que se multiplican en la esfera de los p\u00fabico y lo cultural. La impunidad rampante, que es la consecuencia de la falta de investigaci\u00f3n y castigo para los que cometen estos delitos, solo ha contribuido a perpetuar, cuando no a aumentar, la incidencia de feminicidios en M\u00e9xico, cosa a la que tambi\u00e9n contribuye la indiferencia, y hasta indolencia, frente al sufrimiento de las mujeres.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escribir sobre y contra la violencia nunca es f\u00e1cil, especialmente cuando las narrativas hegem\u00f3nicas, en este caso las narrativas patriarcales, han probado una y otra vez su eficacia para generar y luego justificar, cuando no absolver, las agresiones mismas. \u00bfC\u00f3mo escribir contra la violencia utilizando el lenguaje que le da pie y la normaliza? Escribir es una pr\u00e1ctica fundamentalmente cr\u00edtica. La escritura creativa tiene la capacidad de despertar y activar un lenguaje que, desde el poder y dentro de los parapetos del poder, se entumece y paraliza. Mi tarea como escritora en estos y otros materias es, luego entonces, explorar y desbrozar, subvertir y complicar esas narrativas que se presentan como cosa dada o como condici\u00f3n de existencia. Pero esto no es algo que se logra aisladamente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El invencible verano de Liliana <\/em>debe en mucho su existencia al lenguaje generado por las movilizaciones de mujeres, feministas y no, que se han sucedido con fuerza creciente en las \u00faltimas d\u00e9cadas, tanto en M\u00e9xico como en Sudam\u00e9rica, donde movimientos como el de la Marea Verde han ganado importantes batallas en el terreno de los derechos reproductivos de las mujeres. Los libros no se escriben aisladamente. El lenguaje literario se genera y nutre del lenguaje que compartimos todos en calles y hogares. Si en 1990 ni mi hermana ni los que la quisimos y queremos dispusimos de las palabras precisas para identificar y luego entonces prevenir la insidiosa presencia de la violencia \u00edntima de pareja, treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde la situaci\u00f3n ha cambiado dr\u00e1sticamente. Las mujeres han tomado la plaza p\u00fablica y el lenguaje p\u00fablico por asalto, produciendo as\u00ed consignas y t\u00e9rminos, definiciones y conceptos que ahora nos permiten nombrar con claridad el peligro, as\u00ed como tambi\u00e9n las fuentes de apoyo y de solidaridad. Y este no es un logro menor si tomamos en cuenta que, tal como lo asegura la periodista Rachel Snyder en <em>No Visible Bruises. What We Don\u00b4t Know About Domestic Violence Can Kill Us<\/em>, una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s insidiosas de la violencia \u00edntima es que existe dentro del mismo campo sem\u00e1ntico del amor rom\u00e1ntico, de ah\u00ed la gran dificultad para detectarla a tiempo y actuar en consecuencia. Las movilizaciones de mujeres han generado tambi\u00e9n, y a\u00fan m\u00e1s, una escucha y una interlocuci\u00f3n, un ecosistema propicio para las historias que se dicen por fuera o en contra de los discursos patriarcales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de empezar a escribir <em>El invencible verano de Liliana<\/em> andaba en busca del expediente policial con el fin de reabrir el caso de mi hermana. Una empleada de la Procuradur\u00eda me inform\u00f3, de la manera m\u00e1s casual, casi de pasada, que muchos de esos papeles terminan en la basura. No piense, ni por un minuto, que los documentos duran aqu\u00ed para siempre. Entonces comprend\u00ed que, para salvaguardar la memoria de mi hermana, para \u201cdefender a mis muertos\u201d, tendr\u00eda que replicar ese expediente. Por esos d\u00edas, gracias a una visita a la casa de la familia, pude abrir las cajas donde hab\u00edamos guardado las posesiones de Liliana, encontrando ah\u00ed una pl\u00e9tora de cartas, notas, postales, planos, y artefactos varios en los que hab\u00eda quedado inscrita la historia de mi hermana escrita por ella misma. Se trataba, sin duda, de un archivo que, en cuanto tal, ocupaba un espacio f\u00edsico espec\u00edfico y cuya organizaci\u00f3n obedec\u00eda a un m\u00e9todo que, en el caso de Liliana, privilegiaba la minucia y lo cotidiano, en corto, lo que Georges Perec ha llamado lo infraordinario. Lejos del alcance del Estado, incluso en directa contraposici\u00f3n a los documentos que nos otorgan identidad civil, as\u00ed como derechos y deberes como ciudadanos, estos papeles apuntaban a y eran se\u00f1a de la vida de sus afectos.&nbsp; Escritos a mano o a m\u00e1quina, llenos de colores y estampas, con frecuencia doblados con las instrucciones del origami, los documentos conten\u00edan las maneras que Liliana hab\u00eda afectado a y hab\u00eda sido afectada por otros. La sensaci\u00f3n de la presencia material fue sobrecogedora. Liliana estaba ah\u00ed, en cada hoja que tocaba y le\u00eda, estremeci\u00e9ndome, pero no solo de manera metaf\u00f3rica. La geolog\u00eda nos ha ense\u00f1ado que nada desparece de inmediato, es decir, que toda sustancia tiene un tiempo variable de residencia en la tierra. \u00bfPod\u00eda ser que la materia de las yemas de sus dedos hubiera permanecido inc\u00f3lume durante esos treinta a\u00f1os sobre el mismo papel que yo estaba tocando ahora? Me respond\u00ed que s\u00ed. Y entonces supe que escribir\u00eda, por fin, el libro que ten\u00eda a\u00f1os deseando escribir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pronto tom\u00e9 dos decisiones para las que, parad\u00f3jicamente, me hab\u00eda preparado mucho tiempo atr\u00e1s. En primer lugar, m\u00e1s que escribir un libro sobre o acerca de Liliana, que enfatizara mi autor\u00eda, necesitaba escribir un libro con ella, en co-autor\u00eda con ella, admitiendo y d\u00e1ndole la bienvenida a sus escritos, tanto en contenido como en forma. Si el feminicida hab\u00eda intentado controlarla por completo, acall\u00e1ndola, dej\u00e1ndola literalmente sin aire, el libro constituir\u00eda ese espacio de aire donde su voz podr\u00eda volver a reverberar otra vez. Lejos de apropiarse de la historia de Liliana, el libro trabajar\u00eda en sentido contrario, desapropi\u00e1ndose de ella, es decir, reconoci\u00e9ndola materialmente, incorporando sus palabras y sus sintaxis, en corto: su manera de estar en el mundo. En ese libro desapropiativo, Liliana no ser\u00eda una v\u00edctima inerme porque ella no se hab\u00eda concebido a s\u00ed misma como tal: hasta el \u00faltimo de sus d\u00edas, mi hermana escribi\u00f3 insistentemente sobre su autodeterminaci\u00f3n y libertad, sobre una manera de amar que no reconoc\u00eda limitaciones ni barreras preestablecidas. Llena de claroscuros, contradicciones, densidad, Liliana tendr\u00eda que ser un personaje hondo y cambiante. En segundo lugar, el libro adoptar\u00eda, o tratar\u00eda en todo caso de honrar, el efecto de presencia que tanto me hab\u00eda sobrecogido al tocar por primera vez los documentos de su archivo. Lo que quer\u00eda logar, con la humildad y el poder de todas las herramientas de mi oficio, era compartir con otros esa experiencia material de su presencia siempre alerta ante, pero no supeditada al, momento de su muerte. Quer\u00eda, pues, luego entonces, su vida: el enigma y la materialidad al mismo tiempo de una vida. Estas dos decisiones estructurantes, que eran fundamentalmente est\u00e9ticas, es decir, que se mov\u00edan en el terreno de mi trabajo con el lenguaje y las varias tradiciones literarias en las que se inscribe, respond\u00edan, tambi\u00e9n, irremediablemente, a mis preocupaciones por el mundo en el que habito. Las dos cosas al mismo tiempo. Las dos cosas revueltas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las grandes potencias de la escritura es producir realidad. Y lo digo menos en el sentido grandielocuente de los libros que podr\u00edan o no cambiar al mundo, y m\u00e1s en relaci\u00f3n con lo que acontece en los horizontes interiores, ah\u00ed donde lo \u00edntimo y lo cotidiano se conectan con el conflicto y la destotalizaci\u00f3n. Los que han le\u00eddo <em>El invencible verano de Liliana<\/em> y, despu\u00e9s o mientras tanto, han marchado en la ciudad con su nombre a cuestas, los que han pintado murales con su rostro, los que la han incluido en su altar de muertos, los que conversan en salones de clase o charlas de caf\u00e9 sobre su destino, trat\u00e1ndola como a una igual, como su ancestra o su descendiente al mismo tiempo, no s\u00f3lo est\u00e1n comport\u00e1ndose como lectores generosos sino que tambi\u00e9n est\u00e1n participando de una realidad construida en estrecha relaci\u00f3n con la escritura: la realidad, por ejemplo, de la comunidad de un luto ahora compartido con tantos otros y por tantas otras, lejos ya del silenciamiento y la soledad.&nbsp; &nbsp; En todo caso, todav\u00eda ahora, todos estos a\u00f1os despu\u00e9s, a la escritura le sigo pidiendo lo que \u00fanico que vale la pena pedirle: que produzca realidad. A juzgar por el n\u00famero de muchachas y muchachos que han llevado el nombre de Liliana Rivera Garza a marchas, y por los murales donde aparece su rostro junto con el de otras mujeres masacradas, y por las innumerables conversaciones donde se le trata como una de nuestras contempor\u00e1neas, la escritura me ha regalado lo que, en sus momentos m\u00e1s felices, est\u00e1 en plena capacidad de engendrar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EL PASADO SIEMPRE EST\u00c1 A PUNTO DE OCURRIR<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ansia por la materialidad que caracteriza a una era que se ha acostumbrado a la vida de las pantallas y la consecuente ausencia del cuerpo me ha lanzado en busca de estrategias de escritura que, en lugar de contar una historia, se proponen compartir una experiencia. La diferencia parece sutil, una mera argucia t\u00e9cnica, pero sus modos y consecuencias, tanto est\u00e9ticas como pol\u00edticas, son enormes. Puesto que concibo a la escritura como una pr\u00e1ctica del cuerpo, que se lleva a cabo en relaciones tensas, a menudo desiguales, con otros cuerpos en territorios espec\u00edficos, me ha resultado necesario invocar, y convocar, las materialidades de esa experiencia. A eso, en otros sitios, le he denominado desapropiaci\u00f3n, una est\u00e9tica o un modo de aproximarme al lenguaje en tanto pr\u00e1ctica que, como la tierra de Revueltas, es radicalmente compartida. La que desapropia trabaja de cerca con las capas de experiencia que otros han dejado tras de s\u00ed o que traen consigo en un mundo en que intervenimos juntos. Ah\u00ed donde algunos aconsejan \u201cno mostrar las costuras\u201d para honrar la autonom\u00eda de la ficci\u00f3n, la desapropiaci\u00f3n dice: hay que traer a colaci\u00f3n, materialmente, esos otros textos que nos preceden y que, con suerte, nos suceder\u00e1n. Hay que trabajar de cerca con las tradiciones en las que nos inscribimos, en mi caso con el af\u00e1n de subvertirlas, de darles la vuelta, de recomponerlas o yuxtaponerlas de tal manera que puedan activar, en el presente, ese pasado que siempre est\u00e1 a punto de ocurrir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ah\u00ed la importancia de la investigaci\u00f3n en general y del archivo en particular. Me refiero aqu\u00ed a la investigaci\u00f3n en el sentido m\u00e1s amplio del t\u00e9rmino, como una forma b\u00e1sica de la curiosidad, por ejemplo. Incluyo a la investigaci\u00f3n as\u00ed llamada acad\u00e9mica, ciertamente, a la que no hay que tenerle miedo, pero tambi\u00e9n a la investigaci\u00f3n que consiste en observar con disposici\u00f3n y apertura lo que nos sucede dentro y alrededor. Meditar es tambi\u00e9n una forma de la investigaci\u00f3n. Ver el techo. Y qu\u00e9 decir de vivir. Desde <em>Nadie me ver\u00e1 llorar<\/em>, mi primera novela, hasta los tres libros m\u00e1s recientes, he aprovechado mi entrenamiento como historiadora y mi familiaridad con una gran variedad de archivos\u2014institucionales, locales, de los afectos, terr\u00e1queos, del cuerpo mismo\u2014para tener acceso a los documentos en que han quedado las huellas de los locos, los migrantes, los deportados, las mujeres, los iletrados, algunos cultivos, la tierra misma. Se trata de repositorios inevitablemente incompletos, puesto que no son el mundo, signados por la porosidad y, en muchos casos, el quiebre y la ausencia. Se trata m\u00e1s de trampolines hacia la producci\u00f3n de mundos otros, que de una simple confirmaci\u00f3n de esta o aquella versi\u00f3n de los hechos. Cuando la cr\u00edtica Saidya Hartman se enfrent\u00f3 a la ausencia de archivo al tratar de escribir la historia de sus ancestros esclavos recurri\u00f3 a lo que ha llamado \u201cfabulaci\u00f3n cr\u00edtica\u201d como un m\u00e9todo para cerrar la brecha entre la investigaci\u00f3n y el desconocimiento que la cerca. Yo he recurrido a la teor\u00eda del g\u00e9nero como anfitri\u00f3n, un sistema m\u00e1s enfocado en la forma que incluye la configuraci\u00f3n de una cierta forma de g\u00e9neros colindantes en el que uno de ellos, por ejemplo la no ficci\u00f3n creativa, se convierte en el anfitri\u00f3n de m\u00faltiples modos de escritura que a la vez abraza e interpela.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya la cr\u00edtica y artista visual Arielle Azoulay ha argumentado a favor de una concepci\u00f3n material del archivo orientado hacia elo presente, en tanto pr\u00e1ctica generalizada entre la poblaci\u00f3n y en tanto derecho que hay que hacer valer frente al poder del Estado y de las corporaciones. Todos archivamos. La tierra en s\u00ed es, tal vez, el primer gran archivo, sus capas geol\u00f3gicas constancia de lo que, habiendo sido interrumpido o desterrado, puedo ser reactivado otra vez. El cuerpo, con sus m\u00faltiples maneras de enunciarse y de decaer, tambi\u00e9n produce archivos como el de la respiraci\u00f3n, que queda indefinidamente en los textos. Ya sea bajo la protecci\u00f3n de instituciones oficiales, pero tambi\u00e9n en las repisas de las casas m\u00e1s diversas, organizados de acuerdo a m\u00e9todos que hay que descifrar en cada caso, estos m\u00faltiples archivos nos permiten aproximarnos tanto como vamos a poder hacerlo, en ese casi es a la vez demencial y certero, a la experiencia misma. Con su materialidad a cuestas, el archivo obstruye con frecuencia el quehacer lineal de la narraci\u00f3n, problematizando su desarrollo, lanzando preguntas que son precisamente las de su propia producci\u00f3n. El archivo, as\u00ed, ralentiza, desv\u00eda, reverbera, generando experiencias que apelan m\u00e1s al o\u00eddo, para el que la simultaneidad es un hecho dado, que a la vista secuencial; m\u00e1s al tacto, en este sentido, o al olfato. El archivo as\u00ed entendido invoca formas de escritura que, como la de Jos\u00e9 Revueltas o la de Gloria Anzald\u00faa, aludidas apenas aqu\u00ed entre tantas otras, complican la historia literaria y, adem\u00e1s, se comunican con sus varios presentes con la plenitud incendiaria de su energ\u00eda cr\u00edtica, desobediente, a veces, incluso, relajienta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Empec\u00e9 estas notas que ahora comparto con la historia de mis abuelos migrantes y la conclu\u00ed, m\u00e1s bien deber\u00eda decir paus\u00e9, con la de feminicidio mi hermana, porque son experiencias profundamente personales que han cuestionado de m\u00faltiples formas mi tarea como escritora y porque son, tambi\u00e9n, por desgracia, experiencias que comparto con muchos otros en un mundo signado por una guerra sin cuartel contra las mujeres y contra los migrantes por igual. No creo en una literatura aut\u00f3noma, en su propia torre de marfil, y s\u00ed, junto con Josefina Ludmer entre tantos otros, en escrituras capaces de producir presente y, aun m\u00e1s, con el presente. Aunque los trabajos que he examinado aqu\u00ed parecen apuntar o venir del pasado, me anima, sin embargo, una urgencia que reconozco en mi entorno. Los enigmas que me impulsan a colocarme una y otra vez frente a la pantalla de la computadora vienen de mi presente y aquejan tanto a mi intuici\u00f3n como a mi intelecto. Yo no escribo de lo que s\u00e9, como reza el <em>dictum<\/em>, sino para saber y, a\u00fan m\u00e1s, para complicar lo que se presenta como sabido o como resuelto. Lejos de ofrecer un viaje hacia un pasado que se ostenta como estable o ya hecho, un contexto en el que se suceden acontecimientos espec\u00edficos, todos estos artefactos o ejercicios se proponen un recorrido y una relaci\u00f3n contraria: desde y hacia el presente, en las inmediaciones de la presentidad del pasado mismo, e incluso del futuro, en una relaci\u00f3n din\u00e1mica, de reactivaci\u00f3n en todo caso, con las fuerzas vivas que otras m\u00e1s poderosas o m\u00e1s perversas interrumpieron o acallaron. Solo as\u00ed, argumentaba el fil\u00f3sofo Jalal Touffic, podremos enfrentarnos al desastre insuperable, ese que no solo ataca la infraestructura y la vida material, sino tambi\u00e9n el legado inmaterial de su fuerza cr\u00edtica. Walter Benjamin lo llamaba redenci\u00f3n; yo lo llamo seguir aqu\u00ed, insistentemente, testarudamente, inc\u00f3modamente, en la comunidad que es toda ubicaci\u00f3n y toda pertenencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y seguimos.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*Reproducimos el Discurso de Cristina Rivera Garza del 26 de agosto de 2023, cuando ingres\u00f3 a El Colegio Nacional\u00a0 CRISTINA RIVERA GARZA* SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 8 de mayo, 2024.-Un poco despu\u00e9s de 1901, una pareja de campesinos sin tierra emprendi\u00f3 la caminata desde el altiplano potosino hasta el norte de Coahuila, donde esperaban encontrar [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":81146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"footnotes":""},"categories":[748,694],"tags":[],"class_list":["post-81117","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-cultura-feminista","category-destacadas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/81117","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=81117"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/81117\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/81146"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=81117"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=81117"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=81117"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}