{"id":19455,"date":"2020-04-16T19:33:56","date_gmt":"2020-04-16T19:33:56","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=19455"},"modified":"2023-07-21T15:26:09","modified_gmt":"2023-07-21T20:26:09","slug":"opinion-453","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/opinion-453\/","title":{"rendered":"Miedo al miedo"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\"> El poder ha buscado controlar el temor, pero normalmente se le ha ido de las manos <\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>* La pol\u00edtica y la civilidad de la\ndemocracia por lo com\u00fan consiguen atarlo; soltarlo o jugar con \u00e9l es de\nirresponsables<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Amelia Valc\u00e1rcel<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico\/El\nPa\u00eds, 16 de abril, 2020.- La pintura&nbsp;El triunfo de la muerte&nbsp;de\nBrueghel que guarda el Museo del Prado es un aut\u00e9ntico paisaje mental del\npasado, pero sigue siendo motivo de una extra\u00f1a atracci\u00f3n hoy para sus\nadmirados visitantes. Pasan un tiempo mucho mayor ante ella que ante otras\nobras de la misma sala. A Rafael S\u00e1nchez Ferlosio le fascinaba. Poco misterio\ntiene porque s\u00f3lo pinta una cosa, el miedo. Desde hace muy poco ya no nos\nresulta dif\u00edcil ponernos en el cuerpo de quienes viv\u00edan, por ejemplo, en medio\nde una de las grandes pestes. En ese cuadro los ej\u00e9rcitos de esqueletos avanzan\nsobre gentes que no saben ni c\u00f3mo oponerse a ellos ni ad\u00f3nde escapar. Ha\nllegado la Gran Niveladora y asistimos a su triunfo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La\npintura&nbsp;El triunfo de la muerte&nbsp;de Brueghel que guarda el Museo del\nPrado es un aut\u00e9ntico paisaje mental del pasado, pero sigue siendo motivo de\nuna extra\u00f1a atracci\u00f3n hoy para sus admirados visitantes. Pasan un tiempo mucho\nmayor ante ella que ante otras obras de la misma sala. A Rafael S\u00e1nchez\nFerlosio le fascinaba. Poco misterio tiene porque s\u00f3lo pinta una cosa, el\nmiedo. Desde hace muy poco ya no nos resulta dif\u00edcil ponernos en el cuerpo de\nquienes viv\u00edan, por ejemplo, en medio de una de las grandes pestes. En ese\ncuadro los ej\u00e9rcitos de esqueletos avanzan sobre gentes que no saben ni c\u00f3mo\noponerse a ellos ni ad\u00f3nde escapar. Ha llegado la Gran Niveladora y asistimos a\nsu triunfo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bocaccio sit\u00faa el inicio de su&nbsp;Decamer\u00f3n&nbsp;en la\nfeliz y aliviada reuni\u00f3n de afortunados que han logrado escapar de ella en un\nentorno paradisiaco: un fresco y vivo jard\u00edn. Los diez afortunados se burlan y\nla burlan contando historias a la hora de la fresca siesta. Por el contrario,\nen la pintura de Brueghel se nos muestran hombres que caen derrumbados en el\nsegundo que tardan en echar los dados sobre la mesa. Se han puesto a beber y\njugar para olvidar, y all\u00ed mismo, en un instante, se les siegan sus vidas. El\nbanquete se ha interrumpido de modo abrupto, igual que el juego. Los naipes\ncaen bajo la mesa. Un esqueleto trae el siguiente plato: porta en una bandeja\nuna calavera. Un caballero intenta en vano desenvainar la espada: con la muerte\nno se puede luchar. Mientras hilan o mientras trabajan, mientras cantan\u2026 la\nmuerte a todos empuja hacia un ata\u00fad inmenso al cual todos acabar\u00e1n por entrar.\nSonaron las trompetas y no hay piedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El\nmundo que nos ha precedido ten\u00eda buenos motivos de miedo, por eso lo conoc\u00eda\nbien, lo divid\u00eda en tipos y tambi\u00e9n los clasificaba por su orden. Est\u00e1 el\nsimple miedo, pero con \u00e9l coexisten el miedo p\u00e1nico, el espanto, el temor, el\nterror, el pavor, el horror. Cada uno posee su campo sem\u00e1ntico propio por\nbuenas razones. El miedo que angustia no es el que hace verter l\u00e1grimas, ni\ntampoco el que deja petrificado es el mismo miedo que hace temblar. No es el\nmismo el miedo s\u00fabito que el que se mete fr\u00eda y lentamente por los huesos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El\nmundo que emerge de la Baja Edad Media es un mundo lleno de fuentes de fundado\ntemor. La vida no estaba asegurada, la muerte era un fen\u00f3meno visible y\nconstante, la enfermedad raramente se curaba, los desastres de fortuna\nacechaban en forma de incendios, robos, asaltos, inundaciones, rayos&#8230; y, por\nsi esto fuera poco, la guerra era siempre de esperar. La guerra era sin duda lo\npeor porque todo lo juntaba. Sus aliados, la p\u00e9rdida de cosechas, la carest\u00eda,\nel hambre y la peste campaban. Era el infierno en la tierra. Y abr\u00eda sus\npuertas cada poco tiempo de tal modo que pr\u00e1cticamente ninguna generaci\u00f3n\nhumana se libraba de conocerla durante sus a\u00f1os de vida. Ha sido la compa\u00f1era\ninevitable de la vida humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En\nrealidad, el mundo ha dejado de ser apocal\u00edptico hace bien poco, si es que\nverdaderamente lo ha dejado y no se trata tan s\u00f3lo, esta nuestra larga paz, de\nuna suspensi\u00f3n temporal de usos y costumbres. Las gentes que nos precedieron en\nla Edad Moderna viv\u00edan administrando prudentemente el miedo. Se educaban en \u00e9l\ny lo conoc\u00edan bien. Y la misma pol\u00edtica era, y quiz\u00e1 a\u00fan no lo ha dejado de\nser, un diestro manejo de \u00e9l: el arte de mezclar amor, temor y disuasi\u00f3n. Todos\npadec\u00edan el miedo propio y se burlaban del ajeno. Disfrutaban con lo que pone\nlos pelos de punta. Se divert\u00edan con la crueldad. Se parapetaron en murallas\nque adornaban con los trozos de cad\u00e1veres de cuya ejecuci\u00f3n p\u00fablica hab\u00edan\ngozado. El miedo es lo que brilla tanto en las torres como en los garfios que\nfrecuentemente las adornan. No eran para colgar dorados pendones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El\nmiedo presid\u00eda tambi\u00e9n las relaciones religiosas y los movimientos populares,\nsobre todo cuando, inopinadamente, se sal\u00eda de su cauce. Hubo \u00e9pocas de \u201cgran\nmiedo\u201d. Nos avisa Montaigne de que el miedo trastorna el juicio, vuelve\ninsensata a la persona m\u00e1s prudente y llega incluso a provocar alucinaciones.\nMomentos ha habido en que se ha apoderado de las gentes sin que ni los m\u00e1s\nbajos ni tampoco sus se\u00f1ores pudieran evitarlo ni ponerle coto. Se ha\npresentado y echado de la escena a todo lo dem\u00e1s. Cuando se ha vuelto la emoci\u00f3n\nprevalente, como en las grandes pestes, las guerras de religi\u00f3n, las hambrunas\ny los desastres, entonces ha buscado adem\u00e1s chivos expiatorios. La din\u00e1mica es\nconocida: se instala el rumor, crece, se embola, adviene el miedo, se pierde el\ncamino y comienza la b\u00fasqueda del responsable que ha de pagar por todo. Estalla\nla persecuci\u00f3n de las v\u00edctimas que han de sufrir la hecatombe. Hay v\u00edctimas con\nmuchos m\u00e1s boletos que otras: aquellas que se supongan siempre en la parte\nexterior del propio grupo, o que all\u00ed se las pueda colocar. Son los se\u00f1alados\ncomo parte de la quinta columna de Satan\u00e1s. Siempre son los mismos, los\ndiferentes y las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La\npintura&nbsp;El triunfo de la muerte&nbsp;de Brueghel que guarda el Museo del\nPrado es un aut\u00e9ntico paisaje mental del pasado, pero sigue siendo motivo de\nuna extra\u00f1a atracci\u00f3n hoy para sus admirados visitantes. Pasan un tiempo mucho\nmayor ante ella que ante otras obras de la misma sala. A Rafael S\u00e1nchez\nFerlosio le fascinaba. Poco misterio tiene porque s\u00f3lo pinta una cosa, el\nmiedo. Desde hace muy poco ya no nos resulta dif\u00edcil ponernos en el cuerpo de\nquienes viv\u00edan, por ejemplo, en medio de una de las grandes pestes. En ese\ncuadro los ej\u00e9rcitos de esqueletos avanzan sobre gentes que no saben ni c\u00f3mo\noponerse a ellos ni ad\u00f3nde escapar. Ha llegado la Gran Niveladora y asistimos a\nsu triunfo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bocaccio\nsit\u00faa el inicio de su&nbsp;Decamer\u00f3n&nbsp;en la feliz y aliviada reuni\u00f3n de\nafortunados que han logrado escapar de ella en un entorno paradisiaco: un\nfresco y vivo jard\u00edn. Los diez afortunados se burlan y la burlan contando\nhistorias a la hora de la fresca siesta. Por el contrario, en la pintura de\nBrueghel se nos muestran hombres que caen derrumbados en el segundo que tardan\nen echar los dados sobre la mesa. Se han puesto a beber y jugar para olvidar, y\nall\u00ed mismo, en un instante, se les siegan sus vidas. El banquete se ha\ninterrumpido de modo abrupto, igual que el juego. Los naipes caen bajo la mesa.\nUn esqueleto trae el siguiente plato: porta en una bandeja una calavera. Un\ncaballero intenta en vano desenvainar la espada: con la muerte no se puede\nluchar. Mientras hilan o mientras trabajan, mientras cantan\u2026 la muerte a todos\nempuja hacia un ata\u00fad inmenso al cual todos acabar\u00e1n por entrar. Sonaron las\ntrompetas y no hay piedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El\nmundo que nos ha precedido ten\u00eda buenos motivos de miedo, por eso lo conoc\u00eda\nbien, lo divid\u00eda en tipos y tambi\u00e9n los clasificaba por su orden. Est\u00e1 el\nsimple miedo, pero con \u00e9l coexisten el miedo p\u00e1nico, el espanto, el temor, el\nterror, el pavor, el horror. Cada uno posee su campo sem\u00e1ntico propio por\nbuenas razones. El miedo que angustia no es el que hace verter l\u00e1grimas, ni\ntampoco el que deja petrificado es el mismo miedo que hace temblar. No es el\nmismo el miedo s\u00fabito que el que se mete fr\u00eda y lentamente por los huesos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El\nmundo que emerge de la Baja Edad Media es un mundo lleno de fuentes de fundado\ntemor. La vida no estaba asegurada, la muerte era un fen\u00f3meno visible y\nconstante, la enfermedad raramente se curaba, los desastres de fortuna\nacechaban en forma de incendios, robos, asaltos, inundaciones, rayos&#8230; y, por\nsi esto fuera poco, la guerra era siempre de esperar. La guerra era sin duda lo\npeor porque todo lo juntaba. Sus aliados, la p\u00e9rdida de cosechas, la carest\u00eda,\nel hambre y la peste campaban. Era el infierno en la tierra. Y abr\u00eda sus\npuertas cada poco tiempo de tal modo que pr\u00e1cticamente ninguna generaci\u00f3n\nhumana se libraba de conocerla durante sus a\u00f1os de vida. Ha sido la compa\u00f1era\ninevitable de la vida humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En realidad, el mundo ha dejado de ser apocal\u00edptico hace\nbien poco, si es que verdaderamente lo ha dejado y no se trata tan s\u00f3lo, esta\nnuestra larga paz, de una suspensi\u00f3n temporal de usos y costumbres. Las gentes\nque nos precedieron en la Edad Moderna viv\u00edan administrando prudentemente el\nmiedo. Se educaban en \u00e9l y lo conoc\u00edan bien. Y la misma pol\u00edtica era, y quiz\u00e1\na\u00fan no lo ha dejado de ser, un diestro manejo de \u00e9l: el arte de mezclar amor,\ntemor y disuasi\u00f3n. Todos padec\u00edan el miedo propio y se burlaban del ajeno.\nDisfrutaban con lo que pone los pelos de punta. Se divert\u00edan con la crueldad.\nSe parapetaron en murallas que adornaban con los trozos de cad\u00e1veres de cuya\nejecuci\u00f3n p\u00fablica hab\u00edan gozado. El miedo es lo que brilla tanto en las torres\ncomo en los garfios que frecuentemente las adornan. No eran para colgar dorados\npendones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El\nmiedo presid\u00eda tambi\u00e9n las relaciones religiosas y los movimientos populares,\nsobre todo cuando, inopinadamente, se sal\u00eda de su cauce. Hubo \u00e9pocas de \u201cgran\nmiedo\u201d. Nos avisa Montaigne de que el miedo trastorna el juicio, vuelve\ninsensata a la persona m\u00e1s prudente y llega incluso a provocar alucinaciones.\nMomentos ha habido en que se ha apoderado de las gentes sin que ni los m\u00e1s\nbajos ni tampoco sus se\u00f1ores pudieran evitarlo ni ponerle coto. Se ha presentado\ny echado de la escena a todo lo dem\u00e1s. Cuando se ha vuelto la emoci\u00f3n\nprevalente, como en las grandes pestes, las guerras de religi\u00f3n, las hambrunas\ny los desastres, entonces ha buscado adem\u00e1s chivos expiatorios. La din\u00e1mica es\nconocida: se instala el rumor, crece, se embola, adviene el miedo, se pierde el\ncamino y comienza la b\u00fasqueda del responsable que ha de pagar por todo. Estalla\nla persecuci\u00f3n de las v\u00edctimas que han de sufrir la hecatombe. Hay v\u00edctimas con\nmuchos m\u00e1s boletos que otras: aquellas que se supongan siempre en la parte\nexterior del propio grupo, o que all\u00ed se las pueda colocar. Son los se\u00f1alados\ncomo parte de la quinta columna de Satan\u00e1s. Siempre son los mismos, los\ndiferentes y las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un historiador enorme, Jean Delumeau, nos ense\u00f1a casi\ntodo lo que hay que saber sobre el miedo y c\u00f3mo Occidente cay\u00f3 bajo su dominio,\nel del diablo y su corte, en m\u00e1s de una se\u00f1alada ocasi\u00f3n, al menos hasta los\ntiempos ilustrados, que nunca lo fueron tanto como nos parecen. Y los tiempos\nposteriores a&nbsp;Las&nbsp;Luces&nbsp;tampoco le han sido inmunes. \u00c9l se ha\nespecializado en estudiarlo en una obra magistral,&nbsp;El miedo en Occidente.\nEn realidad, nos dice, conocemos que existe el miedo de dos maneras: por su\nexpresi\u00f3n visible y masiva y porque aparezca el se\u00f1alamiento de v\u00edctimas. Si\naparece un grupo al que se culpa de desastres odiosos, sepamos que es el miedo\nquien est\u00e1 ocupando la escena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A\nveces el miedo es inoculado adrede y con crueldad para desviar la atenci\u00f3n. A\nveces campa por su propia fuerza. En todos los casos es poderoso y \u00e9l mismo\ntemible. El poder ha buscado su manejo, asunto dif\u00edcil porque normalmente se le\nha ido de las manos. El miedo no es un perrillo obediente, es un lobo. Gustave\nLe Bon sab\u00eda bastante de esto. Las masas son ante todo sugestionables y har\u00e1n\ncosas que los individuos que las componen ni osar\u00edan ni aprobar\u00edan. Cuando\naparece, la emoci\u00f3n se contagia r\u00e1pidamente. Al miedo nada le asombra, aunque\ntodo le desconcierta. Suspende cualquier reflexi\u00f3n. Es una respuesta que ha\nsido colocada demasiado dentro de nosotros. Vive agazapado por si resultara\nnecesaria una respuesta extrema a la supervivencia. Es primo carnal de Argos.\nHay que andarse con pies de plomo para no despertarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nada\nm\u00e1s sensato que detenerlo. La pol\u00edtica y la civilidad de la democracia por lo\ncom\u00fan consiguen atarlo. Soltarlo o jugar con \u00e9l es de irresponsables. Hay que\ntener miedo al miedo. Mantenerlo a raya. No darle canal. No se\u00f1alar ni ayudar a\nque otros se\u00f1alen. Es mucho m\u00e1s f\u00e1cil despertarlo y que eche a correr sin freno\nque hacerlo regresar a su sitio y atarlo. Eso lo tienen que tener siempre\nescrito en letras de bronce tanto quienes nos gobiernan como aquellos que\npretendan hacerlo.&nbsp;Cave canem. (*Tomado de El Pa\u00eds)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poder ha buscado controlar el temor, pero normalmente se le ha ido de las manos <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":19456,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"footnotes":""},"categories":[691,82,110],"tags":[],"class_list":["post-19455","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-691","category-la-opinion","category-la-opinion-columnas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19455","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19455"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19455\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19456"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19455"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19455"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19455"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}