{"id":13332,"date":"2019-10-25T18:54:23","date_gmt":"2019-10-25T18:54:23","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=13332"},"modified":"2023-07-21T15:13:20","modified_gmt":"2023-07-21T20:13:20","slug":"extraordinarias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/extraordinarias\/","title":{"rendered":"La fuga de Elena Garro"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> <strong>Elena Garro, su exilio y el movimiento estudiantil de 1968 conforman \u00abDebo olvidar que exist\u00ed\u00bb, el libro de Rafael Cabrera sobre la escritora que m\u00e1s arrebatos ha generado entre la comunidad intelectual de M\u00e9xico. <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Rafael Cabrera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico\/Gatopardo. Ciudad de M\u00e9xico. 25 de octubre 2019.- La puerta del cuartucho<sup>1<\/sup>\u00a0se abri\u00f3 de golpe y Mar\u00eda Collado entr\u00f3 furiosa y arroj\u00f3 un fajo de peri\u00f3dicos sobre el catre donde dorm\u00edan Elena Garro y su hija, Helena Paz. Era la ma\u00f1ana del domingo 6 de octubre de 1968. Elena tom\u00f3 los diarios y vio su nombre impreso en las primeras planas.\u00a0<em>Exc\u00e9lsior<\/em>\u00a0public\u00f3: \u201cSe\u00f1alan a Madrazo y Humberto Romero como instigadores. Tambi\u00e9n acusan a Elena Garro\u201d. Su nombre tambi\u00e9n aparec\u00eda en la portada de\u00a0<em>El Universal<\/em>. En\u00a0<em>El Heraldo de M\u00e9xico<\/em>\u00a0aparec\u00eda su foto arriba del cabezal: Elena miraba de perfil, con el cabello rubio en los hombros, envuelta en un abrigo claro. La nota de ocho de la prensa dec\u00eda: \u201cPrueba de complot\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Ciudad de M\u00e9xico hab\u00eda miedo. Cuatro d\u00edas antes, el 2 de octubre, un mitin del Movimiento Estudiantil, convocado por el Consejo Nacional de Huelga, fue reprimido a disparos por soldados y agentes encubiertos en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. El n\u00famero de muertos era incalculable y los detenidos se contaban por decenas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elena ley\u00f3 los peri\u00f3dicos de ese domingo: la noche previa, durante una conferencia de prensa desde la prisi\u00f3n del Campo Militar N\u00famero Uno, S\u00f3crates Amado Campos Lemus, uno de los dirigentes del Consejo, la acus\u00f3 a ella y al pol\u00edtico Carlos Madrazo, entre otros, de estar detr\u00e1s del Movimiento Estudiantil con el oscuro prop\u00f3sito de derrocar al gobierno del presidente Gustavo D\u00edaz Ordaz. \u201cEl complot comunista para derrocar al gobierno por medio de la violencia y la agitaci\u00f3n\u2026\u201d, empezaba la nota de primera plana de&nbsp;<em>El Heraldo de M\u00e9xico<\/em>. La investigaci\u00f3n era encabezada por el procurador general de la Rep\u00fablica Julio S\u00e1nchez Vargas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elena Garro ten\u00eda 51 a\u00f1os, era una mujer de mundo y hab\u00eda conseguido un lugar en las letras con su novela&nbsp;<em>Los recuerdos del porvenir<\/em>, publicada en 1963, galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia, adem\u00e1s del volumen de cuentos&nbsp;<em>La semana de colores<\/em>&nbsp;(1964) y el compendio de teatro&nbsp;<em>Un hogar s\u00f3lido&nbsp;<\/em>(1957). Tambi\u00e9n hab\u00eda escrito guiones de cine y art\u00edculos period\u00edsticos. Y ahora estaba ah\u00ed, escondida en ese cuartucho, sin dinero y lejos de su casa. Helena Paz, su hija de 28 a\u00f1os, lloraba a su lado. El cuarto deprim\u00eda a Garro: en ese mismo espacio, el D\u00eda de los Inocentes de 1954, su primo Boni, su compa\u00f1ero de juegos de la infancia, se suicid\u00f3. La atm\u00f3sfera era s\u00f3rdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afuera del cuarto, Mar\u00eda Collado lanzaba maldiciones. Estaba arrepentida de tener escondidas, desde una semana atr\u00e1s, a esas dos mujeres en su departamento en el segundo piso de Lisboa 17, en el centro de la Ciudad de M\u00e9xico. Madre e hija estaban seguras de que hab\u00edan intentado matarlas en la casona que rentaban en Lomas de Virreyes, a orillas del Bosque de Chapultepec. Elena y su hija llegaron a pie a la casa de Collado la madrugada del 29 de septiembre, clamando por asilo. Comenzaba a amanecer cuando Mar\u00eda las meti\u00f3 con sigilo al cuartucho y les orden\u00f3 que se callaran. Mar\u00eda subarrendaba la vivienda como pensi\u00f3n para espa\u00f1oles pobres que trabajaban como zapateros y sastres, y ninguno deb\u00eda escucharlas. Elena Garro y Collado se conoc\u00edan de d\u00e9cadas atr\u00e1s. Elena la llamaba su \u201cnana\u201d: le daba verg\u00fcenza decir que, en realidad, era su t\u00eda pol\u00edtica.<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese domingo, Garro y su hija dejaron los peri\u00f3dicos y, contra las instrucciones de Mar\u00eda, salieron del cuartucho para usar el tel\u00e9fono del departamento. Elena marc\u00f3 a la Secretar\u00eda de Gobernaci\u00f3n. Le contest\u00f3 un barrendero: \u201cNo hay nadie\u201d. Colg\u00f3. Marc\u00f3 a la Direcci\u00f3n Federal de Seguridad (DFS). Otro barrendero le dijo lo mismo: era domingo, nadie trabajaba. Decidi\u00f3 llamar a la casa de Carlos Madrazo, su amigo, y con quien estaba acusada de conspirar contra el gobierno mexicano. \u00c9l era un pol\u00edtico experimentado. En 1965 fue designado presidente del PRI, el partido oficial. Una de sus primeras acciones fue iniciar una cruzada para democratizar la elecci\u00f3n del candidato presidencial del PRI, con miras a los comicios de 1970. Pero en ese tiempo la decisi\u00f3n del candidato era una facultad cedida al presidente del pa\u00eds para elegir a su sucesor. Madrazo encontr\u00f3 tal resistencia, incluso del presidente Gustavo D\u00edaz Ordaz, que dimiti\u00f3 antes de cumplir un a\u00f1o en el cargo y comenz\u00f3 a trabajar en la creaci\u00f3n de un partido pol\u00edtico de oposici\u00f3n: Patria Nueva.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/cdn-5bf0ac72f911c8118cf45637.closte.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/elena-garro-int-2.jpg\" alt=\"Elena Garro: su exilio y el movimiento estudiantil de 1968\" class=\"wp-image-11072\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando hablaron por tel\u00e9fono, Madrazo y Garro acordaron responder a las acusaciones a trav\u00e9s de la prensa. \u201cHable usted primero, yo no conozco a S\u00f3crates\u201d, dijo Carlos a Elena. Pero su caso era similar: ella apenas si conoc\u00eda a Campos Lemus, el joven que los acusaba de conspirar contra el gobierno mexicano. Garro lleg\u00f3 a contar que una noche de agosto del 68, cuando el Movimiento Estudiantil estaba en plena efervescencia, un grupo de j\u00f3venes armados lleg\u00f3 a medianoche a su casa en las Lomas: quer\u00edan que los acompa\u00f1ara a conocer al dirigente estudiantil. No era una invitaci\u00f3n, era una orden. S\u00f3crates ten\u00eda fama de ser el m\u00e1s radical entre todas las cabezas visibles del movimiento y Elena no opuso resistencia. La subieron a un Valiant rojo que la condujo hasta el exterior del cine Chapultepec, en Paseo de la Reforma, donde a inicios del siglo xxi se erigir\u00eda la Torre Mayor. Era una de las cl\u00e1sicas noches de verano en la Ciudad de M\u00e9xico, oscura y h\u00fameda. Discutieron en el interior del auto. El Movimiento Estudiantil, espet\u00f3 Elena, era un pleito entre pol\u00edticos del PRI e intelectuales, y los j\u00f3venes con ideas de izquierda estaban siendo usados como carne de ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tienes tu marxismo \u2014le respondi\u00f3 S\u00f3crates\u2014 muy mal fundamentado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Y t\u00fa lo tienes muy mal digerido.<sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se hicieron de palabras. Garro le dijo: era muy valiente o estaba vendido. S\u00f3crates, ofendido, le respondi\u00f3 con una majader\u00eda y la calific\u00f3 de \u201cpeque\u00f1oburguesa\u201d. Siguieron discutiendo y en alg\u00fan momento, uno de los dos mencion\u00f3 el nombre de Carlos Madrazo. Cada uno contar\u00eda, m\u00e1s tarde, su versi\u00f3n del encuentro. La versi\u00f3n que dio S\u00f3crates ante la prensa, en el Campo Militar, fue que Garro le recomend\u00f3 que si el movimiento quer\u00eda triunfar, necesitaba un l\u00edder social visible y fuerte, y ese jefe deb\u00eda ser Madrazo. Pero Elena dir\u00eda m\u00e1s tarde que Campos Lemus fue quien sugiri\u00f3 que Madrazo deb\u00eda convertirse en la cabeza del movimiento y le pidi\u00f3 que le comunicara su idea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afuera del edificio de Lisboa 17 hab\u00eda actividad inusual. Teresa, la ayudante de Mar\u00eda Collado, les advirti\u00f3 que un grupo de autos con polic\u00edas estaban rodeando el condominio, una construcci\u00f3n de inicios de 1900 bautizada como Edificio Prim. Elena y su hija se sintieron atrapadas. Les aconsejaron huir. Pero Elena fue irreductible. Ella no era culpable y ten\u00eda miedo de que la polic\u00eda les aplicara la \u201cley fuga\u201d. Estaban tan aturdidas que al poco rato cambiaron de parecer y planearon su huida con una idea est\u00fapida: madre e hija \u2014dos mujeres rubias, delgadas y altas\u2014 se pintar\u00edan el cabello de negro y se vestir\u00edan \u201ccomo indias\u201d \u2014faldas largas, rebozos cubriendo sus cabezas\u2014, para escapar por la puerta trasera del edificio, donde cre\u00edan que no habr\u00eda polic\u00edas. Helena Paz pidi\u00f3 a la ayudante de Mar\u00eda que corriera a comprar el tinte \u2014terciopelo negro, marca Miss Clairol\u2014, y cuando lo tuvo en sus manos, se lo aplicaron apresuradas en el ba\u00f1o. Las dos mujeres, con la cabellera oscurecida, se ve\u00edan p\u00e1lidas; no les iba nada bien el color, ten\u00edan caras de espanto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adentro del departamento todo era caos. Un hu\u00e9sped desayunaba cuando se le aparecieron Elena y su hija, con el pelo escurriendo gotas de tintura azabache y envueltas en dos enormes batas de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Usted es testigo \u2014le dijo Helena Paz\u2014 de que hemos estado aqu\u00ed toda la semana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Yo a usted no la he visto nunca \u2014dijo el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Veo que en Espa\u00f1a ha muerto Don Quijote \u2014le revir\u00f3 la joven, molesta por la respuesta\u2014. S\u00f3lo quedan Sanchos Panzas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los hu\u00e9spedes, de apellido Echauri, recomend\u00f3 a Elena que saliera a refutar a Campos Lemus: \u201cEl S\u00f3crates es un agente provocador. Debes atacarlo\u201d, le dijo. En medio de la conversaci\u00f3n son\u00f3 el tel\u00e9fono y Mar\u00eda tom\u00f3 la llamada. Una voz con acento extranjero emiti\u00f3 una amenaza seca: \u201cUsted tiene ah\u00ed a esas dos cabronas. Las vamos a volar\u201d. A Mar\u00eda casi le dio un colapso nervioso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00a1Que se me va la boca\u2026!\u201d, exclam\u00f3 con su vozarr\u00f3n de acento espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda orden\u00f3 a las Garro que se largaran del departamento. Pero ellas la ignoraron y volvieron al plan pactado con Madrazo: llamar\u00edan a los peri\u00f3dicos para dar su versi\u00f3n. Pasaba el mediod\u00eda cuando Helena Paz llam\u00f3 a la redacci\u00f3n de&nbsp;<em>Novedades<\/em>&nbsp;para que enviaran a un periodista a su escondite.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recibieron al reportero y al fot\u00f3grafo de&nbsp;<em>Novedades<\/em>&nbsp;en el comedor del departamento. Madre e hija a\u00fan tra\u00edan el pelo mojado tras haberse aplicado el tinte; las mechas negras, h\u00famedas, se escurr\u00edan sobre sus caras. Parec\u00edan reci\u00e9n ba\u00f1adas y as\u00ed las captaron en las fotograf\u00edas que les tomaron. Helena Paz abri\u00f3 una cerveza para aplacar sus nervios y su madre no dejaba de fumar. Garro desminti\u00f3 a S\u00f3crates y pidi\u00f3 tener un careo con \u00e9l. Al poco tiempo los periodistas de&nbsp;<em>Novedades<\/em>&nbsp;se marcharon. No fueron los \u00fanicos: todos los hu\u00e9spedes espa\u00f1oles de la pensi\u00f3n huyeron del departamento por temor de que las autoridades los deportaran por inmiscuirse en asuntos pol\u00edticos. El famoso art\u00edculo 33 de la Constituci\u00f3n que se usa para expulsar a extranjeros que se meten en asuntos internos del pa\u00eds. Mar\u00eda se encerr\u00f3 en su cuarto. Elena Garro y Helena Paz eran dos extra\u00f1as en un departamento extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hacia la tarde decidieron llamar a las redacciones de todos los peri\u00f3dicos. En los siguientes minutos, el desvencijado departamento de Mar\u00eda Collado se convirti\u00f3 en la sede de una improvisada rueda de prensa. Llegaron los periodistas de&nbsp;<em>El Universal<\/em>,&nbsp;<em>Exc\u00e9lsior<\/em>,&nbsp;<em>La Prensa<\/em>&nbsp;y m\u00e1s diarios nacionales. Madre e hija estaban molestas con la l\u00ednea editorial de&nbsp;<em>El Heraldo de M\u00e9xico<\/em>, y decidieron no invitar a ning\u00fan periodista de esa casa editorial.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/cdn-5bf0ac72f911c8118cf45637.closte.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/elena-garro-int-3.jpg\" alt=\"Elena Garro: su exilio y el movimiento estudiantil de 1968\" class=\"wp-image-11074\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa tarde, Elena llevaba un vestido blanco de manga larga que, con la cabellera negra vaporosa, la hac\u00eda ver flaqu\u00edsima y p\u00e1lida. Los reporteros fueron incisivos, quer\u00edan que Garro dijera los nombres de los estudiantes que conoc\u00eda, como si lo dicho por Campos Lemus fuera cierto y ella s\u00ed fuera la jefa de la conjura comunista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEse muchacho est\u00e1 loco. Estoy dispuesta a carearme con \u00e9l para ver si me sostiene lo que ha afirmado\u201d, dijo Garro, de acuerdo con la nota de&nbsp;<em>El Universal<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las fotograf\u00edas tomadas durante la entrevista captaron a Elena sobre una silla colocada en una esquina del departamento de Mar\u00eda. Los periodistas se sentaron alrededor de ella y no cedieron en sus preguntas hasta que les dijera qui\u00e9nes eran responsables del movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entonces, Elena Garro habl\u00f3 y habl\u00f3, y de su boca emergi\u00f3 un estruendo, un terremoto, una tormenta, un eclipse, y nunca nada volvi\u00f3 a ser igual. Durante los a\u00f1os, d\u00e9cadas siguientes, la escritora repas\u00f3 muchas veces en su memoria aquella tarde de oto\u00f1o de 1968, cuando estuvo sentada en una silla de madera, rodeada por un grupo de reporteros ansiosos en el departamento de Mar\u00eda Collado, en la que exclam\u00f3: \u201cLos intelectuales son los culpables. Yo culpo a los intelectuales de ser los verdaderos responsables de cuanto ha ocurrido. Esos intelectuales de extrema izquierda que lanzaron a los estudiantes a una loca aventura, que ha costado vidas y provocado dolor en muchos hogares mexicanos. Ahora como cobardes, pues son unos cobardes, se esconden\u2026\u201d.<sup>4<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero a los periodistas no les bast\u00f3. Insaciables, quer\u00edan los nombres de los se\u00f1alados. Elena siempre asegur\u00f3 que no dio nombres y, de manera general, responsabiliz\u00f3 a quienes hab\u00edan firmado desplegados y marchado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cTodos los intelectuales desfilaban con carteles diciendo \u2018abajo el gobierno\u2019, yo nunca. \u00bfC\u00f3mo pueden decir que yo soy la culpable? Que hablen ellos, los que lanzaron a los estudiantes a la calle. Ahora se murieron los muchachos y ellos est\u00e1n escondidos debajo de la cama. Ah\u00ed est\u00e1n todos los que firmaban los manifiestos de los peri\u00f3dicos\u2026\u201d, respondi\u00f3 Elena.<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan Nieto Mart\u00ednez, reportero de&nbsp;<em>La Prensa<\/em>, le dijo: \u201cQu\u00e9 valiente es usted\u201d. Pero Elena no entend\u00eda nada. M\u00e1s tarde, escribi\u00f3 que sent\u00eda que un rayo la hab\u00eda fulminado. Garro cont\u00f3 a los periodistas que esa ma\u00f1ana llam\u00f3 a Gobernaci\u00f3n y a la DFS para que fueran a detenerla pues, a su juicio, estar\u00eda m\u00e1s segura en una celda. Los periodistas no creyeron que hubiera llamado, les parec\u00eda il\u00f3gico que pidiera su detenci\u00f3n. Y como si la hubieran desafiado, marc\u00f3 para pedir, otra vez, que fueran a detenerla. Primero intent\u00f3 buscar a Luis Echeverr\u00eda, secretario de Gobernaci\u00f3n. Le dijeron que no estaba, as\u00ed que marc\u00f3 a la DFS.&nbsp;<em>El Universal<\/em>&nbsp;reprodujo sus palabras al tel\u00e9fono: \u201cHabla Elena Garro. Insisto en que vengan a aprehenderme. Que me fusilen si soy culpable\u2026 \u00bfNo est\u00e1 el jefe? Pues que lo llamen. Aqu\u00ed estoy esperando. Tengo menos miedo del gobierno que de los terroristas\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los fot\u00f3grafos la capturaron con el auricular en la mano y con gestos dram\u00e1ticos. Su rostro qued\u00f3 retratado en una mueca de espanto, y as\u00ed sali\u00f3 en las p\u00e1ginas de los diarios del d\u00eda siguiente. Al poco rato los periodistas corrieron a las redacciones para escribir sus notas. Las declaraciones de Elena Garro hab\u00edan sido sensacionales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche cay\u00f3 aquel domingo 6 de octubre y adentro del departamento quedaron, solas, Elena Garro y Helena Paz, Mar\u00eda Collado y Teresa, su ayudante. Mar\u00eda suplic\u00f3, otra vez, a madre e hija que se fueran de su casa. Pero ellas la ignoraron, no ten\u00edan ad\u00f3nde ir. Era casi medianoche y cre\u00edan que en cualquier momento entrar\u00edan a asesinarlas. De pronto tocaron la puerta del departamento. Abrieron. Un hombre alto, recio, de piel morena y vestido de uniforme se present\u00f3: era el capit\u00e1n Salazar, un militar. Helena Paz, a\u00f1os despu\u00e9s, cont\u00f3 la escena a la revista&nbsp;<em>Proceso<\/em>:<sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Vengo a ver si est\u00e1n aqu\u00ed la se\u00f1ora Garro y su hija.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Yo soy la se\u00f1ora Garro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mucho gusto \u2014respondi\u00f3 el militar\u2014. Caray, qu\u00e9 pantalones tiene usted. La felicito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elena le ofreci\u00f3 un caf\u00e9 y lo invit\u00f3 a pasar a la cocina del departamento. Madre e hija se sentaron con el militar y se pusieron a platicar. Fumaban de manera compulsiva. Estaban seguras de que lo hab\u00edan enviado para llevarlas detenidas. Helena Paz le dijo al militar que ella no estaba a favor del Movimiento Estudiantil. \u201cEs un movimiento antimexicano\u201d, asegur\u00f3 la joven y el militar, feliz, aprob\u00f3 sus palabras. Elena Garro estaba desesperada y le exigi\u00f3 que la llevara detenida. Pero Elena y su hija, instruy\u00f3 el militar, deb\u00edan permanecer en el departamento. Garro insisti\u00f3 tanto en que se la llevaran detenida que el militar hizo una llamada, pero le ordenaron lo mismo: Elena y su hija no deb\u00edan moverse de la casa de Mar\u00eda Collado. Harta, Elena le arrebat\u00f3 el tel\u00e9fono al capit\u00e1n Salazar y escuch\u00f3 que, del otro lado del tel\u00e9fono, alguien la tildaba de loca. La frase la enoj\u00f3 tanto que la escribi\u00f3 m\u00e1s tarde en sus apuntes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u2026esa se\u00f1ora padece delirio persecutorio\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el humor negr\u00edsimo que la caracterizaba, Elena respondi\u00f3 a su interlocutor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Usted deber\u00eda estar en Viena, en el instituto psiqui\u00e1trico, pues nunca me ha visto y hace ese diagn\u00f3stico tan acertado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Colg\u00f3 el tel\u00e9fono. El calificativo le pareci\u00f3 el colmo: ese d\u00eda hab\u00eda aparecido en todos los peri\u00f3dicos acusada de ser una de las cabezas de la conjura comunista y la acusaban de padecer \u201cdelirio persecutorio\u201d. El capit\u00e1n Salazar se despidi\u00f3. \u201cMe ha ca\u00eddo usted muy bien\u201d. Y como una cortes\u00eda, el militar le ofreci\u00f3 su pistola de cargo para que ella y su hija se protegieran.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Usted la necesita m\u00e1s que yo \u2014le respondi\u00f3 Elena\u2014. S\u00f3lo tiene a todo al Ej\u00e9rcito y a la polic\u00eda de su lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de salir del departamento, el capit\u00e1n Salazar se detuvo un instante y le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Se\u00f1ora, huya. Est\u00e1 perdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Madre e hija durmieron atribuladas. Esperaban lo peor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>* * *<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/cdn-5bf0ac72f911c8118cf45637.closte.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/elena-garro-int-4.jpg\" alt=\"Elena Garro: su exilio y el movimiento estudiantil de 1968\" class=\"wp-image-11076\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ma\u00f1ana del lunes 7 de octubre Elena Garro y Helena Paz revisaron los peri\u00f3dicos. La escritora aparec\u00eda, otra vez, en la mayor\u00eda de las portadas de los diarios nacionales. La primera plana de&nbsp;<em>El Universal<\/em>&nbsp;era un esc\u00e1ndalo atroz: \u201cCulpa Elena Garro a 500 intelectuales\u201d. El art\u00edculo, firmado por el periodista \u00d3scar del Rivero, enlistaba a un grupo de intelectuales y artistas como si Elena los hubiera nombrado de manera expl\u00edcita: los fil\u00f3sofos y profesores de la unam, Luis Villoro, Ricardo Guerra y Leopoldo Zea; el pol\u00edtico Jes\u00fas Silva Herzog; los escritores Rosario Castellanos y Carlos Monsiv\u00e1is; y los pintores Jos\u00e9 Luis Cuevas y Leonora Carrington, entre muchos m\u00e1s, eran los supuestos responsables de haber arengado a los j\u00f3venes a salir a las calles a manifestarse contra el gobierno mexicano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tono de la nota de&nbsp;<em>Exc\u00e9lsior<\/em>&nbsp;era menos estridente: \u201cNiegan cargos los cinco se\u00f1alados\u201d.&nbsp;<em>Novedades<\/em>&nbsp;titul\u00f3 su nota: \u201cRechaza Elena Garro acusaciones\u201d.&nbsp;<em>La Prensa<\/em>&nbsp;public\u00f3 en interiores una foto de ella con el t\u00edtulo: \u201cCargos de Elena Garro\u201d. El \u00fanico nombre que este diario citaba era el del rector de la Universidad Nacional, Javier Barros Sierra, a quien Garro se\u00f1al\u00f3 como supuesto responsable del movimiento.&nbsp;<em>El Heraldo de M\u00e9xico<\/em>, que no fue invitado a la rueda de prensa, no public\u00f3 ni una nota y, en cambio, incluy\u00f3 en su edici\u00f3n una caricatura de la escritora con un agente del Ministerio P\u00fablico que miraba su cuerpo de forma lasciva, al tiempo que pensaba: \u201cA ver si con Elena A-garro\u201d. Otra notas citaban al procurador general de la Rep\u00fablica, Julio S\u00e1nchez Vargas, quien aseguraba que hab\u00eda evidencias para llamar a declarar a Madrazo, Garro y el resto de supuestos conjurados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elena siempre asegur\u00f3 que&nbsp;<em>El Universal<\/em>&nbsp;invent\u00f3 la cifra de \u201c500 intelectuales\u201d y puso los nombres como si hubieran salido de su boca. Tras la publicaci\u00f3n de sus declaraciones, la escritora pas\u00f3, de un d\u00eda a otro, de ser supuesta delatada a delatora de los intelectuales del Movimiento Estudiantil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al poco rato lleg\u00f3 al departamento un grupo de la prensa extranjera para entrevistarlas. Los periodistas hab\u00edan llegado a M\u00e9xico para reportar los Juegos Ol\u00edmpicos que ser\u00edan inaugurados en unos d\u00edas, exactamente el 12 de octubre, en la Ciudad de M\u00e9xico: los primeros, y hasta ahora \u00fanicos, que M\u00e9xico ha organizado. Pero el trabajo de los periodistas dio un giro abrupto cuando ocurri\u00f3 la matanza de Tlatelolco y comenzaron a correr las acusaciones sobre los responsables. Los reporteros intentaron hablar esa ma\u00f1ana con Helena Paz, pero la joven rompi\u00f3 en un llanto tan incontrolable que apenas le permiti\u00f3 pedirles ayuda. \u201cNon piangere, bambina, non piangere\u2026\u201d, record\u00f3 que la consolaban los periodistas italianos. Elena repiti\u00f3 la versi\u00f3n que un d\u00eda antes dio a los periodistas nacionales: ella no estaba detr\u00e1s del movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Casi al mismo tiempo, en otro punto de la Ciudad de M\u00e9xico, Carlos Madrazo sali\u00f3 a aclarar las acusaciones de S\u00f3crates. El pol\u00edtico convoc\u00f3 a la prensa en su despacho en la calle de Miguel Laurent, en la colonia Del Valle, una zona de clase media de la capital. Ah\u00ed ley\u00f3 un comunicado, en el que no dijo ni una sola palabra sobre las declaraciones que un d\u00eda antes hizo Elena Garro sobre los intelectuales:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEn ning\u00fan momento he tenido contacto con el Movimiento Estudiantil. Estoy al margen de este problema\u2026 He repudiado siempre la violencia como sistema y la fuerza como punto de apoyo de ning\u00fan plan social\u2026\u201d<sup>7<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Lisboa 17, apenas se retiraron los reporteros extranjeros del departamento, un par de agentes de la DFS lleg\u00f3 buscando a Elena Garro. Se apellidaban Sober\u00f3n y Mayorga, seg\u00fan anot\u00f3 Elena, y estaban ah\u00ed para llevarla detenida. Helena Paz describi\u00f3 a&nbsp;<em>Proceso<\/em>, a\u00f1os despu\u00e9s, la escena:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfPor qu\u00e9 se llevan a mi mam\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Es por su protecci\u00f3n, porque los comunistas la quieren matar. \u00bfNo han visto&nbsp;<em>El Universal<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elena no opuso resistencia y fue llevada a las oficinas de la DFS, ubicada en una de las esquinas de la explanada del Monumento a la Revoluci\u00f3n. El edificio era un enorme cubo gris de color cemento de cuatro niveles. Los agentes condujeron a Elena al despacho del director. Ella lo conoc\u00eda bien: era el capit\u00e1n Fernando Guti\u00e9rrez Barrios. La DFS, en la historia de M\u00e9xico, fue sin\u00f3nimo de corrupci\u00f3n, espionaje, tortura, desapariciones y homicidios extrajudiciales. Guti\u00e9rrez Barrios fue un hombre clave para el PRI: hizo del espionaje pol\u00edtico un arma para controlar a la oposici\u00f3n. Fue un hombre del sistema, pues adem\u00e1s de encabezar la DFS, fue gobernador, secretario de Gobernaci\u00f3n durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari y falleci\u00f3, en octubre del 2000, siendo senador. Qu\u00e9 tanto supo y qu\u00e9 tanto hizo, s\u00f3lo \u00e9l estuvo al tanto. Fernando Guti\u00e9rrez Barrios fue un hombre que, hasta el final, opt\u00f3 por el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alguna vez, en el verano de 1967, la situaci\u00f3n fue opuesta: Elena Garro recibi\u00f3 a don Fernando en su casa de Lomas de Virreyes. Helena Paz lleg\u00f3 a contar que, cuando ella y su madre lo vieron en el p\u00f3rtico, le pidieron que les mostrara su placa para que comprobara ser jefe de la polic\u00eda secreta<sup>8<\/sup>. Ambas imaginaban a un polic\u00eda mexicano como un hombre panz\u00f3n, moreno y bigotudo. Pero ante ellas estaba parado un hombre apuesto, de tez clara, delgado, no muy alto, de bigote recortado con meticulosidad, copete abultado y patillas pobladas. Despu\u00e9s de tratarlo, Elena y su hija estuvieron seguras de que Guti\u00e9rrez Barrios, con su inteligencia perversa y formaci\u00f3n militar, era el equivalente mexicano de Fouch\u00e9, el franc\u00e9s que introdujo en el siglo xix el arte del espionaje en el juego pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/cdn-5bf0ac72f911c8118cf45637.closte.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/elena-garro-int-1.jpg\" alt=\"Elena Garro: su exilio y el movimiento estudiantil de 1968\" class=\"wp-image-11075\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa ma\u00f1ana, cuando Elena cruz\u00f3 la puerta del despacho del director de la DFS, fue recibida con una carcajada estruendosa de don Fernando. El capit\u00e1n sufri\u00f3 un ataque de risa apenas la vio con el cabello oscurecido. A Elena no le sentaba nada bien la tintura azabache. Ella lo sab\u00eda. Mar\u00eda Collado ya le hab\u00eda dicho que ella y Helena se ve\u00edan rar\u00edsimas despu\u00e9s de que tuvieron la est\u00fapida idea de pintarse la cabellera. Se sinti\u00f3 rid\u00edcula parada frente a ese hombre poderoso que se re\u00eda a carcajadas de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando Helena Paz se qued\u00f3 sola en el departamento de Lisboa 17, Mar\u00eda Collado le pidi\u00f3 que se fuera. No quer\u00eda m\u00e1s l\u00edos con ese par de mujeres problem\u00e1ticas que hab\u00edan llevado a su hogar una horda de periodistas y polic\u00edas. Helena busc\u00f3 en su agenda a alguien que pudiera esconderla y marc\u00f3 esperando tener suerte. Al poco rato, afuera del edificio se estacion\u00f3 un sed\u00e1n Volkswagen que llevaba un grupo de j\u00f3venes universitarios. Eran Federico Hern\u00e1ndez Zamora y Ruperto Pati\u00f1o Manffer, entre otros. Los hab\u00eda conocido tiempo atr\u00e1s en la oficina de Norberto Aguirre Palancares, jefe del Departamento Agrario, quien era muy amigo de Elena Garro. Helena les cont\u00f3 que la DFS se hab\u00eda llevado a su madre y les rog\u00f3 que la ayudaran a esconderse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Primero se les ocurri\u00f3 llevarla a los edificios del multifamiliar Miguel Alem\u00e1n, al sur de la ciudad, donde ten\u00edan conocidos que pod\u00edan esconderla. Pero cuando llegaron, vieron que la polic\u00eda ten\u00eda rodeada la unidad habitacional y hab\u00eda departamentos atravesados por cintas amarillas para impedir el paso. A\u00fan continuaba la cacer\u00eda de detenidos despu\u00e9s de Tlatelolco. Helena pens\u00f3 en esconderse en la casa de su abuela paterna, Josefina Lozano. Manejaron hasta Porfirio D\u00edaz 15, a un costado del Parque Hundido. Tampoco tuvo suerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cYo aqu\u00ed no te recibo, sinverg\u00fcenza comunista\u201d, le habr\u00eda dicho a Helena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La joven se resign\u00f3 y no vio m\u00e1s alternativa que pedir a sus amigos que la llevaran a la Secretar\u00eda de Gobernaci\u00f3n para pedir a Luis Echeverr\u00eda que la reuniera con su madre. Era mejor estar detenidas juntas, que sola. Helena Paz nunca dio detalles del encuentro, pero al parecer fue f\u00e1cil para ella acceder al secretario de Gobernaci\u00f3n y preguntarle d\u00f3nde estaba su madre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEst\u00e1 protegida por nuestra polic\u00eda secreta\u201d, dijo Echeverr\u00eda, seg\u00fan Helena Paz, y orden\u00f3 que la llevaran con Garro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez que madre e hija estuvieron juntas, le suplicaron al jefe de la polic\u00eda secreta que las dejara recoger a sus gatos y a su perra Agripina, que se hab\u00edan quedado solos en su casa desde una semana atr\u00e1s. Tambi\u00e9n para que empacaran algo de ropa. Don Fernando, escribi\u00f3 Garro, orden\u00f3 que las llevaran a su casa en Fernando Alencastre 220, en Lomas de Virreyes. Cuando llegaron, vieron a los gatos Juan Lanas y Humitos Madrazo, bautizado as\u00ed por su amigo Carlos, asomados en una ventana de la cocina con caras de asustados. La perra Agripina estaba en el patio, echada ante la entrada de la casa, con la cara tr\u00e1gica y los ojos abandonados. Cuando las vio, se levant\u00f3 feliz, agit\u00f3 la cola y se par\u00f3 en dos patas para lamerles la cara. Les dio gusto ver que alguien le hab\u00eda puesto comida y agua al can. La casona estaba quieta en el interior, casi todo estaba id\u00e9ntico a la tarde del s\u00e1bado 28 de septiembre, cuando salieron huyendo seguras de que iban a matarlas despu\u00e9s de que Elena contest\u00f3 el tel\u00e9fono y escuch\u00f3 una voz que le escupi\u00f3 una amenaza:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00bfElena Garro? Cabrona, hija de la chingada. Sabes muy bien qui\u00e9n soy, no te hagas la pendeja. Ahora s\u00ed no te escapas, porque te hemos puesto una bomba que va a volar tu casa y te vas a morir con todo y tu hija\u2026\u201d.<sup>9<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tiempo, no obstante, hab\u00eda dejado su huella en el interior de la casa. Sobre la mesa de la cocina, dos tazas con caf\u00e9 que Elena sirvi\u00f3 poco antes de huir estaban cubiertas por una nata de hongos verdes. El bote de basura hed\u00eda. Subieron a sus rec\u00e1maras. Hicieron maletas bajo la mirada de los agentes de la DFS. En esa casa, Elena Garro y su hija dejaron sus libros, sus manuscritos, los cuadros que le hab\u00edan hecho sus amigos pintores. Todo. Nunca m\u00e1s regresaron a esa casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Madre e hija fueron llevadas por los agentes de la DFS a dejar a Juan Lanas y Humitos con Mar\u00eda, a pesar de que ella y su ayudante miraron con recelo a los gatos. Mar\u00eda, seg\u00fan Garro, prometi\u00f3 que le rentar\u00eda una jaula a Agripina en la Sociedad Protectora de Animales. Se despidieron de ellos. Garro siempre recordar\u00eda los ojos desconsolados de la perra Agripina cuando la dejaron. Los custodios las llevaron otra vez a la dfs y m\u00e1s tarde las condujeron a un edificio lujoso, de fachada blanca y grandes puertas de vidrio, en la calle La Fragua.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era el hotel Casa Blanca, justo a espaldas del edificio de la DFS.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>NOTAS:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>1&nbsp;<\/sup>Esta reconstrucci\u00f3n se basa en la relator\u00eda de hechos del \u201cMemor\u00e1ndum\u201d, escrito por Elena Garro, y que forma parte del archivo de la escritora en la Universidad de Princeton.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>z&nbsp;<\/sup>La ficha migratoria de Mar\u00eda Collado, conservada en el AGN, comprueba que fue la segunda esposa de Bonifacio Garro, hermano de Jos\u00e9 Antonio Garro, padre de Elena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>3&nbsp;<\/sup>Los di\u00e1logos corresponden a la narraci\u00f3n que hizo Elena Garro sobre el encuentro, durante la entrevista \u201cEn las garras de las dos Elenas\u201d, publicada en la revista&nbsp;<em>Siempre!<\/em>, en 1980.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>4&nbsp;<\/sup>Declaraciones reproducidas por&nbsp;<em>El Universal<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>5&nbsp;<\/sup>Garro siempre insisti\u00f3 en que ella nunca dio nombres espec\u00edficos. As\u00ed lo repiti\u00f3 en entrevista con Carlos Landeros publicada por&nbsp;<em>Siempre!<\/em>, en 1980, de donde se toma la frase.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>6&nbsp;<\/sup>\u201cElena Garro en el 68, por Helena Paz\u201d,&nbsp;<em>Proceso<\/em>, M\u00e9xico, 16 de julio de 2006.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>7&nbsp;<\/sup>Transcripci\u00f3n de las declaraciones de Madrazo, conservadas en la versi\u00f3n p\u00fablica del pol\u00edtico entregada por el AGN.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>8&nbsp;<\/sup>\u201cElena Garro en el 68, por Helena Paz\u201d,<em>&nbsp;op. cit<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup>9&nbsp;<\/sup>Luis Enrique Ram\u00edrez,&nbsp;<em>La muela del juicio<\/em>, Conaculta, M\u00e9xico, 1994.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Elena Garro, su exilio y el movimiento estudiantil de 1968 conforman \u00abDebo olvidar que exist\u00ed\u00bb, el libro de Rafael Cabrera sobre la escritora que m\u00e1s arrebatos ha generado entre la comunidad intelectual de M\u00e9xico.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":13333,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[690,66],"tags":[],"class_list":["post-13332","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-690","category-extraordinarias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13332","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13332"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13332\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13333"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13332"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13332"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13332"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}