{"id":106223,"date":"2026-06-08T15:30:12","date_gmt":"2026-06-08T21:30:12","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=106223"},"modified":"2026-06-08T15:30:13","modified_gmt":"2026-06-08T21:30:13","slug":"juego-de-ojos-lo-que-no-acabamos-de-comprender","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/juego-de-ojos-lo-que-no-acabamos-de-comprender\/","title":{"rendered":"Juego de ojos| Lo que no acabamos de comprender"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 8 de junio, 2026.- Hay di\u00e1logos que informan, otros que obligan a pensar y algunos que reviven inquietudes que fueron sembradas en nuestro ADN hace millones de a\u00f1os en las planicies africanas: el miedo a lo que no acabamos de comprender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una conversaci\u00f3n reciente entre Ezra Klein y Yuval Noah Harari en el New York Times pertenece a estas categor\u00edas. No s\u00f3lo por lo que se dijo, sino por qui\u00e9nes lo dijeron. Cuando la escuch\u00e9 hace unos d\u00edas me sent\u00ed en ebullici\u00f3n intelectual y emocional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La entrevista deja una sensaci\u00f3n inc\u00f3moda: quiz\u00e1 la gran disputa de nuestro tiempo no sea entre izquierda y derecha, ni entre nacionalistas y globalistas, ni entre el pueblo bueno y los reaccionarios del pasado, sino entre dos maneras de entender la condici\u00f3n humana. Una sostiene que la historia avanza por la fuerza; la otra, que avanza por la cooperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El encuentro fue un espacio de reflexi\u00f3n no s\u00f3lo en el contexto saj\u00f3n, sino tambi\u00e9n aplicable al ambiente pol\u00edtico mexicanos, en donde pululan br\u00fajulas desorientadas, onanismo declarativo y poca solidez intelectual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Harari no es un comentarista ocasional ni un profesor m\u00e1s. Historiador formado en Oxford, catedr\u00e1tico de la Universidad Hebrea de Jerusal\u00e9n y autor de algunos de los libros m\u00e1s influyentes de las \u00faltimas dos d\u00e9cadas, se convirti\u00f3 en una figura global cuando su libro Sapiens logr\u00f3 algo poco usual: sacar la historia de las aulas e insertarla en la conversaci\u00f3n p\u00fablica mundial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus obras posteriores, Homo Deus, 21 Lecciones para el siglo XXI y m\u00e1s recientemente Nexus, le dan una posici\u00f3n singular: la de int\u00e9rprete de largo plazo en una \u00e9poca obsesionada con el minuto a minuto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estuvo con Ezra Klein, una de las voces m\u00e1s influyentes del ecosistema intelectual yanqui, un periodista que intenta pensar antes de reaccionar. Su programa, The Ezra Klein Show, se ha convertido en una de las plataformas m\u00e1s importantes para discutir pol\u00edtica, tecnolog\u00eda, filosof\u00eda y cultura en el pa\u00eds vecino. Cito libremente de la transcripci\u00f3n del NYT del pasado 26 de mayo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El punto de partida de la conversaci\u00f3n es una frase de Stephen Miller, uno de los ide\u00f3logos m\u00e1s influyentes del trumpismo: \u201cEl mundo est\u00e1 gobernado por la fuerza, el poder y la dominaci\u00f3n.\u201d Harari responde con una observaci\u00f3n que parece elemental pero que adquiere una potencia devastadora cuando se examina hist\u00f3ricamente. Si \u201cla fuerza\u201d fuera la \u00fanica ley del mundo, la especie humana seguir\u00eda agrupada en peque\u00f1as bandas de cazadores incapaces de construir<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">ciudades, universidades, hospitales o Estados. La civilizaci\u00f3n naci\u00f3 cuando los seres humanos aprendieron a confiar en desconocidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tesis parece ingenua en una \u00e9poca dominada por la brutalidad de los poderosos. Desde Washington hasta Mosc\u00fa, desde Jerusal\u00e9n hasta Pek\u00edn, abundan quienes proclaman que el orden internacional depende de que los d\u00e9biles acepten la voluntad de los fuertes. Sin embargo, Harari responde con la perspectiva que s\u00f3lo concede la reflexi\u00f3n hist\u00f3rica: ese experimento ya fue realizado durante milenios. Produjo imperios, s\u00ed, pero tambi\u00e9n guerras interminables. La verdadera anomal\u00eda hist\u00f3rica, sostiene, fue el per\u00edodo reciente en que numerosas naciones dedicaron m\u00e1s recursos a la salud que a la defensa. No era una utop\u00eda; era una forma distinta de administrar el miedo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay otra observaci\u00f3n particularmente f\u00e9rtil para el oficio period\u00edstico. La verdad, dice Harari, es costosa. Exige investigaci\u00f3n, matices y la aceptaci\u00f3n de contradicciones. La ficci\u00f3n, en cambio, es barata, sencilla y reconfortante. Puede presentar a unos como absolutamente buenos y a otros como absolutamente malos. Por eso las sociedades suelen organizarse alrededor de relatos antes que de hechos. La democracia liberal, con todas sus insuficiencias, tuvo una virtud singular: construy\u00f3 mecanismos para corregirse a s\u00ed misma. Elecciones, prensa libre, tribunales independientes y contrapesos institucionales parten de una premisa modesta pero revolucionaria: los seres humanos se equivocan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un momento revelador. Harari recuerda que el texto fundador de Estados Unidos comienza con las palabras \u201cWe the People\u201d, no con \u201cI am the Lord your God\u201d. La diferencia parece sem\u00e1ntica, pero es pol\u00edtica. Si una comunidad reconoce que sus instituciones son creaci\u00f3n humana, puede modificarlas. Si afirma que provienen de una revelaci\u00f3n divina, la correcci\u00f3n se vuelve herej\u00eda. Ah\u00ed est\u00e1 quiz\u00e1 una de las claves de la modernidad democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La conversaci\u00f3n se vuelve m\u00e1s inquietante cuando aborda la inteligencia artificial. Durante d\u00e9cadas nos preocup\u00f3 que las m\u00e1quinas capturaran nuestra atenci\u00f3n. Ahora, advierte Harari, intentar\u00e1n capturar nuestra intimidad. El problema ya no es cu\u00e1nto tiempo pasamos frente a una pantalla, sino cu\u00e1ntas emociones depositamos en entidades capaces de simular amistad, admiraci\u00f3n, amor o comprensi\u00f3n. Las redes sociales aprendieron a pulsar los botones del miedo y la ira. Los nuevos sistemas aprender\u00e1n a pulsar los del afecto. La batalla tecnol\u00f3gica se est\u00e1 trasladando del mercado de la atenci\u00f3n al mercado de los v\u00ednculos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Klein introduce entonces una observaci\u00f3n que parece salida de Marshall McLuhan: lo verdaderamente seductor de la inteligencia artificial no es que nos presente a un otro, sino que nos devuelve una versi\u00f3n ampliada de nosotros mismos. Una conciencia aparente que nunca se cansa, nunca contradice demasiado y siempre est\u00e1 disponible. Harari coincide: estamos realizando el mayor experimento psicol\u00f3gico de la historia sobre miles de millones de personas sin tener idea de cu\u00e1les ser\u00e1n las consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 la imagen m\u00e1s poderosa de la entrevista sea una que pasa casi inadvertida. Harari sostiene que la humanidad vive dentro de una gran casa construida por generaciones anteriores. Todav\u00eda funcionan las tuber\u00edas, la electricidad y los cimientos, pero hemos dejado de darles mantenimiento. La met\u00e1fora sirve para las democracias, para el sistema internacional y para la convivencia cotidiana. Las instituciones sobreviven alg\u00fan tiempo gracias a la inercia. Despu\u00e9s comienzan a resquebrajarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay adem\u00e1s una iron\u00eda biogr\u00e1fica que vuelve m\u00e1s interesante a Harari. Su formaci\u00f3n acad\u00e9mica original no estaba en el futuro ni en la inteligencia artificial. Era medievalista e historiador militar. Estudi\u00f3 campa\u00f1as b\u00e9licas, caballer\u00eda y memorias de guerra antes de convertirse en uno de los observadores m\u00e1s escuchados sobre algoritmos, redes y sistemas de informaci\u00f3n. Quiz\u00e1 por eso sus advertencias resultan m\u00e1s dif\u00edciles de descartar: vienen de alguien que aprendi\u00f3 primero c\u00f3mo los seres humanos se destruyen antes de reflexionar c\u00f3mo pueden cooperar entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pregunta final de la entrevista permanece suspendida sobre nuestro tiempo. \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00e1 cuando el lenguaje, que durante decenas de miles de a\u00f1os sirvi\u00f3 para conectar seres humanos, empiece a actuar por cuenta propia a trav\u00e9s de inteligencias artificiales capaces de producir relatos, afectos y decisiones sin intervenci\u00f3n humana? Harari no ofrece una respuesta tranquilizadora. Tampoco Klein la busca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y quiz\u00e1 ah\u00ed radique el valor de la conversaci\u00f3n. En un mundo saturado de opiniones instant\u00e1neas, dos hombres dedicaron casi dos horas a pensar en voz alta sobre cooperaci\u00f3n, poder, guerra, democracia y tecnolog\u00eda. Parece poca cosa. Tal vez sea exactamente lo contrario.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 8 de junio, 2026.- Hay di\u00e1logos que informan, otros que obligan a pensar y algunos que reviven inquietudes que fueron sembradas en nuestro ADN hace millones de a\u00f1os en las planicies africanas: el miedo a lo que no acabamos de comprender. 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