{"id":104528,"date":"2026-04-13T08:49:59","date_gmt":"2026-04-13T14:49:59","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=104528"},"modified":"2026-04-13T08:50:00","modified_gmt":"2026-04-13T14:50:00","slug":"juego-de-ojos-el-arte-de-la-fuga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/juego-de-ojos-el-arte-de-la-fuga\/","title":{"rendered":"Juego de Ojos\u00a0| El arte de la fuga"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 13&nbsp; de abril, 2026.- Hay escritores que construyen una obra. Y hay otros -menos frecuentes- que construyen una forma de estar en el mundo. Sergio Pitol pertenec\u00eda a esta segunda estirpe. Hoy se cumplen ocho a\u00f1os de su muerte, y lo que queda no es s\u00f3lo una bibliograf\u00eda s\u00f3lida o una carrera diplom\u00e1tica impecable, sino algo m\u00e1s dif\u00edcil de definir: una manera de entender la literatura como un acto de curiosidad permanente, como una conversaci\u00f3n sin fronteras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como pocos, Pitol encarn\u00f3 la distinci\u00f3n orteguiana entre contempor\u00e1neos y coet\u00e1neos. Los primeros son aquellos que conviven vital e intelectualmente. Los segundos s\u00f3lo coinciden en el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conoc\u00ed a Sergio en la comarca xalape\u00f1a y desde el primer saludo supe que \u00e9ramos&nbsp;<em>contempor\u00e1neos<\/em>&nbsp;en el sentido de Xavier Villaurrutia y su grupo, con una actitud cr\u00edtica que preside, \u201ccomo una diosa invisible, nuestras obras, nuestras acciones, nuestras conversaciones y, por si esto fuera poco, nuestros silencios.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando recibi\u00f3 el Cervantes me propuse estar a su lado pero las celosas deidades del Olimpo laboral me requisaron. Sin embargo no me impidieron imaginar lo que ser\u00eda la ceremonia en la antigua&nbsp;<em>Complutum<\/em>&nbsp;iluminada por un sol de primavera tremolante en el viento de La Mancha. Escrib\u00ed entonces:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cPienso en el rumor que recorrer\u00e1 el Paraninfo de la Universidad cuando la figura fr\u00e1gil de Sergio Pitol aparezca ante los acad\u00e9micos. \u00bfQu\u00e9 ir\u00e1 a testimoniar este tercer mexicano que recibe el lauro cervantino en Alcal\u00e1 de Henares? Me pregunto si al dar lectura a las cuartillas que temblar\u00e1n ligeramente en su mano, el esp\u00edritu de Cisneros pondr\u00e1 o\u00eddo atento a lo que tenga que decir este indiano llegado, \u00a1Dios m\u00edo!, de Veracruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cQuisiera estar ah\u00ed ese d\u00eda. Ah\u00ed donde vieron la primera luz el Arcipreste de Hita y Miguel de Cervantes. Ah\u00ed donde cada 23 de abril se oficia la misa mayor del castellano en memoria del ungido del que naciera el&nbsp;<em>Caballero de la Triste Figura<\/em>. Dicen que el Cervantes es el Nobel de la lengua espa\u00f1ola. Difiero, pero hoy no tengo apetito para el debate. Yo, que del oficio soy ac\u00f3lito y creo que todo escritor es escudero de la lengua, me anticipo a saludarle:&nbsp;<em>Salve, var\u00f3n famoso, a quien Fortuna cuando en el trato escuderil te puso, tan blanda y cuerdamente lo dispuso, que lo pasaste sin desgracia alguna.<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfSer\u00e1 que Sergio -quien con Lara comparti\u00f3 la tenacidad por ser y parecer veracruzano- habl\u00f3 de garzas en fuga, en viaje al pa\u00eds de un taumaturgo vien\u00e9s? Mi visi\u00f3n del futuro no dio para tanto, pero anticip\u00f3 \u201cel gozo de una locuci\u00f3n de mi tierra que asaete\u00f3 los muros medievales en donde pr\u00e9dicas colosales han reverberado.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pitol fue, ante todo, un lector voraz que termin\u00f3 por volverse escritor casi como una consecuencia natural. Su obra narrativa \u2013<em>El desfile del amor<\/em>,&nbsp;<em>Domar a la divina garza<\/em>,&nbsp;<em>La vida conyugal<\/em>\u2013 no se deja atrapar f\u00e1cilmente por etiquetas. Hay en ella iron\u00eda, juegos de espejos, una constante desconfianza hacia las versiones oficiales de la realidad. Sus novelas y cuentos avanzan como si estuvieran siempre a punto de desviarse, de perderse, de re\u00edrse de s\u00ed mismos. Y sin embargo, en esa aparente ligereza, hay una arquitectura rigurosa, una inteligencia narrativa que sabe exactamente lo que est\u00e1 haciendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero quiz\u00e1 donde mejor se revela Pitol es en esa trilog\u00eda inclasificable que forman&nbsp;<em>El arte de la fuga<\/em>,&nbsp;<em>El viaje<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>El mago de Viena<\/em>. Ah\u00ed la literatura deja de ser un territorio para convertirse en una experiencia total: memoria, ensayo, diario, cr\u00f3nica de lecturas. Pitol escribe como quien conversa consigo mismo y con los autores que lo han formado. No hay jerarqu\u00edas: conviven Gombrowicz, Ch\u00e9jov, Dickens, la vida cotidiana en Xalapa o una escena recordada de infancia. Esa mezcla -esa libertad- es una de sus mayores aportaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su paso por el servicio diplom\u00e1tico no fue un par\u00e9ntesis, sino una extensi\u00f3n natural de esa vocaci\u00f3n. Pitol no fue un bur\u00f3crata de las embajadas sino un explorador cultural: Varsovia, Budapest, Mosc\u00fa, Praga \u2026 ciudades que no s\u00f3lo habit\u00f3, sino que ley\u00f3 y tradujo. Gracias a \u00e9l, una tajada de la literatura de Europa del Este encontr\u00f3 lugar en la mesa espa\u00f1ol. Traducir, para Pitol, no era un ejercicio t\u00e9cnico, un&nbsp;<em>traduttore, traditore<\/em>, sino un acto de hospitalidad: abrir la lengua propia para que entren otras voces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa doble condici\u00f3n -escritor y diplom\u00e1tico- dio a Sergio una perspectiva singular. Mientras otros miraban a M\u00e9xico desde adentro, \u00e9l lo observaba desde la distancia, con una mezcla de afecto y extra\u00f1eza. Esa mirada le permiti\u00f3 construir una obra profundamente mexicana sin caer en los lugares comunes del nacionalismo literario. Su M\u00e9xico no es folcl\u00f3rico, es una presencia, una memoria que aparece y desaparece entre viajes, lecturas y obsesiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfY por qu\u00e9 fue tan querido? No s\u00f3lo por sus libros, sino por su manera de ser. Ten\u00eda fama de generoso, de lector atento, de conversador paciente. No ejerc\u00eda la autoridad del&nbsp;<em>magister<\/em>&nbsp;distante, sino desde la complicidad. Hab\u00eda en \u00e9l una modestia poco frecuente en el medio literario, una conciencia de que la literatura es siempre m\u00e1s grande que quien la escribe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pertenezco a una generaci\u00f3n marcada por&nbsp;<em>La metamorfosis,<\/em>&nbsp;<em>El castillo, Carta al padre&nbsp;<\/em>y<em>&nbsp;Amerika<\/em>. Cuando conoc\u00ed las&nbsp;<em>Cartas a Milena&nbsp;<\/em>y el gran El\u00edas Canetti me abri\u00f3 las puertas a&nbsp;<em>El otro proceso de Kafka<\/em>, mi emoci\u00f3n fue tal que peregrin\u00e9 a la capital del arcano Reino de Bohemia para asomarme a la&nbsp;<em>Mal\u00e1 Strana&nbsp;<\/em>de Jan Neruda, mirar las aguas del Moldava desde el Puente de Carlos, estar a la sombra del Castillo de Praga, perderme en los figones de la&nbsp;<em>Kremencova<\/em>, beber en el&nbsp;<em>U su Tomasu<\/em>, invocar el esp\u00edritu de Franz en el cuarto que habit\u00f3 en el Callej\u00f3n de los Orfebres -aventura en la que estuve a punto de perder la libertad- y encontrarme con Sergio Pitol \u2026 cosa que no sucedi\u00f3 -he olvidado si fue porque a\u00fan no llegaba a la casona de Nov\u00e9 Mesto o ya se hab\u00eda ido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En tiempos donde la visibilidad suele confundirse con importancia, Pitol eligi\u00f3 otro camino: el de la discreci\u00f3n, el del trabajo silencioso, el de la fidelidad a sus propias obsesiones. No fue un escritor de estridencias, sino de persistencias. Y quiz\u00e1 por eso su obra resiste mejor el paso del tiempo: porque no responde a una moda, sino a una necesidad interior.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ocho a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, Sergio Pitol sigue siendo, para muchos, una invitaci\u00f3n a leer sin prejuicios, a escribir sin solemnidad, a mirar el mundo con esa mezcla de iron\u00eda y asombro que atraviesa sus p\u00e1ginas. En un M\u00e9xico que suele olvidar con rapidez, su figura permanece como un recordatorio de que la literatura tambi\u00e9n puede ser una forma de elegancia moral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este el octavo aniversario de que perdimos su mirada acuosa y la risa breve con que nos recib\u00eda en la sala de su casa amarilla, no resisto la tentaci\u00f3n de recuperar, en memoria del&nbsp;<em>Mago de Xalapa<\/em>, un pasaje de la carta que Xavier Villaurrutia dirigiera a un adolescente llamado Edmundo Valad\u00e9s:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00bfTendr\u00e9 que citar de memoria la frase de San Mateo que aprend\u00ed en Andr\u00e9 Gide acerca de la salvaci\u00f3n de la vida? \u2018Aquel que quiera salvarla, la perder\u00e1 \u2013dice el evangelista-, y s\u00f3lo el que la pierda la har\u00e1 verdaderamente viva\u2019. Releyendo una p\u00e1gina de Chesterton, encuentro algo que es, en esencia, id\u00e9ntico pero que se acomoda mejor a la crisis del esp\u00edritu en que usted parece hallarse: \u2018En las horas cr\u00edticas, s\u00f3lo salvar\u00e1 su cabeza el que la haya perdido\u2019. \u00bfHa perdido usted la suya? Mi enhorabuena. Pi\u00e9rdala en los libros y en los autores, en los mares de la reflexi\u00f3n y de la duda, en la pasi\u00f3n del conocimiento, en la fiebre del deseo y en la prueba de fuego de las influencias que, si su cabeza merece salvarse, saldr\u00e1 de esos mares, buzo de s\u00ed misma, verdaderamente viva.\u201d<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/image-21.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"201\" height=\"251\" src=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/image-21.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-104529\" srcset=\"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/image-21.jpeg 201w, https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/image-21-150x187.jpeg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 201px) 100vw, 201px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cJuego de ojos\u201d es una mirada sin compromisos a la vida desde mi propio observatorio. &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 13&nbsp; de abril, 2026.- Hay escritores que construyen una obra. 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