{"id":102405,"date":"2026-02-02T15:51:03","date_gmt":"2026-02-02T21:51:03","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=102405"},"modified":"2026-02-02T15:51:04","modified_gmt":"2026-02-02T21:51:04","slug":"juego-de-ojos-estrellas-que-fulguran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/juego-de-ojos-estrellas-que-fulguran\/","title":{"rendered":"Juego de Ojos| Estrellas que fulguran"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico, Cd. de M\u00e9xico, 2 de febrero, 2026.- Hay sentencias que no envejecen porque se acu\u00f1aron no para complacer, sino para describir. El gran periodista Edgar Snow, fallecido hace 52 a\u00f1os este mes, escribi\u00f3 una en tiempos en que era peligroso decir ciertas ideas en voz alta: \u201cLas revoluciones no son causadas por los revolucionarios ni por su propaganda. Las revoluciones son causadas por condiciones intolerables bajo gobiernos malos, incompetentes y corruptos\u201d. No fue consigna, sino constataci\u00f3n. Y por eso no deja de incomodar a las clases pol\u00edticas de todos los signos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Estrella roja sobre China<\/em>&nbsp;es el libro que Snow public\u00f3 en 1937. Fue denunciado como \u201cpanfleto disfrazado de reportaje\u201d por los catec\u00famenos de Joe MacCarthy. Lo sufrieron como algo perturbador y provocador: periodismo hecho en el lugar equivocado, en el momento equivocado y con la gente equivocada. Pero Snow no escribi\u00f3 sobre China para justificar una revoluci\u00f3n. Viaj\u00f3 y vivi\u00f3 en el Oriente para entender por qu\u00e9 un pa\u00eds estaba al l\u00edmite y por qu\u00e9 tantos estaban dispuestos a jugarse la vida para cambiarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recordamos el episodio porque la caricatura fue eficaz. Durante la Guerra Fr\u00eda, Snow fue tachado de \u201ct\u00edtere comunista\u201d, \u201cidiota \u00fatil\u201d y \u201cglorificador del totalitarismo\u201d. En su tiempo, como hoy, el poder hizo lo que siempre hace con quien se niega a rezar el evangelio oficial: desacreditarlo. Pero Snow no fue un converso ni un propagandista. Fue un reportero que lleg\u00f3 a Asia y se qued\u00f3 porque entendi\u00f3 que ah\u00ed estaba ocurriendo algo que el lenguaje diplom\u00e1tico no alcanzaba a explicar. La relectura de ese libro aporta elementos sobre el car\u00e1cter hist\u00f3rico y pol\u00edtico de China que nos permitir\u00edan calibrar mejor y entender con mayor matiz el enfrentamiento actual con Estados Unidos, que hoy tiene al mundo en vilo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Snow entr\u00f3 donde no se pod\u00eda entrar. Fue el primer periodista yanqui a quien el Ej\u00e9rcito Rojo permiti\u00f3 reportear en sus filas. Habl\u00f3 con quienes no ten\u00edan voz. Camin\u00f3 con campesinos y soldados que no discut\u00edan teor\u00edas sino comida, alfabetizaci\u00f3n y dignidad. Vio miserias extremas bajo el&nbsp;<em>Kuomintang<\/em>&nbsp;y, entre los&nbsp;<em>rojo<\/em>, una disciplina nueva, \u00e1spera, igualitaria, que promet\u00eda algo elemental: que nadie hiciera negocio con la miseria ajena. Se hizo amigo de Mao Zedong y de Zhou Enlai, pero se neg\u00f3 a que los dirigentes revisaran el manuscrito del libro que escrib\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Estrella roja sobre China<\/em>&nbsp;<em>fue traducido al chino y publicado en marzo de 1938<\/em>&nbsp;por un grupo clandestino en Shangh\u00e1i con el t\u00edtulo de<em>Xixing Manji<\/em>.&nbsp;Se hizo inmensamente popular. Inspir\u00f3 a millares de j\u00f3venes a unirse al Ej\u00e9rcito Rojo pero no por eso fue propaganda. Fue un libro honesto en un mundo construido sobre mentiras. El entusiasmo no naci\u00f3 del estilo de Snow, sino de la visi\u00f3n de un orden social distinto en un pa\u00eds devastado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay libros que no registran un momento, sino que explican un quiebre hist\u00f3rico. A esa estirpe pertenece la obra de Snow. Es la misma a la que John Hersey llev\u00f3&nbsp;<em>Hiroshima<\/em>. Cuando Hersey entreg\u00f3 su texto a&nbsp;<em>The New Yorker<\/em>&nbsp;en 1946, los editores comprendieron que no era un reportaje m\u00e1s. Pensaban publicarlo por entregas y tomaron una decisi\u00f3n ins\u00f3lita: dedicarle todo el n\u00famero, 30 mil palabras sin secciones. No fue una apuesta editorial, sino el reconocimiento de que ese periodismo no pod\u00eda fragmentarse sin perder su sentido. Snow hizo algo semejante una d\u00e9cada antes: no narr\u00f3 un episodio chino, sino que ofreci\u00f3 al mundo una clave para entender por qu\u00e9 una revoluci\u00f3n hab\u00eda dejado de ser evitable. En ambos casos, el periodismo dej\u00f3 de acompa\u00f1ar la historia y pas\u00f3 a intervenir en ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa misma tradici\u00f3n se revela en&nbsp;<em>Diez d\u00edas que conmovieron al mundo<\/em>, de John Reed, el periodista que narr\u00f3 la Revoluci\u00f3n rusa desde una militancia abierta. Lenin la consider\u00f3 tan precisa que la prolog\u00f3. Antes, Reed hab\u00eda hecho algo semejante en los art\u00edculos que despu\u00e9s le\u00edmos como&nbsp;<em>M\u00e9xico insurgente<\/em>, donde cont\u00f3 la Revoluci\u00f3n mexicana desde una cercan\u00eda militante con la causa villista. No creo caer en una exageraci\u00f3n si, por su mirada cr\u00edtica del poder y su distancia frente a la \u00e9pica, incluyo en esta tradici\u00f3n&nbsp;<em>La sombra del caudillo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La comparaci\u00f3n es reveladora no por afinidad sino por contraste. Reed escribi\u00f3 como testigo comprometido con la causa que observaba y celebraba; Snow, en cambio, se cuid\u00f3 de no confundirse con aquello que narraba. Donde Reed crey\u00f3, Snow pregunt\u00f3. Donde uno se dej\u00f3 arrastrar por la \u00e9pica del acontecimiento, el otro se empe\u00f1\u00f3 en explicar por qu\u00e9 hab\u00eda dejado de ser evitable. Esa distancia no lo vuelve menos influyente; lo vuelve m\u00e1s inc\u00f3modo. Por eso&nbsp;<em>Estrella roja sobre China<\/em>&nbsp;sigue siendo periodismo antes que documento partidario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchos juzgaron a Snow por lo que vino despu\u00e9s: el culto al&nbsp;<em>Gran Timonel<\/em>, el&nbsp;<em>Gran Salto Adelante<\/em>, las hambrunas, la \u201cRevoluci\u00f3n Cultural\u201d \u2026 pero el periodismo no es futurismo. Snow escribi\u00f3 sobre lo que vio con una cautela semejante a la de Her\u00f3doto en las&nbsp;<em>Historias<\/em>. Se\u00f1al\u00f3 l\u00edmites y dej\u00f3 constancia de lo que no pod\u00eda comprobar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Estados Unidos pag\u00f3 el precio: lo vigil\u00f3 el FBI, se le cerraron puertas, sus conferencias fueron boicoteadas y su nombre qued\u00f3 en la interminable relaci\u00f3n de listas negras que hoy MAGA ha revivido. El pa\u00eds que se proclamaba campe\u00f3n de la libertad de prensa no toler\u00f3 que alguien explicara una revoluci\u00f3n sin condenarla primero. Snow lo dijo con una lucidez amarga: una sociedad que obliga a pensar en clave&nbsp;<em>lemming&nbsp;<\/em>termina pareci\u00e9ndose a aquello que dice combatir. Por eso acab\u00f3 en el exilio. Por eso su nombre fue borrado con cuidado. Y por eso sigue siendo necesario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un episodio que resume mejor que ning\u00fan otro la estatura de Snow \u2026 y la mezquindad del poder. A finales de los sesenta, Mao le confi\u00f3 la invitaci\u00f3n para que Nixon visitara China. No fue por un canal diplom\u00e1tico ni v\u00eda una oficina secreta, sino la petici\u00f3n expl\u00edcita de un amigo a otro: \u201cRecibiremos a Nixon como presidente o como ciudadano privado\u201d. Snow transmiti\u00f3 el mensaje. Nada m\u00e1s. Nada menos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Henry Kissinger, que ya ten\u00eda la mira puesta en ese encuentro y el ego listo para apropi\u00e1rselo, se lanz\u00f3 de inmediato a sus negociaciones secretas y con su acostumbrada eficacia borr\u00f3 al testigo inc\u00f3modo. Snow qued\u00f3 fuera del relato oficial. No recibi\u00f3 el m\u00ednimo cr\u00e9dito. Muri\u00f3 de c\u00e1ncer en la misma semana en que Nixon viajaba Pek\u00edn para brillar como estadista. As\u00ed se escribe la historia cuando la pluma la sostienen los bur\u00f3cratas: el periodista abre la puerta y el \u201cestratega\u201d se queda con la fotograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Snow fue un liberal que crey\u00f3 en la reforma hasta que la realidad le demostr\u00f3 que no siempre llega a tiempo. No celebr\u00f3 la violencia, pero entendi\u00f3 su origen. No santific\u00f3 a los revolucionarios, pero se neg\u00f3 a demonizarlos por sistema. Esa posici\u00f3n intermedia, inc\u00f3moda, es la que hoy casi nadie quiere ocupar. Preferimos la consigna, el juicio inmediato, el tuit inflamado. Snow apost\u00f3 por algo m\u00e1s dif\u00edcil: mirar de cerca y escribir lo que ve\u00eda, aunque nadie quedara satisfecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su estrella a\u00fan brilla porque no fue la de un ide\u00f3logo, sino la de un testigo. Porque record\u00f3 algo que conviene repetir cuando vuelve a ser peligroso decirlo: las revoluciones no empiezan en los libros ni en los discursos, sino cuando gobernar se vuelve una forma organizada de humillar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay tambi\u00e9n una geograf\u00eda p\u00f3stuma que dice tanto como los libros. John Reed yace en la muralla del Kremlin, incorporado al pante\u00f3n de una revoluci\u00f3n que abraz\u00f3 sin reservas, pero olvidado en el M\u00e9xico heredero de otro gran movimiento social. Edgar Snow tiene una placa en la Universidad de Pek\u00edn, reconocimiento tard\u00edo pero elocuente de un pa\u00eds que entendi\u00f3 que alguien hab\u00eda sabido mirarlo sin consignas. John Hersey, en cambio, descansa en el West Chop Cemetery de Martha\u2019s Vineyard, lejos de monumentos y capitales, en una colina tranquila frente al Atl\u00e1ntico. Ning\u00fan poder lo reclama. Quiz\u00e1 porque&nbsp;<em>Hiroshima<\/em>&nbsp;no necesit\u00f3 banderas ni avales: bast\u00f3 con decir lo que hab\u00eda ocurrido para cambiar para siempre la manera en que el mundo entendi\u00f3 la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tres periodistas, tres revoluciones narradas, tres tumbas distintas. Y una misma certeza: el periodismo que importa no busca un lugar en la historia; la historia termina por se\u00f1alarle uno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Snow, Reed y Hersey: estrellas incandescentes del periodismo.<\/p>\n\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas SemM\u00e9xico, Cd. de M\u00e9xico, 2 de febrero, 2026.- Hay sentencias que no envejecen porque se acu\u00f1aron no para complacer, sino para describir. 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