{"id":102026,"date":"2026-01-19T19:45:00","date_gmt":"2026-01-20T01:45:00","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=102026"},"modified":"2026-01-19T19:55:28","modified_gmt":"2026-01-20T01:55:28","slug":"juego-de-ojos-icaro-en-la-laguna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/juego-de-ojos-icaro-en-la-laguna\/","title":{"rendered":"Juego de Ojos| Icaro en La Laguna"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 19 de enero, 2025.- Se llamaba Cliserio y quer\u00eda volar. No quer\u00eda viajar, ni huir, ni llegar a otro lugar ni conocer nuevas tierras. Quer\u00eda ver el mundo desde el cielo, como lo ven las aves.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ten\u00eda diecisiete a\u00f1os y era campesino del ejido Florencia en la Comarca Lagunera, uno de tantos hijos del surco y del polvo. Todos los d\u00edas miraba el despegue de los aviones del aeropuerto de Torre\u00f3n. Por las noches en la cama de paja de la choza de sus padres se dorm\u00eda imaginando casas diminutas, caminos que se encogen, hombres convertidos en puntos. No so\u00f1aba con motores ni con rutas a\u00e9reas. So\u00f1aba con la altura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin saberlo, Cliserio estaba repitiendo una historia antigua. No la hab\u00eda le\u00eddo. Nadie se la cont\u00f3. En su mundo no hab\u00eda mitolog\u00eda griega ni advertencias solares. Pero el impulso era el mismo: elevarse, aunque el cuerpo no est\u00e9 hecho para eso. \u00cdcaro tambi\u00e9n fue joven. Tambi\u00e9n crey\u00f3 que bastaba el deseo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sab\u00eda que nunca tendr\u00eda dinero para subirse a un avi\u00f3n, as\u00ed que hizo lo \u00fanico que pod\u00eda hacer un muchacho muy pobre con una obsesi\u00f3n muy grande: se acerc\u00f3 y busc\u00f3 la oportunidad. \u201cComenz\u00f3 por apersonarse con los mec\u00e1nicos del Aeropuerto\u201d, recuerda el cronista Federico S\u00e1enz Negrete. \u201cEra com\u00fan verlo servir de&nbsp;achichincle&nbsp;entre los trabajadores del puerto a\u00e9reo. Era aceptada la presencia del joven que acariciaba el fuselaje de los DC-3 con verdadero respeto e ilusi\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tampoco sabemos c\u00f3mo le fue creciendo la idea de que bien colocado y detenido con firmeza podr\u00eda acompa\u00f1ar al p\u00e1jaro met\u00e1lico en su ascenso. Lo que s\u00ed tuvo claro fue que era algo que s\u00f3lo al amparo de la noche podr\u00eda lograr. En su cr\u00f3nica de&nbsp;El Siglo de Torre\u00f3n,&nbsp;S\u00e1enz Negrete explica: \u201cEl joven observ\u00f3 perfectamente la mec\u00e1nica de aterrizajes y despegues. Sab\u00eda que, dependiendo del viento, los pilotos, en coordinaci\u00f3n con la torre de control, eleg\u00edan el sentido del despegue y que antes de iniciar la carrera, el avi\u00f3n se deten\u00eda unos minutos para probar los instrumentos. Esos minutos podr\u00edan ser el momento adecuado para abordar el aparato y aferrarse al fuselaje. Ya lo hab\u00eda practicado con aviones que estaban en mantenimiento.&nbsp;Su cuerpo encajaba perfectamente en el ala trasera y podr\u00eda apoyar los pies en el empenaje, donde los flaps ensamblan con el ala. Practic\u00f3 c\u00f3mo insertar los brazos para quedar bien sujeto cuando llevara a cabo su so\u00f1ado vuelo. Sue\u00f1o de un ni\u00f1o campesino, qu\u00e9 le vamos a hacer\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la noche del 8 de octubre de 1950, Cliserio se col\u00f3 por un desgarro de la reja perimetral del aeropuerto en espera de su oportunidad. Vio aproximarse el DC-3 XA-FUM&nbsp;de \u201cL\u00edneas A\u00e9reas Mineras\u201d. A los controles iban el capit\u00e1n Jorge Guzm\u00e1n Lavat y el primer oficial Guillermo Bueno,&nbsp;con 21 pasajeros, diputados y senadores, que viajaban a la capital de la Rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa noche soplaba viento del sureste y el avi\u00f3n se dirigi\u00f3 a la lejana cabecera 12 en donde Cliserio se ocultaba. Los pilotos lo alinearon, checaron magnetos, aceleraron e iniciaron la carrera de despegue. Faltaban unos minutos para las 12 de la noche. En ese momento Cliserio salt\u00f3 y se abraz\u00f3 a la cola. Al empenaje. Al tim\u00f3n trasero derecho. Se qued\u00f3 ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Guzm\u00e1n Lavat era un piloto experimentado, formado en una generaci\u00f3n donde volar no era un oficio sino una prueba. Fue piloto en la Real Fuerza A\u00e9rea Canadiense durante la Segunda Guerra Mundial y era extremadamente profesional, muy admirado y estimado en la aviaci\u00f3n mexicana. Pertenec\u00eda a esa estirpe de aviadores para quienes el riesgo no era abstracto. Hombres que hab\u00edan pensado la muerte en serio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al despegar sinti\u00f3 una vibraci\u00f3n leve. Luego otra, m\u00e1s intensa. No le gust\u00f3. La experiencia le habl\u00f3 antes que los instrumentos. Media hora despu\u00e9s decidi\u00f3 regresar. Algo no estaba bien. Quiz\u00e1 en ese momento no pod\u00eda saberlo, pero el peligro que no lo alcanz\u00f3 en cielos europeos pudo haberlo esperado ah\u00ed mismo, sobre Torre\u00f3n. No en combate, sino en un vuelo dom\u00e9stico, con traje civil y pasajeros ilustres, por un muchacho colgado del fuselaje como una idea imposible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAfortunadamente\u201d, dice S\u00e1enz, \u201cel piloto gir\u00f3 el ala hacia donde nuestro h\u00e9roe se aferraba a la vida, de haberlo hecho al lado contrario, la fuerza centr\u00edfuga hubiese lanzado a Cliserio por los aires y su historia hubiese permanecido en el limbo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando aterrizaron, la cola baj\u00f3 con violencia. Al inspeccionar encontraron al muchacho que quiso volar. Cliserio estaba apenas estaba consciente y desnudo salvo un gorro y unas gafas de aviador. El viento de 290 kil\u00f3metros por hora le hab\u00eda desgarrado la ropa y nadie se explic\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda sobrevivido al fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00cdcaro cay\u00f3 al mar. Cliserio no. No porque fuera m\u00e1s sabio, sino porque el mundo en que cay\u00f3 era otro. No cera ni plumas, sino aluminio y tornillos. No dioses vigilantes, sino un piloto atento que decidi\u00f3 volver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nadie celebr\u00f3 la haza\u00f1a de Cliserio. Se habl\u00f3 de cargos, de castigos ejemplares, de barrotes de prisi\u00f3n, de poner orden en el cielo. Pero llegaron los periodistas, la historia dio la vuelta al mundo y el pueblo decidi\u00f3 otra cosa. La revista&nbsp;Time&nbsp;public\u00f3 la haza\u00f1a con la cabeza \u201cFree Loader\u201d. Se organizaron colectas populares en la toda la Comarca Lagunera para pagar la fianza y liberarlo. Dos m\u00e9dicos laguneros avecindados en la Ciudad de M\u00e9xico enviaron fondos suficientes para la defensa legal. Dicen que Pedro Infante, tambi\u00e9n piloto, ayud\u00f3. Y as\u00ed fue como Cliserio obtuvo su libertad. \u201cUna libertad bastante menor a la que hab\u00eda obtenido aquella noche estrellada, cuando desafi\u00f3 todo el cat\u00e1logo de leyes y candados que fijan nuestras cadenas, muchas veces autoimpuestas,\u201d reflexion\u00f3 S\u00e1enz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el tiempo, Cliserio aprendi\u00f3 a volar y mont\u00f3 una empresa de fumigaci\u00f3n a\u00e9rea en Chiapas. Muri\u00f3 en 1997, viejo ya.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la mitolog\u00eda, el castigo es ejemplar. En la realidad mexicana, a veces hay indulto. No por justicia divina, sino por terquedad humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se llamaba Cliserio Reyes Guerrero. Y antes de ser piloto, antes de ser mito, antes de ser noticia, fue eso: un muchacho campesino que quiso volar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel S\u00e1nchez de Armas SemM\u00e9xico, Ciudad de M\u00e9xico, 19 de enero, 2025.- Se llamaba Cliserio y quer\u00eda volar. No quer\u00eda viajar, ni huir, ni llegar a otro lugar ni conocer nuevas tierras. Quer\u00eda ver el mundo desde el cielo, como lo ven las aves. Ten\u00eda diecisiete a\u00f1os y era campesino del ejido Florencia en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":102027,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[82,110,35],"tags":[],"class_list":["post-102026","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-la-opinion","category-la-opinion-columnas","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102026","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=102026"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102026\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/102027"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=102026"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=102026"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=102026"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}