{"id":101602,"date":"2026-01-05T12:51:14","date_gmt":"2026-01-05T18:51:14","guid":{"rendered":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/?p=101602"},"modified":"2026-01-05T12:51:14","modified_gmt":"2026-01-05T18:51:14","slug":"venezuela-cuando-migrar-es-sobrevivir-la-doble-vulnerabilidad-de-las-mujeres-venezolanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/venezuela-cuando-migrar-es-sobrevivir-la-doble-vulnerabilidad-de-las-mujeres-venezolanas\/","title":{"rendered":"Venezuela: Cuando migrar es sobrevivir: la doble vulnerabilidad de las mujeres venezolanas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un an\u00e1lisis de c\u00f3mo y porque las venezolanas, 4 millos, migran&nbsp; desde hace una d\u00e9cada<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sufren vulnerabilidades paralelas en su tr\u00e1nsito y su raz\u00f3n para huir: la crisis econ\u00f3mica, social, cultural y de prensa en el r\u00e9gimen chavista&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Claudia Vargas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SemM\u00e9xico\/Nueva Sociedad, Cd. de M\u00e9xico, 5 de enero, 2026.- El desplazamiento masivo de venezolanas, que ya supera los ocho millones, expone una doble vulnerabilidad marcada por el g\u00e9nero y la migraci\u00f3n. Entre la crisis, las pol\u00edticas restrictivas, la violencia en las rutas y los estigmas culturales e imaginarios hipersexualizados, las mujeres enfrentan un riesgo estructural permanente que refuerza la discriminaci\u00f3n y la explotaci\u00f3n en los pa\u00edses de tr\u00e1nsito y destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las im\u00e1genes de miles de venezolanos cruzando a pie los puentes internacionales entre San Antonio del T\u00e1chira y C\u00facuta, cargando bolsos, ni\u00f1os y lo poco que pod\u00edan llevar, se volvieron, entre 2015 y 2016, el s\u00edmbolo m\u00e1s visible de una crisis que llevaba a\u00f1os gest\u00e1ndose. Aquellas escenas de fronteras desbordadas, filas interminables y pasos improvisados por el r\u00edo T\u00e1chira transformaron en rostro humano lo que hasta entonces era un dato econ\u00f3mico o pol\u00edtico: el \u00e9xodo venezolano. Lo que comenz\u00f3 como una migraci\u00f3n gradual&nbsp;se convirti\u00f3, en apenas unos meses, en un desplazamiento forzado bajo condiciones de extrema vulnerabilidad, uno de los m\u00e1s grandes y complejos de la historia reciente de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, cerca de ocho millones de venezolanos y venezolanas viven fuera de su pa\u00eds. Esa cifra, equivalente a 23% de la poblaci\u00f3n, ilustra la magnitud de una di\u00e1spora que, por su escala y velocidad, no tiene precedentes en la regi\u00f3n. La mayor\u00eda de quienes partieron se encuentra en edad productiva y 85% de ellos reside en Am\u00e9rica Latina y el Caribe; 56,8% ha logrado regularizar su situaci\u00f3n migratoria. Los principales destinos&nbsp;son Colombia, Per\u00fa, Brasil, Estados Unidos y Chile. Las razones que impulsaron la salida fueron variando con el tiempo, pero comparten un mismo trasfondo: la crisis econ\u00f3mica, social y pol\u00edtica que hizo imposible sostener una vida cotidiana digna dentro del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre esos ocho millones de venezolanos y venezolanas hay un dato que cambia el modo de mirar el \u00e9xodo: m\u00e1s de la mitad son mujeres. Pero no se trata solo de un n\u00famero; la migraci\u00f3n tiene rostro de mujer y con \u00e9l se exacerban las desigualdades que la crisis ha profundizado. En la ruta migratoria, la falta de protecci\u00f3n institucional y la irregularidad del estatus colocan a las mujeres en una situaci\u00f3n de riesgo permanente. La violencia sexual, la explotaci\u00f3n, la discriminaci\u00f3n o la invisibilidad se entrelazan en un mismo hilo: una vulnerabilidad sist\u00e9mica que atraviesa fronteras y acompa\u00f1a cada etapa del viaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El costo del g\u00e9nero: entre la crisis y la restricci\u00f3n migratoria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En pocos a\u00f1os, las carreteras del continente se llenaron de familias venezolanas caminando con mochilas al hombro. Entre 2016 y 2018, m\u00e1s de 2,7 millones de personas dejaron el pa\u00eds y aquella escena pronto se convirti\u00f3 en una prueba de resistencia para toda la regi\u00f3n. Los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina y el Caribe respondieron inicialmente de manera hospitalaria, pero esto fue cambiando a medida que el flujo se intensificaba. Lo que empez\u00f3 como un gesto solidario termin\u00f3 derivando en pol\u00edticas de control crecientes: las fronteras se endurecieron y los tr\u00e1mites se multiplicaron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Visas, permisos y requisitos imposibles de cumplir se convirtieron en la nueva norma para una poblaci\u00f3n que hu\u00eda sin tiempo ni recursos. Las pol\u00edticas transitorias, dise\u00f1adas para atender la emergencia, fracasaron en garantizar la regularidad migratoria y la integraci\u00f3n a largo plazo, lo que dej\u00f3 a cientos de miles de personas atrapadas en un limbo jur\u00eddico que a\u00fan persiste.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, los principales pa\u00edses receptores aplican dos modelos de respuesta. El primero es el enfoque securitario, visible en la militarizaci\u00f3n de las fronteras y en el discurso que presenta la migraci\u00f3n como una amenaza a la seguridad del Estado y sus ciudadanos. Ese lenguaje de sospecha, reproducido por actores oficiales y medios de comunicaci\u00f3n, ha contribuido a criminalizar a los inmigrantes.&nbsp;El segundo modelo, el de la externalizaci\u00f3n y la restricci\u00f3n, traslada los procesos de protecci\u00f3n fuera del territorio nacional y delega en otros Estados la contenci\u00f3n de los flujos. En esta l\u00f3gica se inscriben decisiones como la cancelaci\u00f3n&nbsp;del Estatuto Temporal de Protecci\u00f3n&nbsp;(TPS, por sus siglas en ingl\u00e9s) para la poblaci\u00f3n venezolana en Estados Unidos o las restricciones de entrada&nbsp;por motivos de \u00abseguridad nacional\u00bb que anunci\u00f3 Washington el 4 de junio de este a\u00f1o, en las que tambi\u00e9n se incluye a Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas pol\u00edticas no solo cerraron fronteras: cerraron caminos de vida. Al bloquear las v\u00edas legales, empujaron a miles de personas hacia rutas irregulares donde los riesgos se multiplican. Para las mujeres \u2013m\u00e1s de la mitad del \u00e9xodo, como ya se ha mencionado\u2013, este endurecimiento no es solo un obst\u00e1culo burocr\u00e1tico, sino una amenaza directa. Cada frontera sellada y cada permiso negado amplifican la exposici\u00f3n a la violencia, la explotaci\u00f3n y el abuso, y refuerzan una desigualdad que se arrastra desde el origen y se profundiza en cada tramo del camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El resultado de estas pol\u00edticas es una violaci\u00f3n sistem\u00e1tica de derechos que empuja a miles de personas hacia la irregularidad. Al cerrarse las v\u00edas legales, no queda m\u00e1s opci\u00f3n que internarse por rutas clandestinas, donde los peligros se multiplican: la trata y el tr\u00e1fico de personas, la negaci\u00f3n del derecho a solicitar asilo o refugio, el limbo jur\u00eddico que impide acceder a servicios b\u00e1sicos y la discriminaci\u00f3n cotidiana que acompa\u00f1a la irregularidad. Lo que para los Estados se presenta como un mecanismo de control termina produciendo una red de exclusi\u00f3n y riesgo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese entramado, las mujeres cargan con una vulnerabilidad mayor. No solo est\u00e1n inmersas en la misma espiral de desprotecci\u00f3n que el resto de la poblaci\u00f3n migrante: para ellas, todos esos riesgos se multiplican. Lo sabemos por las historias que circulan \u2013las mujeres violentadas al cruzar el Tap\u00f3n del Dari\u00e9n, coberturas de medios de comunicaci\u00f3n&nbsp;plagadas de prejuicios o redes sociales atravesadas por discursos xen\u00f3fobos\u2013, pero pocas veces nos detenemos a pensar en la dimensi\u00f3n estructural de esa doble amenaza. \u00bfQu\u00e9 hay detr\u00e1s de ese riesgo permanente? \u00bfQu\u00e9 mecanismos sociales, econ\u00f3micos y culturales sostienen esta desigualdad que persigue a las mujeres migrantes desde el origen hasta el destino?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El origen del \u00e9xodo, la crisis socioecon\u00f3mica y la autonom\u00eda femenina<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viaje de una mujer migrante no empieza en la frontera, sino mucho antes, el d\u00eda en que decide partir. Lo que desde fuera puede parecer una elecci\u00f3n personal es, en realidad, un entramado de dilemas que condicionan cada paso: el destino posible, la fecha de salida, la existencia o no de documentos v\u00e1lidos, las redes de apoyo en el camino. Pero tambi\u00e9n pesan las preguntas \u00edntimas, aquellas que la sociedad ha impuesto sobre sus hombros: \u00bfqu\u00e9 pasar\u00e1 con sus hijos?, \u00bfqui\u00e9n cuidar\u00e1 del hogar?, \u00bfc\u00f3mo se juzgar\u00e1 su partida?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el caso venezolano, este conflicto se amplifica en el marco de una&nbsp; cultura matricentrada&nbsp;en la que la mujer sigue siendo el eje de la crianza y la vida dom\u00e9stica. Antes de cruzar una frontera, debe calcular el vac\u00edo que dejar\u00e1 en la familia, la culpa de ausentarse, la ruptura del rol que se espera de ella. Y mientras sopesa esas decisiones, las condiciones de vida se vuelven insostenibles: la falta de ingresos, el deterioro de los servicios, la incertidumbre pol\u00edtica. As\u00ed, la migraci\u00f3n no se elige: se impone como el \u00faltimo recurso para sobrevivir y sostener, desde la distancia, la vida de los suyos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La principal raz\u00f3n que impulsa la salida sigue siendo la b\u00fasqueda de una vida digna frente a una emergencia social persistente. En Venezuela, la inflaci\u00f3n, la informalidad laboral y los ingresos insuficientes definen el d\u00eda a d\u00eda. El promedio mensual de ingresos se ubica entre 115 y 228 d\u00f3lares&nbsp;para los empleados formales, muy por debajo de los 503, 73&nbsp;d\u00f3lares necesarios para adquirir la canasta b\u00e1sica familiar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El desaf\u00edo de la ruta: una espiral de vulnerabilidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viaje de una mujer migrante venezolana no comienza con el cruce de una frontera, sino con una espiral de vulnerabilidad que arrastra desde el origen y que se intensifica a lo largo del camino. En cada etapa, la falta de informaci\u00f3n, la precariedad institucional y la ausencia de protecci\u00f3n amplifican los riesgos. Todo depende de las condiciones del trayecto: si es terrestre, a\u00e9reo o mar\u00edtimo, si atraviesa trochas o pasos irregulares, si la mujer viaja sola o acompa\u00f1ada, si tiene documentos v\u00e1lidos o debe improvisar con lo que queda de una c\u00e9dula vencida o un pasaporte que no siempre es reconocido en los pa\u00edses de destino, o que simplemente no tiene porque no lo puede pagar. Cada variable puede marcar la diferencia entre el resguardo y la indefensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las mujeres que salen en situaci\u00f3n de urgencia, como la mayor\u00eda de las venezolanas, lo hacen sin informaci\u00f3n suficiente. No conocen los requisitos migratorios, ignoran los mecanismos de protecci\u00f3n y, con frecuencia, desconocen sus propios derechos. El estudio regional <em>Nuestro derecho a la Seguridad<\/em> \u00bb revela que m\u00e1s de 60% de las mujeres encuestadas \u2013en su mayor\u00eda, venezolanas\u2013 no sabe cu\u00e1les son sus derechos, y que 55 % desconoce los servicios de asistencia disponibles. Esa desinformaci\u00f3n las deja expuestas a abusos, extorsiones y violencias que rara vez se denuncian. La impunidad se alimenta, precisamente, de ese silencio forzado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A ello se suma una profunda vulnerabilidad sanitaria. En las rutas migratorias, la insalubridad y la falta de privacidad no solo dificultan las necesidades b\u00e1sicas, sino que incluso comprometen directamente la salud sexual y reproductiva. El Mixed Migration Centre&nbsp;advert\u00eda en su informe de agosto de 2025 que la ausencia de condiciones adecuadas afecta desde lo m\u00e1s elemental \u2013como poder asearse o alimentarse\u2013 hasta aspectos cr\u00edticos como la menstruaci\u00f3n, el embarazo o la lactancia. Aunque existen iniciativas humanitarias que intentan mitigar estas carencias, el propio informe concluye que la respuesta sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del problema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Violencia basada en g\u00e9nero en el camino<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el inicio del \u00e9xodo masivo, las rutas migratorias se convirtieron en territorios de riesgo. Las rutas informales \u2013las llamadas&nbsp;<em>trochas<\/em>&nbsp;en la frontera colombo-venezolana\u2013, las embarcaciones precarias que cruzan el Caribe, o el desierto de Atacama, donde el calor y la deshidrataci\u00f3n se cobran vidas, son escenarios donde la vulnerabilidad es constante. Los hombres suelen reportar robos o extorsiones, pero para las mujeres el peligro adopta una forma m\u00e1s brutal: la violencia sexual, en cualquiera de sus manifestaciones. Lo m\u00e1s alarmante es que los agresores no siempre son desconocidos, pueden ser otros migrantes, habitantes de comunidades locales o incluso miembros de grupos de seguridad y del crimen organizado que operan a lo largo de las rutas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde 2022, la migraci\u00f3n forzada a trav\u00e9s del Tap\u00f3n del Dari\u00e9n ha revelado la forma m\u00e1s extrema de esta violencia. En 2023, M\u00e9dicos Sin Fronteras (MSF)&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.msf.es\/noticia\/la-violencia-sexual-tapon-del-darien-cada-vez-mas-cruel-y-deshumanizante\"><em>report\u00f3<\/em><\/a>&nbsp;que cada tres horas una mujer era v\u00edctima de violaci\u00f3n en ese trayecto. En 2024, la cifra se mantuvo: una de cada cinco mujeres dijo haber sufrido violencia sexual durante la ruta. Tras esos n\u00fameros hay historias como la de \u00abMar\u00eda\u00bb, una mujer venezolana que fue&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elpitazo.net\/migracion\/fui-violada-por-siete-hombres-el-relato-de-una-venezolana-en-la-selva-del-darien\/\"><em>abusada por siete hombres<\/em><\/a>&nbsp;y que presenci\u00f3 c\u00f3mo otras menores eran violentadas ante sus ojos. Casos como el suyo muestran que el da\u00f1o f\u00edsico y psicol\u00f3gico de estas experiencias es devastador, especialmente entre mujeres y ni\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa vulnerabilidad tambi\u00e9n es aprovechada por las redes criminales de trata de personas, la segunda econom\u00eda il\u00edcita m\u00e1s lucrativa del mundo. Los datos son contundentes: en Am\u00e9rica del Sur,&nbsp;las mujeres representan 45% de las v\u00edctimas de trata y las ni\u00f1as, 17%. En Centroam\u00e9rica, una de las rutas de mayor tr\u00e1nsito,&nbsp;la proporci\u00f3n de ni\u00f1as asciende a 52%&nbsp;Aunque medir la trazabilidad de estos cr\u00edmenes es complicado, organizaciones como&nbsp; <em>Mujer-Venezuela<\/em>&nbsp;reportaron el rescate de 1.390 venezolanas de redes de trata a fines de 2022. Autoridades de pa\u00edses como&nbsp;Ecuador, Estados Unidos, M\u00e9xico y Espa\u00f1a&nbsp;confirman que las mujeres venezolanas encabezan las cifras de v\u00edctimas rescatadas en el \u00faltimo a\u00f1o, sobre todo j\u00f3venes de entre 20 y 27 a\u00f1os. Una investigaci\u00f3n period\u00edstica publicada en abril de 2023&nbsp;puso rostro a esas estad\u00edsticas con testimonios y grabaciones de sobrevivientes de explotaci\u00f3n sexual, mostrando la brutalidad de un negocio que se nutre del enga\u00f1o y la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La violencia adopta tambi\u00e9n formas extremas, reflejadas en trabajos como el documental El portal (2024), centrado en los asesinatos de cinco mujeres \u2013tres de ellas venezolanas\u2013 v\u00edctimas de una red de trata con fines de explotaci\u00f3n sexual en M\u00e9xico. La serie reconstruye c\u00f3mo la b\u00fasqueda desesperada de oportunidades, a menudo impulsada por la necesidad o por ofertas laborales falsas, puede terminar en un ciclo de explotaci\u00f3n y violencia que, en los casos m\u00e1s tr\u00e1gicos, culmina con la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ausencia de gobernanza migratoria en los pa\u00edses de tr\u00e1nsito y destino agrava la situaci\u00f3n. Sin pol\u00edticas de protecci\u00f3n ni capacitaci\u00f3n con enfoque de g\u00e9nero, los funcionarios migratorios y de seguridad no logran responder ante la magnitud de los abusos. <em>La&nbsp; Relator\u00eda Especial sobre los Derechos Humanos de los Migrantes<\/em>&nbsp;advirti\u00f3 hace pocos meses que en puntos cr\u00edticos como el Tap\u00f3n del Dari\u00e9n no existen unidades de atenci\u00f3n a v\u00edctimas, lo que impide a las mujeres denunciar por miedo a ser deportadas o retenidas. En este contexto de emergencia humanitaria compleja (EHC), la falta de proyecci\u00f3n y de protecci\u00f3n estatal condena a las mujeres venezolanas \u2013y a todas las que migran en condiciones similares\u2013 a convertirse en v\u00edctimas recurrentes de m\u00faltiples violencias, muchas de ellas impunes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y cuando el camino termina, los peligros no desaparecen. En los pa\u00edses de destino, la violencia muta: deja atr\u00e1s las selvas y los pasos fronterizos, pero persiste bajo otras formas. Los informes&nbsp;coinciden en que las mujeres venezolanas&nbsp;enfrentan un&nbsp;patr\u00f3n sistem\u00e1tico de discriminaci\u00f3n y exclusi\u00f3n, que se manifiesta en los \u00e1mbitos cultural, legal, laboral y social, y configura un&nbsp;nuevo tipo de frontera: la del rechazo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El estigma como arma<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primer gran obst\u00e1culo que enfrentan muchas mujeres venezolanas al llegar a su destino no es legal ni econ\u00f3mico: es cultural. La imagen de la mujer venezolana, moldeada durante d\u00e9cadas por el \u00e9xito en los concursos de belleza y difundida por los medios, se export\u00f3 al resto de la regi\u00f3n con una carga de estereotipos que hoy funciona como una trampa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los pa\u00edses de acogida, una de las formas m\u00e1s persistentes de violencia es la de las narrativas hipersexualizadas. Bajo esa mirada, el cuerpo femenino se convierte en medida y destino, y todo lo dem\u00e1s \u2013la formaci\u00f3n, el trabajo, la voz\u2013 se vuelve invisible. El valor de la mujer se reduce a su apariencia f\u00edsica, y desde el prejuicio se le niega cualquier posibilidad de integraci\u00f3n o aporte a la comunidad. En Venezuela, esta representaci\u00f3n tiene ra\u00edces profundas: los estudios de Luisa Elena Kislinger y Rosa y Zoila Amaya&nbsp;muestran c\u00f3mo la cultura nacional ha encuadrado hist\u00f3ricamente a las mujeres en estereotipos de apariencia f\u00edsica extrema, sensualidad o roles dom\u00e9sticos, incluso contraponiendo la figura de la \u00abbuena\u00bb a la de la \u00abmala madre\u00bb o la \u00abprostituta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El estigma se vuelve entonces una forma de violencia simb\u00f3lica y cotidiana. En redes sociales, en los barrios o en los lugares de trabajo, la mujer venezolana es asociada de manera directa con el trabajo sexual, y sobre ella se descargan insultos que combinan misoginia y xenofobia: \u00abveneca\u00bb, \u00abprostituta\u00bb, \u00abquita maridos\u00bb. Estas palabras, que circulan sin pudor, son el arma m\u00e1s visible de una discriminaci\u00f3n que atraviesa fronteras y clases sociales. En pa\u00edses como Colombia y Per\u00fa, que concentran la mayor cantidad de migrantes venezolanas \u2013m\u00e1s de 50% del total\u2013, esas expresiones se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Los peri\u00f3dicos y la m\u00fasica tambi\u00e9n las reproducen. El diario&nbsp;espa\u00f1ol&nbsp;<em>El Mundo<\/em>&nbsp;titul\u00f3 un&nbsp;art\u00edculo <em>La invasi\u00f3n de la venecas<\/em> &nbsp;mientras que en Per\u00fa se volvi\u00f3 popular una canci\u00f3n titulada <em>Las venecas<\/em>, que reproduce estos estereotipos. En el barrio Kennedy de Bogot\u00e1 llegaron incluso a aparecer carteles en la v\u00eda p\u00fablica&nbsp;con la consigna: \u00ab\u00a1Despierta! Estas venecas nos est\u00e1n matando. No des limosnas, comida ni ropa. No [les] arriendes ni [les] des trabajo. No seas c\u00f3mplice de sus cr\u00edmenes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas etiquetas dejan una marca profunda en las mujeres migrantes. La humillaci\u00f3n se convierte en desconfianza; la desconfianza, en aislamiento. As\u00ed, el estigma no solo hiere: rompe los lazos posibles, impide la integraci\u00f3n comunitaria y condena a muchas a vivir en los m\u00e1rgenes de las sociedades que las reciben.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La precariedad laboral y la barrera de la irregularidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La b\u00fasqueda de oportunidades choca de frente con la precariedad y la exclusi\u00f3n del mercado formal, lo que limita la autonom\u00eda y el proyecto de vida de las mujeres migrantes. La primera barrera es la falta de documentaci\u00f3n: pasaportes, visas, permisos que abran las puertas al empleo y a la estabilidad. Obtener un pasaporte en Venezuela no est\u00e1 al alcance de la mayor\u00eda. Su costo, que oscila entre 200 y 350 d\u00f3lares, supera con creces el ingreso mensual promedio \u2013muy por debajo de esa cifra, y aun menor en el caso de las mujeres\u2013. Esa sola dificultad empuja a miles hacia la irregularidad y el uso de v\u00edas informales, lo que reduce sus posibilidades desde el inicio del viaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A escala regional, el panorama es desigual.&nbsp;60% de las mujeres en edad productiva que declaran responsabilidades en el hogar (cuidado de personas\/ni\u00f1ez) no trabaja, a pesar&nbsp;de&nbsp;contar con mejor nivel educativo y de calificaci\u00f3n. En su lugar, la mayor\u00eda se dedica al trabajo de cuidados, una carga invisible que sostiene hogares pero las margina del desarrollo econ\u00f3mico. Entre las&nbsp; mujeres migrantes, esta din\u00e1mica se agrava: 40% est\u00e1 sobrecalificada para los empleos que desempe\u00f1a y 74% se concentra en&nbsp;sectores vinculados al cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El informe <em>Nuestro derecho a la Seguridad<\/em> &nbsp;refuerza ese diagn\u00f3stico. De las mujeres encuestadas \u201362% venezolanas\u2013, 47% estaban empleadas, pero 92% trabajaba en el sector informal. Las cargas familiares y las limitaciones de horario las mantienen atrapadas en empleos precarios, con bajos salarios y alto riesgo de explotaci\u00f3n laboral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los desaf\u00edos migratorios se suma la doble carga del cuidado. Muchas cr\u00edan solas a sus hijos e hijas, sin redes de apoyo y con enormes dificultades para incorporarlos al sistema educativo por falta de documentos o estatus regular. En pa\u00edses como Colombia, la imposibilidad de convalidar t\u00edtulos o regularizar la residencia las mantiene en un c\u00edrculo de empleos temporales, sin seguridad social ni derechos laborales. La necesidad de sobrevivir las ata a los trabajos m\u00e1s desprotegidos, y esa rutina de subsistencia agudiza a\u00fan m\u00e1s su exclusi\u00f3n personal, econ\u00f3mica y social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Rechazo a la maternidad migrante, dificultades de acceso al sistema de salud<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La discriminaci\u00f3n contra las mujeres migrantes embarazadas se sostiene en una narrativa que las presenta como oportunistas, como si buscaran obtener un beneficio legal o social a trav\u00e9s del nacimiento de sus hijos en el extranjero.&nbsp;En pa\u00edses como Colombia, que es el pa\u00eds que alberga la mayor poblaci\u00f3n venezolana, de la cual 51,8% son mujeres, y donde la nacionalidad no se adquiere autom\u00e1ticamente por nacimiento, esa percepci\u00f3n se refuerza con un discurso que las muestra como una carga para el Estado receptor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los ejemplos m\u00e1s notorios de esta estigmatizaci\u00f3n fue la columna de opini\u00f3n publicada en 2018 por la periodista Claudia Palacios, titulada <em>Paren de parir<\/em> . En ese texto, Palacios no solo cuestionaba que las mujeres venezolanas acudieran a hospitales colombianos, sino que las calificaba de \u00abreproductoras irresponsables\u00bb. Sosten\u00eda que deb\u00edan \u00abdejar de tener hijos\u00bb, justificando su argumento en la supuesta incapacidad del Estado colombiano para asumir los costos de sus embarazos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este tipo de narrativa period\u00edstica alimenta la estigmatizaci\u00f3n de la maternidad migrante y refuerza la idea de que la poblaci\u00f3n venezolana es una carga para los Estados de acogida. Al hacerlo, legitima la exclusi\u00f3n y erosiona el derecho fundamental a la salud, lo que perpet\u00faa una forma de violencia institucional que recae directamente sobre las madres migrantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La irregularidad migratoria convierte el acceso a la salud sexual y reproductiva (SSR) en un riesgo sist\u00e9mico. Aleja a las mujeres de los controles y seguimientos esenciales, y transforma lo que deber\u00eda ser un espacio de protecci\u00f3n en una posible fuente de violencia institucional. La serie&nbsp;<em>Valientes&nbsp;<\/em>del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) lo muestra con precisi\u00f3n: en el video&nbsp;<em>La espera<\/em>, el miedo de las mujeres a ser excluidas del sistema o reportadas por su condici\u00f3n migratoria vuelve el derecho a la salud reproductiva un privilegio condicionado, un derecho que se ejerce con temor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En algunos casos, ese temor se paga con la vida.&nbsp;El caso de Diana Alem\u00e1n, una mujer venezolana que muri\u00f3 en un hospital de Lima, es el ejemplo m\u00e1s tr\u00e1gico. Intent\u00f3 huir tras ser amenazada con una denuncia por presentar un aborto incompleto y cay\u00f3 desde una altura mortal. Su muerte evidenci\u00f3 que la atenci\u00f3n m\u00e9dica, en lugar de amparar, puede convertirse en castigo: una mezcla de violencia obst\u00e9trica y criminalizaci\u00f3n del estatus migratorio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, la falta de acceso legal a la salud no solo afecta la salud sexual y reproductiva: pone en riesgo la vida misma. En el tr\u00e1nsito o en el destino, ser mujer y ser migrante irregular significa vivir bajo una doble condena, e incluso la b\u00fasqueda de atenci\u00f3n m\u00e9dica puede acabar en una nueva forma de violencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El flujo inverso y nuevas rutas de riesgo: el Dari\u00e9n de ida y vuelta<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las pol\u00edticas restrictivas aplicadas en los \u00faltimos a\u00f1os por Panam\u00e1 \u2013con el cierre de estaciones de recepci\u00f3n migratoria\u2013 y por Estados Unidos \u2013con los vetos migratorios\u2013 redujeron dr\u00e1sticamente el flujo hacia el norte. El paso por el Tap\u00f3n del Dari\u00e9n cay\u00f3 98%, seg\u00fan datos del&nbsp;ACNUR. Pero el descenso no trajo alivio: dio origen a un nuevo fen\u00f3meno conocido como \u00abflujo inverso\u00bb, un movimiento de retorno forzado desde el norte hacia el sur, en el que Colombia se ha convertido en uno de los principales destinos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante el primer semestre de 2025,&nbsp;<em>Migraci\u00f3n Colombia<\/em>, organismo del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese pa\u00eds, registr\u00f3 12.347 extranjeros en este flujo irregular por v\u00eda mar\u00edtima. 99% eran de nacionalidad venezolana, 25,4% mujeres y 18,1% ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes. Las rutas m\u00e1s utilizadas son dos: la del Caribe, que conecta Col\u00f3n (Panam\u00e1) con Capurgan\u00e1 (Colombia), y la del Pac\u00edfico Norte, que va de Panam\u00e1 a Jurad\u00f3 o Bah\u00eda Solano (Colombia), una traves\u00eda especialmente peligrosa por el fuerte oleaje y la ausencia de v\u00edas terrestres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El informe conjunto&nbsp;de la Defensor\u00eda del Pueblo de Colombia, Panam\u00e1 y Costa Rica advierte sobre el desgaste extremo de esta poblaci\u00f3n migrante. 86,8% de quienes regresan afirma haber cruzado previamente el Dari\u00e9n rumbo a Estados Unidos. En el retorno, la vulnerabilidad se profundiza: las mujeres enfrentan nuevas formas de violencia, desde viajes en embarcaciones no aptas y sobrecargadas hasta abusos f\u00edsicos, extorsiones y desapariciones forzadas, perpetradas tanto por grupos criminales como por organismos migratorios. A todo ello se suma la ausencia institucional de los Estados de tr\u00e1nsito, cuya falta de presencia y de respuesta condena a las mujeres a revivir el ciclo de desprotecci\u00f3n e impunidad del que intentaron escapar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El dilema del desgaste y el retorno incierto<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para muchos migrantes, el retorno no significa un final, sino una pausa incierta. Algunos intentan reinstalarse en ciudades intermedias, como Medell\u00edn; otros regresan a Venezuela con la esperanza de \u00abestabilizarse\u00bb y volver a emigrar m\u00e1s adelante, pero lo que encuentran al volver es un pa\u00eds que sigue sumido en una emergencia compleja, con un&nbsp;espacio c\u00edvico reducido&nbsp;y redes de apoyo debilitadas \u2013ONG, organizaciones feministas, familiares y comunidades\u2013 con muy pocas capacidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para las mujeres, esta movilidad forzada implica una doble carga y una espiral de riesgo. Muchas lo hacen en condici\u00f3n irregular y siendo las \u00fanicas responsables de hijos o personas a su cuidado. Cada decisi\u00f3n \u2013quedarse, volver o continuar el viaje\u2013 repercute sobre los suyos. Esa presi\u00f3n las obliga, con frecuencia, a aceptar condiciones de precariedad extrema, poniendo en riesgo su seguridad y su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los peligros del retorno se suman los de los pa\u00edses de tr\u00e1nsito. En M\u00e9xico, las rutas entre Nuevo M\u00e9xico y Texas est\u00e1n consideradas entre las m\u00e1s peligrosas del mundo: registran el&nbsp;mayor n\u00famero de muertes y desapariciones. En Colombia, las migrantes enfrentan adem\u00e1s las consecuencias de la crisis de desplazamientos internos, marcada por la violencia armada y, en algunos casos, agravada por el cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El impacto del recorte de ayuda humanitaria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la crisis del desplazamiento se suma un nuevo golpe: el debilitamiento de la atenci\u00f3n humanitaria debido al recorte del apoyo financiero internacional. La Orden Ejecutiva de Reevaluaci\u00f3n y Reorientaci\u00f3n de la ayuda Exterior de Estados Unidos, emitida a comienzos de 2025 por el gobierno de Trump, aunque no se enfocaba de manera directa en la pol\u00edtica migratoria, tuvo un impacto inmediato sobre las ayudas destinadas a la atenci\u00f3n en fronteras y a los programas de protecci\u00f3n para mujeres en riesgo de violencia basada en g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Investigaciones de organizaciones como&nbsp;la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos&nbsp;(WOLA, por sus siglas en ingl\u00e9s)&nbsp;y el&nbsp;Consejo Internacional de Agencias Voluntarias&nbsp;(ICVA, por sus siglas en ingl\u00e9s) revelan un deterioro estructural de la capacidad de respuesta humanitaria en la regi\u00f3n. Los recortes provocaron la suspensi\u00f3n de programas, la reducci\u00f3n de personal y la p\u00e9rdida de cobertura en numerosas organizaciones, especialmente entre aquellas de alcance nacional y local, que eran las m\u00e1s cercanas a las comunidades desplazadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El balance del primer semestre del a\u00f1o, seg\u00fan estas fuentes, es preocupante. Programas esenciales para la atenci\u00f3n de la poblaci\u00f3n venezolana \u2013como la Operaci\u00f3n Acogida en Brasil, la Comisi\u00f3n Mexicana de Ayuda a Refugiados, los centros Int\u00e9grate en Colombia y las oficinas de movilidad segura\u2013 han visto suspendidas sus actividades o enfrentan incertidumbre sobre su continuidad. Esta par\u00e1lisis afecta directamente la capacidad de asistencia a las personas m\u00e1s vulnerables, en un momento en que la regi\u00f3n, marcada por las nuevas restricciones migratorias de Estados Unidos y por la inestabilidad sociopol\u00edtica interna, vive un escenario in\u00e9dito: los pa\u00edses que antes eran solo receptores de migrantes se han convertido, al mismo tiempo, en emisores, receptores y territorios de tr\u00e1nsito.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfQu\u00e9 tenemos hasta el momento?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El balance es claro: las mujeres migrantes venezolanas enfrentan un alto riesgo y una vulnerabilidad estructural en todas las etapas de su desplazamiento. El \u00e9xodo masivo, visible desde 2015-2016, se produce en un contexto de emergencia humanitaria compleja, y m\u00e1s de la mitad de quienes lo protagonizan son mujeres. La mayor\u00eda viaja con responsabilidades familiares, incluso cuando lo hacen solas. Son, en muchos casos, jefas de hogares monoparentales, y esa doble carga \u2013sostener a sus familias y reconstruir una vida en el extranjero\u2013 las empuja hacia empleos precarios, mal remunerados y altamente expuestos a la explotaci\u00f3n laboral o sexual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las violencias que las atraviesan no pueden entenderse de manera aislada. Son violencias interconectadas que se manifiestan en distintas formas y momentos del recorrido migratorio. En la ruta, la violencia directa adopta rostros m\u00faltiples: agresiones sexuales, acoso, robos, extorsi\u00f3n y otras formas de abuso que se repiten con frecuencia alarmante. En los pa\u00edses de destino, la violencia silenciosa y simb\u00f3lica se expresa en la xenofobia, la humillaci\u00f3n y la discriminaci\u00f3n cotidiana, que erosionan su salud mental y refuerzan el aislamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A todo ello se suma la trata de personas, una amenaza constante que persigue a mujeres y ni\u00f1as venezolanas desde el origen hasta los principales destinos migratorios. Las redes criminales se alimentan de la precariedad y del desconocimiento, aprovechando la falta de informaci\u00f3n y la ausencia de mecanismos de protecci\u00f3n eficaces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Buena parte de estas violencias permanece invisibilizada y normalizada, tanto por la emergencia misma como por la falta de capacitaci\u00f3n del personal de atenci\u00f3n migratoria. As\u00ed, los abusos se diluyen entre las estad\u00edsticas, y el impacto real sobre una poblaci\u00f3n con necesidades espec\u00edficas sigue sin ser plenamente reconocido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la mayor\u00eda de los pa\u00edses receptores, la respuesta a la migraci\u00f3n venezolana se ha ido cerrando poco a poco, hasta volverse un laberinto de restricciones. Lo que comenz\u00f3 como una pol\u00edtica de acogida deriv\u00f3, con el paso de los a\u00f1os y los cambios de gobierno, en trabas burocr\u00e1ticas, permisos imposibles y pol\u00edticas temporales que dejan a millones en el limbo. En Colombia, el pa\u00eds que alberga m\u00e1s migrantes venezolanos, no hay visas ni controles formales de ingreso, pero s\u00ed un retroceso silencioso: miles de personas \u2013m\u00e1s de la mitad, mujeres\u2013 viven hoy al borde de la&nbsp; deportaci\u00f3n o la irregularidad migratoria, atrapadas entre la falta de respuestas institucionales y la ausencia de pol\u00edticas sostenibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras los Estados afinan sus estrategias para limitar el flujo migratorio, poco se discute sobre el costo humano de esas decisiones. La irregularidad que producen sus propias medidas se convierte en el verdadero problema de seguridad. A la falta de articulaci\u00f3n regional se suman el abandono de las zonas fronterizas y el avance de redes criminales que hacen de esa desprotecci\u00f3n su negocio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La situaci\u00f3n se complica con las tensiones pol\u00edticas y sociales que atraviesan pa\u00edses como Colombia, Per\u00fa y Ecuador, y con las nuevas restricciones impuestas en Centroam\u00e9rica y Estados Unidos. El resultado es una migraci\u00f3n que se reconfigura: rutas que antes apuntaban al norte giran hacia el sur, hacia Brasil, o se extienden hasta Europa, especialmente Espa\u00f1a. Cada cierre de frontera empuja a miles a buscar un atajo, y cada atajo m\u00e1s las expone.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Necesidad de respuestas con enfoque de g\u00e9nero y cooperaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Frente a esta espiral, urge un cambio de enfoque. La respuesta regional debe ir m\u00e1s all\u00e1 de la contenci\u00f3n o el diagn\u00f3stico: necesita una visi\u00f3n de cooperaci\u00f3n y de g\u00e9nero que reconozca que m\u00e1s de la mitad de las personas en movimiento son mujeres. Su presencia no es marginal, es estructural; y sus necesidades \u2013de protecci\u00f3n, salud, trabajo y autonom\u00eda\u2013 no pueden seguir trat\u00e1ndose como excepciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las articulaciones entre la sociedad civil, los Estados y las organizaciones internacionales deben transformarse en un compromiso pol\u00edtico real. La ayuda humanitaria tiene que llegar donde m\u00e1s se necesita, con presencia territorial, recursos sostenidos y pol\u00edticas pensadas para las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n es urgente que los pa\u00edses de destino abran las puertas de la inclusi\u00f3n laboral y educativa. Reconocer t\u00edtulos, validar competencias, garantizar derechos: cada paso en ese sentido no solo mejora la vida de las migrantes, sino tambi\u00e9n la de sus familias en los pa\u00edses de origen. Y los controles fronterizos, en lugar de castigar la movilidad, deber\u00edan servir para desmantelar las redes criminales que trafican con ella. Fortalecer la presencia estatal en los municipios m\u00e1s empobrecidos \u2013en Colombia, Panam\u00e1 o M\u00e9xico\u2013 no significa cerrar fronteras, sino abrir caminos seguros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque detr\u00e1s de cada cifra, de cada ruta y de cada frontera, hay una historia de resiliencia y resistencia. Mujeres que migran con lo que pueden, sosteniendo hogares enteros y desafiando un sistema que las empuja a la invisibilidad. Reconocerlas no es solo una cuesti\u00f3n de justicia: es la condici\u00f3n m\u00ednima para que ese \u00e9xodo deje de ser, por fin, un \u00e9xodo invisible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Publicado originalmente en la revista&nbsp; <a href=\"https:\/\/nuso.org\/articulo\/cuando-migrar-es-sobrevivir-la-doble-vulnerabilidad-de-las-mujeres-venezolanas\/\"><em>Nueva Sociedad<\/em><\/a>, 29 de diciembre de 2025 y&nbsp; reproducido en &nbsp;<a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?cat=14037\">Mujeres<\/a>,&nbsp;<a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?cat=17923\">Venezuela<\/a> <a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?tag=america-latina\">Am\u00e9rica ,Latina<\/a> <a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?tag=migrantes\">migrantes<\/a> <a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?tag=mujeres\">mujeres<\/a> <a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?tag=presas-politicas\">presas pol\u00edticas<\/a> <a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?tag=violencia-sexual\">violencia sexual<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un an\u00e1lisis de c\u00f3mo y porque las venezolanas, 4 millos, migran&nbsp; desde hace una d\u00e9cada Sufren vulnerabilidades paralelas en su tr\u00e1nsito y su raz\u00f3n para huir: la crisis econ\u00f3mica, social, cultural y de prensa en el r\u00e9gimen chavista&nbsp; &nbsp;Claudia Vargas SemM\u00e9xico\/Nueva Sociedad, Cd. de M\u00e9xico, 5 de enero, 2026.- El desplazamiento masivo de venezolanas, que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":101603,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"footnotes":""},"categories":[897],"tags":[],"class_list":["post-101602","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-especial"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/101602","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=101602"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/101602\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/101603"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=101602"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=101602"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redsemlac.com\/semmexico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=101602"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}